miércoles, 31 de diciembre de 2008

Propósitos de Año Nuevo

  1. Apuntarme a un gimnasio (por enésima vez).
  2. Estudiar todos los días.
  3. No hacer chistes ni bromas macabras, intentando atemperar mi humor negro.
  4. No ser un arrastrado emocional (también por enésima vez).
  5. Acordarme de todas las fechas de cumpleaños de mis amigos y parientes.
  6. Dejar el alcohol de una vez por todas y para siempre.
  7. Fijarme en las pelirrojas y pasar de rubias y morenas. Si estas también fallan, pasarme a las que no tienen pelo.
  8. Comprarme otros vaqueros y zapatillas (que yo siempre llamé tennis, con asco, para qué negarlo).
  9. Viajar más, si puedo.
  10. Tocar el piano todos los días para que no se me oxiden los dedos (no hagáis chistes fáciles).
  11. Darle menos vueltas a la cabeza y preocuparme menos por asuntos que no están en mi mano.
  12. Empezar a escribir los TADs.
  13. Leer más sobre arte y menos literatura.
  14. Leer más literatura contemporánea (qué contradicción).
  15. Contradecirme menos.
  16. Comerme de una vez por todas ese maldito churrasco con el Parga y el Prado.
  17. Ir más al Meia.
  18. Resistir un jueves hasta las 8 de la mañana con von Meilán, la tulli y el armiño, o por lo menos aguantar más de 10 minutos en el Maycar.
  19. No esperar a escribir los trabajos el día antes de entregarlos.
  20. Ser una buenísima persona, en general. Como no va a ser posible, ser una buenísima persona, en sargento.
  21. [Extra] Dejar de hacer chistes malos con juegos de palabras.

Y, se sobreentiende que va un ¡FELIZ AÑO! a todos los que se pasen por estos lares.

martes, 30 de diciembre de 2008

El que esté libre de pecado...

No me gustan las religiones porque creo que se basan en un hedonismo exagerado. Cualquiera de ellas, no sólo la cristiana: la persona religiosa está convencida de ser mejor que el resto porque se cree portadora de la verdad absoluta. Un ser religioso cree a ciegas y no duda, y si lo hace es para salir con una fe reforzada e inquebrantable.
No me gustan porque asumir una posición moral y ética por encima del resto del mundo me parece absurdo y peligroso, y porque matar en nombre de algo inmaterial, sin esencia ni potencia, me parece idiota.
No quiero ser demagógico ni hablar a favor de una y en contra de otras, sino que cada una ha tenido su particular modus operandi y ha cumplido su función con mayor o menor fortuna. No voy a decir que todo lo relacionado con la religión sea malo: normalmente los principios fundamentales son realmente encomiables, como el amor fraterno cristiano, la iluminación budista o el pacifismo hinduísta. Todo eso está muy bien, pero la carga dogmática de alrededor sobra, y cualquiera con dos dedos de frente puede llegar a esas conclusiones sin tener que creer en la inmaculada concepción, la reencarnación de los lamas ni los brazos de Shiva.
Esas pequeñas diferencias que constituyen la esencia de la religión -porque curiosamente los mitos cosmológicos, los fines espirituales y los ritos muchas veces coinciden sospechosamente- esas pequeñas diferencias, decía, son las que causan asperezas y provocan conflictos.
No creo en mitos que nos ayuden a comprender el mundo, ni tengo la necesidad de buscar explicaciones enrevesadas a cuestiones que no tienen respuesta. No necesito el perdón de nadie simplemente por nacer, ni creer en un señor que nace de una virgen fecundada por una paloma y que resucita -el parecido con algunas historias de súper héroes no es baladí- y tampoco creo que un señor mayor que se ha pasado la vida entre libros de teología y diciendo misa sea más bueno que yo.
El problema de todas estas religiones es que necesitan revestirse de una capa extraña y contraria a todo sentido común, una necesidad de librarse de la ignorancia del ser humano a toda costa, aunque sea buscando explicaciones tan válidas como los extraterrestres o la generación espontánea. Quizás porque el ser humano es el único consciente de que no sabe -mirad lo que son las cosas, al final volvemos al "sólo sé que no sé nada"- y eso le jode.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Cuestión de Estética.

Lo de la Estética va con mayúsculas porque no me refiero a lo del maquillaje y la peluquería. Al menos no en el sentido que la mayoría le puede dar, porque cuando el año pasado tenía Ideas Estéticas II la gente me preguntaba si eso iba de pintarnos la raya del ojo y saber combinar lápices de labios con sombra de ojos.
El motivo de esta entrada es una provocación al establishment que tuve el honor -y el placer- de protagonizar el día de Navidad. El día 24 fui por primera vez a la misa del gallo en la catedral de León. Uno, que a estas alturas de la vida todavía es un iluso, esperaba encontrarse con un aparato litúrgico del copón, con el obispo y un montón de curas todos engalanados para celebrar el nacimiento del hijo de Dios. Esperaba ver el altar mayor reluciendo con velas y la música del órgano atronando en la nave, con los cristales de esas maravillosas vidrieras temblando.
Pero no. Resulta que la misa fue en la capilla de Santiago, sin obispo y sin despliegue litúrgico, con un pequeño órgano y cinco curas. Lo peor, vamos. Y esto lo comentaba yo al día siguiente en la comida de Navidad, ante mi padre y una prima suya, que se lo tomaban a coña y me llamaban retrógrado por defender la misa en latín y toda la pompa y el boato de antes.
Tengo que explicar que lo de la misa en latín y la parafernalia lo defiendo por simple gusto estético. El dogma y la doctrina me dan mucho por saco, y todo eso del amor cristiano y la defensa de la familia que tanto gusta a Rouco y a nuestra Conferencia Episcopal me es absolutamente ajeno. Igual que las opiniones de la Santa Iglesia de Roma sobre el aborto, por un oído me entran y por otro me salen.
Yo dije que el Concilio Vaticano II hizo mucho daño, no en el plano dogmático que ahí cada cual se las entienda, pero sí en el asunto de los ritos. Se reían cuando yo decía que antes no había monjas con guitarras cantando "Alabaré, alabaré", y lo mismo cuando hablaba de la Almudena y las pinturitas de Kiko Argüello. Símbolos de mal gusto que según ellos carecen de importancia porque según su parecer, la Iglesia tiene que modernizarse.
Yo creo que no. Que es imposible modernizar una institución que se basa en unos textos con 2000 años y cuyo momento fundacional lo constituye una paloma fecundando a una virgen, ante la mirada extraña y altamente sintomática de un San José que tendría un lógico recelo por las aves el resto de sus días.
Intentar modernizar algo así es inútil, porque la base es la misma y lo único que se hace es un lavado de imagen, que en este caso no va a mejor. Que vayan al Vaticano y entren en la Capilla Sixtina, o que escuchen una misa de Palestrina; que cojan un códice medieval y vean la calidad de las miniaturas y el gusto exquisito del copista, que se sientan subyugados bajo el baldaquino de Bernini o ante la tumba de Alejandro VI.
Ahora que cambien todo eso por la monja de turno con la sempiterna guitarra, por un corillo de jóvenes fieles del Opus Dei cantando "Juan Pablo II te quiere todo el mundo", las pinturas de Miguel Ángel y Rafael por los murales de Kiko y la arquitectura de Bramante por la de Chueca Goitia. Al final es triste pensar que en una simple cuestión de imagen la Iglesia ha caído en picado -también en pecado- para convertir sus nuevas catedrales den refugios de la estética kitsch más cutre, dignas de ser escenarios de una película de Almodóvar.
Y lo que es peor, se celebra con mayor pompa y solemnidad el cumpleaños del hermano del papa que el nacimiento del hijo de Dios hecho hombre. Vivir para ver.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Sangre vienesa, bombones y el Danubio azul.

El concierto de Año Nuevo es una horterada, pero a mí me gusta. Soy así, y aunque muchas veces hablo de buen gusto y ese tipo de banalidades que hacen la vida más llevadera, lo de los vieneses -cada vez más, japoneses- me llena de orgullo y satisfacción.
Me gustan las tradiciones, eso no es ninguna novedad. Y me gusta la música casi por encima de cualquier cosa -Pilar Rubio no cuenta- así que lo de que unos señores se reúnan todos los años, el primer día de enero, para celebrar un año más con música de los Strauss y toda la vaina, me parece de lo más encomiable.
Por otra parte, Viena tiene un punto que no llega a hortera. Mi amigo Carlos lo dice siempre: es ese grado de "horteridad" que un paso más allá ya sería americano. Sin embargo, con todo el rosa, las velas, las flores de Pascua y la Sala dorada reluciendo como un relicario, las bailarinas de ballet en los jardines del Hofburg o en el gran salón de Schönbrunn... todo ello es necesario para que se desate la magia.
Cualquiera puede disfrutar de la música, que es el lenguaje más universal del mundo. Cualquiera puede admirar los gestos de un director - Carlitos Kleiber, allá dónde estés, recibe mi más sincera ovación- y dejarse llevar por la suave cadencia de un vals.
En nochevieja intentaré no pasarme con el champan para poder levantarme a ver el concierto. Y si alguien que lee esto, por una casualidad de la vida, nunca ha tenido esa experiencia, le aconsejo encarecidamente que haga el esfuerzo y salga de la cama para ver este año a Baremboim dirigiendo el Danubio azul y la Marcha Radetzky.
Me lo agradecerán.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Cumpleaños de La Voz.

Estamos celebrando con retraso el cumpleaños de Ol'Blue Eyes, La Voz. El viejo Sinatra, que hace 93 años nacía en Hoboken, NY. Me perdonaréis el postureo y toda la pedantería que se pueda presuponer al celebrar este tipo de eventos, como cuando en Santiago nos juntamos para celebrar el nacimiento de Bach (21 de marzo) o el de Mozart (27 de enero), pero creo que en la Historia de la Música hay fechas clave, y Frank se ha ganado a pulso estar entre los más grandes.
Hay voces y voces. La ópera es un mundo aparte, donde el sentimiento se mezcla con un punto de admiración intelectual que en cierto modo contamina la esencia de la música. Lo que Nietzsche había condenado del arte wagneriano, digamos. Es auténtico en muchos casos (Rossini, Mozart...) pero en otros muchos resulta falso. Con Sinatra no sucede lo mismo. Es una voz que te coge por los bajos y te obliga a escuchar, que transmite más allá de la historia o del contexto, que no necesita un teatro para resonar ni un atrezzo que le sirva de apoyo.
Son letras mucho más directas, como las de Ella Fitzgerald -junto con Frank probablemente una de las voces más importantes del siglo XX- que te subyugan y te sacan lo más profundo de lo que llevas dentro. Como decía Chris Noth en un capítulo de Sex and the city cuando Sarah Jessica Parker le preguntaba si había llorado por ella:
-No, pero he escuchado mucho a Sinatra.

Feliz cumpleaños, Frank, aunque sea con retraso y dónde quiera que estés. Bien sabe Dios que me he bebido un Jack Daniel's a tu salud, y que tengo más que agradecerte que a ningún otro cantante.
Fucking awesome Ol' Blue Eyes!

viernes, 19 de diciembre de 2008

¡Vacaciones!

Sonará ridículo, pero las necesitaba. Digo que es ridículo porque con tres asignaturas ya me contaréis de qué puedo estar cansado, pero últimamente Santiago ya no es lo que era. Es cierto que me muevo en círculos nuevos -el señor von Meilán, la armiño y la tulli darán buena cuenta de ello- y que hasta me atrevo a beber esa horrorosa mezcla de vino con Coca-Cola que había jurado no probar en mi vida. Vivir para ver.
Ahora vienen un par de semanas tranquilas, viendo a los amigos del pueblo y de comida en comida y de cena en cena, ideal para arruinar todo propósito saludable y que hará que un año más sonría con cinismo cuando escriba mis propósitos de año nuevo, encabezando la lista con el típico "apuntarme a un gimnasio", seguido por el "estudiar al día" y acabando con otros impúdicos que no se pueden hacer públicos -observad sutil juego de palabras-.
En líneas generales, y aunque todavía falta un poco para terminar el año, creo que el balance es positivo. Los viajes de siempre, los amigos de siempre y algunos nuevos, la carrera que parece interminable pero a la que le quedan 4 telediarios... En fin, a ver qué nos deparan estos 12 días que le quedan al 2008, que muy malos tendrían que ser para nublarme el juicio y el buen sabor de boca -tan bueno como se puede tener después de una cena de clase y la consabida resaca-.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Bienvenue au Cirque du Soleil!

Es raro que no haya escrito nada sobre el Circo. Hace tiempo, cuando oía hablar a Iago y a Carlos del Circo del Sol (Cirque de ahora en adelante) me daba la risa porque parecía más una religión que un entretenimiento. Ahora, yo mismo me he convertido en fan -hay qué ver a dónde llegamos- y cuando podemos nos hacemos un viaje para ver algún espectáculo por el mundo adelante.
El sábado estuvimos viendo Varekai en Madrid. El Cirque es una experiencia diferente a lo que estamos acostumbrados. No hay leones ni elefantes, no hay tías que te cortan la entrada y luego se suben al trapecio, después se ponen una bata y venden palomitas. El Cirque es un espectáculo que combina acrobacias y teatro, con una puesta en escena espectacular y la música en directo, la iluminación estudiada y una tecnología puntera. Lo mejor de lo mejor y recomendable para niños, abuelos y adultos -recordaré siempre cómo mi padre, escéptico, abría la boca la primera vez que vimos Alegría-.
Es un comentario corto, pero tampoco tengo mucho tiempo y sólo quería dejar constancia del evento. Si alguien tiene la oportunidad de ir, que no se lo pierda porque merece mucho la pena. Y si tiene la suerte de ver a unos españoles como los Rampín haciendo su número, sencillamente tendrá una experiencia inolvidable.
C'est tout!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido...

El amigo Sabina, de quien hasta hace poco yo sólo sabía que le había pegado duro a la pálida dama, como dice él, y que me debía por lo menos 15 euros después del aborto de concierto que hicieron el año pasado en Santiago, sabe mucho.
No es por ir de guay -yo es que no soporto a los guays, eso ya lo sabéis- pero a veces a uno le hace más compañía una canción que estar rodeado de gente. Ayer me tocó la fibra, aquí el Joaquinito, cuando después de salir de juerga un rato con mis amiguetes (von Meilán, el armiño y la tulli) decidí retirarme. Creo que fue Napoleón el que dijo que una retirada a tiempo es una victoria, y en mi caso estoy de acuerdo.
Decía todo esto porque ayer, aunque bebimos moderadamente, a mí no me hizo efecto. Hay días que pasan estas cosas, y otros con un par de vinos ya noto como el mundo da vueltas, pero ayer nada. Ni después de las tazas del 46, ni después de la cerveza del Abellá ni de las tazas del Orense. Bien mirado, tampoco bebimos tanto.
El caso es que estaba yo en mi casita mientras los otros 3 sujetos se dirigían al Bar-Tolo, pensando en la letra de Nº7, Calle Melancolía, y así estuve un buen rato hasta que me fui a la cama -a dormir hasta que vinieron a rondarme bajo la ventana- intentando conciliar el sueño sin pensar demasiado, que como Don Quijote, uno puede perder el sentido de pasar los días leyendo de claro en claro y las noches de turbio en turbio.
De todos modos, aunque cuando me vinieron a timbrar hubo un momento en el que me dieron ganas de vestirme y bajar a seguir la farra, estoy ligeramente -sólo ligeramente, que más es pecado- orgulloso de haberme contenido y de no bajar para seguir bebiendo y acabar haciendo el ridículo persiguiendo Princesas -noten el delicado y sutil juego de palabras, eh- como habría sido habitual.
A un yonqui para desengancharlo lo encierran y le quitan la droga. Me pregunto si no irá siendo hora de que un servidor haga su particular terapia, e intente cortar de raíz con sus fantasmas.
Aunque duela.

domingo, 30 de noviembre de 2008

A Manolo Paz (Soneto).

A un escultor que con malicia,
cincel y mazo piedras descalabra,
quisiera dedicar tales palabras,
por ser orgullo y joya de Galicia.
Artista más dudoso que certero,
y digo con prudencia aqueste dicho,
esperará impaciente de arte el nicho
del que del arte fue burlón artero.
Si el valor del arte fuese en suerte
verdad absoluta y justiciera,
sería tu sentencia pena fuerte:
condenado por el rey a una galera,
sintiendo la llegada de la muerte,
Manolo, más que paz, mereces guerra.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Ron, ron, ron... la botella de ron.

Ayer salí con mis amigas de la facultad. Fuimos a ver una película, a tomar unos vinos y unos cortos, y después quedé con Jorge. Estuvimos en el Tarasca, lugar recurrente en estos últimos tiempos, pero sin los resabios amargos que tuvo en su momento ya que la compañía tampoco era la misma.
Durante un rato estuvimos con gente de la facultad, compañeros de piso -sobre todo compañeras- y cuando todo el mundo se fue y nos quedamos solos el señor von Meilán y yo, nos unimos subrepticiamente a un grupito de tres chicas que estaban solas, aguantando a un pesado al que yo bauticé con evidente malicia como Frodo.
El caso es que yo siempre he sido mucho más de morenas que de rubias, pero lo que es la vida, el jueves a mí me gustaba la rubia del grupo. Eran de Bilbao, mayores -con ese encanto que sólo da la proximidad a los 30 y la elegancia innata de una buena educación- y además resulta que eran interesantes. Nosotros no tanto, porque cuando cerraron el Tarasca estuvimos un buen rato hablando -yo riéndome de Frodo en sus narices- y al final ellas se fueron a la cama. A dormir, las muy aburridas. Fueron infelxibles pese a nuestros muchos encantos y plegarias, y las tres -Iosune, Ana y Teresa- se perdieron por la Calle San Pedro después de repartir besos que prometían más de lo que hubo.
Nosotros, los machos alfa del grupo, nos fuimos al Maycar, lugar infecto al que juro solemnemente no volver a entrar, aunque un día en que el alcohol haga sus efectos probablemente acabaré cayendo. Experiencia terrorífica para mí, un antro lleno de gente, con la música a tope y en el que después de pagar entrada -la primera vez en mi vida, en 6 años de universidad que llevo a mis espaldas- tienes derecho a una Mahou que, evidentemente, fui incapaz de beber.
El caso es que pensaba en cómo a veces uno tiene la necesidad de salir de marcha y hablar con alguna mujer, aunque sólo sea para curarse en salud y subirse un poco el ego. Funcionó, tanto que mi autoestima casi pasa de los números negativos para llegar hasta el cero. Pero eso no sé si fue labor de Ana, de mis bromas, o por simple comparación con Frodo.
¿Quién sabe?

domingo, 23 de noviembre de 2008

Relajándonos.

Después de la intensidad de los últimos días necesito escribir sobre algo trivial, absurdo y a ser posible divertido. Temas como política, religión, aborto, educación y economía no están para hacer demasiadas gracias, y la verdad, hoy no tengo la vena reivindicativa demasiado hinchada. Aunque, para ser sinceros, tampoco me apetece hablar de nada en concreto, así que para que la gente se eche unas risas -a falta de publicar mi autobiografía, que podría dar para muchas- voy a poner unas cuantas frases de Groucho Marx, maestro del humor donde los haya.
Para mí Groucho es un antecedente claro del humor de Woody Allen, al que algún día dedicaré su oportuno espacio. Las películas de los hermanos Marx tienen algo genial que las pone al mismo nivel que aquellas de Buster Keaton o Charlie Chaplin. No hay en ellas esos arriesgados números físicos, ni las peleas de tartas tan típicas de los filmes de Sennett, pero hay algo genial y único: lenguaje. La aparición del sonoro hizo que los guionistas se aplicaran en la elaboración de diálogos como en el teatro, pero el cine les daba la opción de revestir la farsa de un aparente realismo.
En fin, sin más divagaciones, les dejo con Groucho.

-Jamás pertenecería a un club que admitiera a alguien como yo.
-Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.
-Nunca olvido una cara, pero en su caso haré gustoso una excepción.
-Fuera del perro, el mejor amigo de un hombre es un libro. Y de todas formas, dentro del perro probablemente esté demasiado oscuro para leer.
-¿Por qué debería preocuparme por la posteridad?¿Qué ha hecho la posteridad por mí?
-He pasado una noche estupenda. Pero no ha sido esta.
-Debo confesar que nací a una edad muy temprana.
-Partiendo de la nada alcancé las más altas cimas de la miseria.
-Bebo para hacer interesantes a las demás personas.
-El secreto del éxito es la honestidad. Si sabes evitarla, está hecho.
-Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Y detrás de ella está su esposa.
-Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco demasiado bien.
-¿Quiere usted casarse conmigo?¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta.
-Hijo mío, la felicidad está hecha de las pequeñas cosas: una pequeña fortuna, una pequeña mansión, un pequeño yate...
-¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero, pero cuestan tanto...!
-Cualquiera que diga que puede ver a través de las mujeres se está perdiendo un montón de cosas.
-El matrimonio es la principal causa del divorcio.

Y por último:
-Citadme diciendo que me han citado mal.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Errare humanum est.

Todos nos equivocamos alguna vez, incluso lo más listos, los más guapos y los más mejores. Yo, que no pertenezco a ninguna de esas categorías, suelo equivocarme más.
Pensaba que ayer había cometido un error -un error funesto y terrible- pero en realidad, a la luz de hoy, creo que me saqué de dentro mucha mierda que llevaba demasiado tiempo incrustada. El poder decir "te quiero", o más bien "te quise", supuso una liberación. Claro que tiene su contrapartida, porque yo creí que eso era evidente, y lo curioso es que la chica se sorprendió realmente.
Hablamos como acabamos haciéndolo siempre, borrachos, pero no tanto como para no acordarme. Y aunque sí, estaba bebido, la cosa no fue un monólogo, y ella me lo acabó sacando con sacacorchos, con la persuasión que sólo tiene una sonrisa prometedora y unos ojos en los que se podía ver el pasado de cada uno.
Ayer se lo dije porque me preguntó, porque creo que ya era hora de poner las cartas sobre la mesa y dejarnos de rodeos estúpidos, y porque creo que lo de hacer borrón y cuenta nueva es necesario.
Me di cuenta de estas cosas ahora, mientras venía conduciendo y Sabina cantaba aquello de la Calle Melancolía; me di cuenta porque a nosotros también nos dieron las 10 y las 11 y las 12 y la 1 y las 2 y las 3; me di cuenta cuando escuchaba Princesa, que parece escrita a propósito para la ocasión, y un escalofrío me recorrió el cuerpo en el verso que dice "cuántas veces hubiera dado mi vida entera porque tú me pidieras llevarte el equipaje".
Pude decir esas dos palabras -y alguna más- porque dejárselas dentro es peligroso. Porque a la larga son capaces de producirte un cáncer en el alma.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Un tipo duro. Duro de verdad.

Escribe por ahí, con frases por las que Dashiell Hammett habría dado la mano izquierda y un par de dedos de la derecha. Es un tipo oscuro al que le ronda la muerte como una amante insatisfecha que espera recibir su pago entre solo y solo del saxofón de Charlie Parker.
Vive prácticamente en el club de jazz del que ha hecho un lugar de peregrinación donde los martinis llevan aceitunas rellenas de anchoa porque es la única comida que soportan los estómagos de los clientes habituales. Donde el ambiente no lo pone el humo de los cigarrillos, sino los tipos que le hacen compañía, porque como si fuera un ente solitario a veces copa el garito y el escozor de los ojos es lo único que permite ver bellas a algunas de las coristas.
Conversa con Ernie Locuasto, el dueño del local, con Lorraine Webster y Larry el pianista. Un piano al que se sentó Oscar Peterson acompañando a Gene Krupa a la batería. Un local en el que Sinatra se paró a tomar alguna copa y que definió el pulso de la ciudad, hasta el momento en el que más que un alcalde necesitó un cardiólogo.
Escribe de una forma lírica y descarnada, capaz de hacer de un velatorio una experiencia más allá de la muerte, en la que un cadáver bonito pasaría como un objeto más de la decoración de la sala. En sus Historias del Savoy me ha recogido más de una vez para tomarnos ese último gintonic mientras Larry toca alguna canción melancólica de Henry Mancini, tarareada por Sinatra en la barra mientras fuera se suceden los tiros al compás de una bosanova.
El tipo del que hablo no es David Mammett, ni James Ellroy, ni siquiera nació en Chicago, Nueva York o Boston.
El tipo del que hablo se llama José Luis Alvite, y es capaz de escribir cosas como que "a menudo lo mejor de un beso es que el carmín no engorda".

lunes, 17 de noviembre de 2008

Renovarse o morir.

Época de cambios, no sé muy bien a cuento de qué. Quizás para solucionar mi particular crisis -que nada tiene que ver con la de la cumbre del G20- o sólo porque me cansé de ciertas actitudes.
Eso es lo que me ha llevado a ponerme unos vaqueros, cosa que no hacía desde que tenía creo que unos 10 años, más o menos la misma época en la que me di cuenta de que el chándal era un invento del demonio. Ahora no sólo me compré unos vaqueros, sino que también me he puesto una camiseta verde fosforito del Circo del Sol, que compré porque me gustaba pero no con vistas a ponérmela en la vida. Soy un enemigo acérrimo -quizás lo era, no sé- de la ropa sin botones y de los zapatos sin cordones.
¿Me encuentro cómodo? Pues sí, para qué negarlo. ¿Más cómodo que de la otra forma? No sé, igual sólo es una fase -como aquella fase nihilista que todos pasamos tarde o temprano y se define a través de la ropa de color negro- y acabo volviendo a mi estilo clásico, tan acorde con mi carácter.
Y ahora un pensamiento digno de Carrie Bradshaw: ¿es el carácter el que define la ropa que nos ponemos, o es la ropa la que define nuestro carácter?
Habrá que investigar.

domingo, 16 de noviembre de 2008

El país de Obama.

Tenemos una imagen de los americanos bastante sesgada. Se nos dice habitualmente que son una panda de fanáticos besabanderas, patriotas desmedidos, paletos con petos vaqueros que viven en granjas de Iowa, urbanitas prepotentes de Manhattan o miembros de la Asociación Nacional del Rifle amantes de los rodeoes.
Es decir, puros y simples tópicos. Hablaba el otro día con Iago y Carlos sobre el asunto, y salió un ejemplo bastante sintomático. A un americano le ponían un micrófono delante y le preguntban si sabía dónde está España y con qué países delimita. Algunos decían que con Italia, Francia... Suíza, Alemania, y otros la situaban al lado de Grecia. Aquí los españoles nos descojonamos y decimos, mira tú, colega, qué panda de burros; y éstos son los que gobiernan en el mundo libre, hay que joderse.
Estamos convencidos de nuestra superioridad y nos reímos sin impudicia de los malditos yankees como si fueran unos paletos. Ahora bien, habría que salir con un micrófono a la calle y preguntarle a los españoles con qué países delimita Grecia o Polonia. A ver con qué cara nos quedábamos al ver que nuestros compatriotas empiezan fruncir el ceño y a intentar recordar los estudios de geografía.
Lo que pasa es que para nosotros España sí tiene una relevancia que no le concedemos a Polonia o a Grecia. España tiene que estar en la reunión del G20 porque somos importantes y no nos gusta que un americano, que uno de un país sin historia con un presidente borracho y analfabeto nos ningunée. Lo de Polonia es otra cosa, que están por ahí al lado de los rumanos y sólo vienen a robar y a prostituir a sus mujeres, peso no importa que no sepamos dónde queda el asunto.
Nosotros a lo nuestro, y haciendo lo que mejor se nos ha dado siempre. Hablamos mal de los ingleses, que son unos ladrones y unos hijos de perra que sólo saben salir de su isla para llevarse el patrimonio del mundo; y nos olvidamos de su Carta Magna y su particular revolución más de cien años antes que la Revolución Francesa. De los americanos sólo nos quedamos con las hamburguesas y el paleto que levanta un rifle mirando a una bandera ondeante, pero nos olvidamos de Salinger, Capote y la música de Gershwin. Y los franceses son unos mamones que nos vuelcan los camiones de fruta y que siempre dicen que lo suyo es lo mejor de todo, pero nos olvidamos de que fueron ellos -porque la verdad, lo de los ingleses se quedó en agua de borrajas- los que instauraron las bases del estado moderno y democrático tal y como lo conocemos.
Así que estamos convencidos de que en España somos muy superiores a todos esos paletos y protestamos contra el sistema de estudios americano y todo lo que huela a barras y estrellas. Vivimos en nuestra burbuja olvidándonos de los episodios vergonzosos de nuestra historia y ensalzando otros que hemos mitificado para justificar que siempre hemos sido un país rencoroso, envidioso e incapaz de hacer algo serio. Un país donde una pandereta y una frase pegadiza vende más que un programa político serio y consecuente. Un país donde el saludo de George Bush a Zapatero importa más que lo que se ha dicho en la reunión de presidentes de gobierno más importante de los útlimos tiempos.
Y así nos luce el pelo. So shines our hair, que dirían los paletos.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Confesiones.

A veces, cuando dos tipos se juntan y hay unas botellas de alcohol por medio, acaban por hablar de mujeres. Es así, no hay más vueltas que darle, y la mayoría de las veces es para hablar de desgracias y no de lo bonito que es el mundo en las mañanas de primavera.
Hace poco hablaba con un colega de estas cosas, aprovechando una reunión de amigos. Nos reímos mucho, pero también rascamos hondo, él con sus problemas y yo con los míos, lamiéndonos las heridas entre los dos, que es mucho más rápido y además te ahorras contracturas.
Yo llegué a casa un poco bebido, después de hacer todo el trayecto hablando en verso, improvsiando sonetos que harían enrojecer a alguien más casto que nosotros, y vomitar a Calderón o a Lope. Llegué a casa después de encontrarme con una amiga que es una chica estupenda, después de dejar a mi colega y a una compañera de piso en la puerta de un garito, y con la sensación de que, después de cinco años, llevo demasiado tiempo arrastrando un cadáver del que ya sólo queda un puñado de huesos secos.
Con la sensación de que la cosa ya no es lo que era. Y lo que es peor, con la sensación de que nunca lo ha sido.

martes, 11 de noviembre de 2008

Nos estamos volviendo todos locos (II)

La sociedad occidental está tan enferma que lo que es lógico y normal adquiere proporciones descomunales, mientras que otras cosas que serían deleznables pasan como si nada. Creemos que vamos a ser jóvenes para siempre, que lo de morirse es algo que le pasa a otros y que el mundo es de color de rosa. Nos idiotizamos tanto con buenos propósitos y con buenas voluntades que cuando algo se sale de la tónica habitual de bares, tertulias y salir de copas con los amigos nos sentimos sobrepasados y reaccionamos de forma desmesurada.
Una de estas mentiras zafias que nos creemos es el eufemismo de las acciones de paz. El Ejército se nos vende como una panda de coleguitas súper buenazos que van por el mundo repartiendo comida, pasándoselo bomba en los entrenamientos como si fuera una convivencia de jóvenes del Opus Dei que sólo les falta la guitarra y cantar alrededor de una hoguera, y que ayudan a ancianitas iraquíes cuando un hijo puta viene a tirarle la casa en la guerra de turno.
Nos olvidamos de que en una carrera como es la militar lo de que te dejen listo de papeles va de oficio, y el que elige meterse a soldadito sabe que el pellejo es algo que empeña cada vez que coge el casco y sale de patrulla. Nos sorprendemos cuando un terrorista coge un coche bomba y lo estrella contra una base militar, cargándose a unos cuantos soldaditos españoles, americanos, británicos, ingleses o italianos; pero nos olvidamos de cómo se las gastaban nuestros antepasados cuando al amigo Napo le dio por conquistar España.
Hicimos una guerra de guerrillas, degollando por la noche si podíamos y procurando jugarnos el pellejo lo menos posible, matando a todos los gabachos que podíamos y cuando no había gabachos dándonos de hostias entre nosotros, que para eso los españoles siempre hemos sido muy nuestros.
En ese caso pensamos que claro, que ellos eran franceses invasores y nosotros un pueblo oprimido, y que el enano corso de los huevos lo que quería era subyugarnos y jodernos vivos, quedarse con los Murillos, los Zurbaranes y los códices medievales que ahora andan por el Louvre y hasta el Ermitage, y conseguirle el palacio real de Madrid a su hermano, que hasta entonces no tenía un adosado y necesitaba emanciparse.
Nosotros no. Nosotros vamos con la buena voluntad por delante, con esa prepotencia que siempre ha caracterizado a Occidente, pero disfrazando los motivos reales diciendo que vamos a instaurar la democracia y a acabar con las tiranías, a quitarle el burka a las mujeres oprimidas y a hacer de su sociedad algo mucho más civilizado; algo como la nuestra, donde el marido puede matar a la parienta pero luego hay una ley de violencia de género -de género bobo, porque la gente no tiene género, tiene sexo- para que el Manolo de turno, si tiene más de 65 años no vaya a la cárcel. Una sociedad en la que cada partido que gana las elecciones hace su porpia Ley de educación y cada vez se va a peor. Una sociedad en la que los valores y la educación moral se han delegado en el colegio porque los padres son incapaces de educar a sus hijos.
Y así, vamos por el mundo mandando cascos azules, boinas verdes y sólo faltan los chaquetas rojas que ayudan al peregrino en los años santos. Haciendo buenas acciones, acciones humanitarias, montados en tanques y con una metralleta al hombro, montando bases militares en países que nos son del todo ajenos si no fuera por el petróleo.
Y después, todavía ponemos cara de imbéciles y nos extrañamos de que nos maten.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Terza feira.

Al parecer ya es oficial. Acabo de ver un cartel en la facultad que anunciaba un curso sobre algo, no sé muy bien qué, y que llevaba los sellos oficiales correspondientes, en el que se leía una flamante "TERZA FEIRA" anunciando las fechas.
A estas alturas probablemente queda bastante claro que no me gustan los nacionalismos de ningún tipo, ni el de bandera con toro y paquito el chocolatero, ni el de bandera con estrella roja, himno gallego y puño en alto. Y lo que realmente me toca las huevos -voy a ir perdiendo la compostura progresivamente, me conozco- es que la gente eche mano de la Historia y la Lengua para justificar sus gustos y sentimientos.
Cualquier -ismo me parece que atenta contra el sentido común, pero en el caso de Nacionalismo Gallego la cosa es peor. Es peor porque aquí somos más originales que la madre que nos parió, y el nacionalismo, que siempre ha sido un movimiento de derechas, aquí es de izquierdas y hasta comunista. Mezclamos churras con merinas a la mínima de cambio, y cualquier manifestación en contra del proceso de Bolonia, de la LOU o del Prestige sirve como excusa para hacer proselitismo a favor de Galiza Ceive y Galiza nom e Espanha.
Queridos míos, Galicia para vosotros no será España, pero creo que tampoco es Portugal. Para eso la gente acude a excusas históricas peregrinas e idealizadas, hablando del Reino de Galicia y los Reyes de Galicia, idealizando a los Irmandiños, primeros manifestantes ellos contra el poder estatal de Castilla y los cabrones de los Reyes Católicos, e intentando recuperar el gallego-portugués. Hasta el extremo de crear la Academia Galega da Lingua Portuguesa, porque la Real Academia Galega les ha dicho a los señores del BNG que lo de "Galiza" es un invento que se han sacado de la manga, y además, incorrecto.
El caso es hacer patria, y como el vicepresidente de turno resulta que es de ideas afines todos estos investigadores y lusofonistas, historiadores del Reino de Galiza y amantes de la gaita gallega, del sustrato celta de las gentes de Galiza y de la cultura galaico portuguesa, pueden seguir publicando sus cosas con dinero público y haciendo sus ferias del cocido, con presencia de Quintana, Aymerich (apellido gallego allá dónde los haya) y toda su ralea.
Haciendo patria porque es barato disparar con pólvora del rey.
Del Rey de Galiza, claro.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Santos.

Cumplí con mi tradición anual, y estoy contento. Me imagino que muy poca gente se alegra de ir al cementerio, pero yo soy una rara avis en esto y en otras muchas cosas, así que yo a lo mío. Además, hoy hizo un día de todos los santos canónico, como Dios manda: llovió ligeramente, estuvo nublado y hacía un frío de narices. Es decir, al cementerio la gente iba con abrigos largos, mucho negro, bufandas, guantes y paraguas. Como tiene que ser.
Es curioso que el hecho de pasear por un recinto poblado de cadáveres hoy no tiene connotaciones tristes o macabras. Ya lo decía ayer, hoy es un día distinto, más por lo social que por otra cosa. No me meto en cuestiones de creencias religiosas, que cada uno es muy libre de rezarle a quién quiera, a Dios, a Alá o a Bill Gates.
En cualquier caso, una vez me he recuperado de la cena de clase del jueves, que estuvo muy bien y en la que nos lo pasamos teta -no, no va con segundas-, ahora que he realizado mi particular ritual anual honrando a mis muertos, supongo que saldré a cenar con mis amigos y a pasarlo bien. Es curioso que soy el único al que una visita al cementerio el día de santos no le pone los ánimos por los suelos. Claro que también soy el único de mis amigos que cuando va de viaje a algún sitio procura visitar algún cementerio antiguo, como Kensal Green en Londres.
Y la verdad, aparte de ser un sitio impresionante, las fotos quedan cojonudas.

viernes, 31 de octubre de 2008

Crisantemos y abuelas.

Yo odio Halloween. Así, con todas las letras.
Admito que me llamen reaccionario, tradicionalista de mierda o meapilas, pero a mí lo que me gusta es la tradición de todos los años: ir con la abuela al cementerio, llevarle flores a mi bisabuela y pasearme por allí, viendo gente que sólo se ve en estas fechas y visitando -suena macabro que te cagas, lo sé- algunos nichos que me llaman la atención.
Para mí el día de difuntos es algo más que el cotilleo y poner mala cara cuando una señora mayor con bigote se empeña en darte dos besos. Hay dignidad en esas abuelas que van el día antes a fregar sus nichos y a dejar el mármol reluciente como un espejo, que se visten con sus mejores ropas para ir a echarle un padrenuestro y un avemaría a sus difuntos. Señoras que madrugan para ir a por las flores y se cogen el autobús a primera hora de la mañana, cuando los guiris -que somos el resto- todavía no hemos invadido el cementerio.
Esa dignidad, ese respeto por los mayores que ya se han ido, es lo que realmente me gusta del día de todos los santos. Me gusta ver el nicho de los gitanos, lleno de flores y fotos, y carteles con faltas de ortografía que dicen "papa no te olbidamos", mientras toda la familia come delante de la foto del muerto. Me gusta que el cementerio, una vez al año, no es un lugar triste porque todo el mundo se saluda y va recorriendo las tumbas de parientes y amigos, "a ver si están" para saludarlos.
Todo eso es para mí la antítesis de Halloween. Lo de ir al cementerio con la abuela no vende, y la gente joven cada vez pasa más de estas cosas. El muerto al hoyo, y el vivo a disfrazarse de zombi para coger una cogorza a cuenta de marcas de ron y whiskey que patrocinan fiestas de Halloween. Ahí no veo yo demasiado respeto, pero me parece que cada uno es cada uno y todo el mundo está en su libre derecho de hacer lo que le salga de las narices.
Halloween es, para mí, un invento que los profesores de inglés y la gente cool está imponiendo de forma horrorosa. Una excusa para que los niños se disfracen otra vez al año, para que salgan vestidos de esqueletos y brujitas con un caldero en forma de calabaza pidiendo golosinas y diciendo "truco o trato" -traducción infame del trick or treat americano-. Después la gente se caga en el capitalismo y a los antisistema se les calienta la boca hablando del colonialismo norteamericano. Esos mismos que salen disfrazados dispuestos a vender los huesos de sus antepasados a cambio de un cubata y una vampiresa siliconada hasta las cejas.
En fin, terminemos con las primeras palabras del Tenorio, que vienen al pelo:
-Cuán gritan esos malditos,
pero mal rayo me parta,
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos.

viernes, 24 de octubre de 2008

Apretándonos el cinturón.

Las universidades son unas manirrotas. Todo el mundo sabe lo muy cachondonas que se ponen con esos programas de investigación carísimos, con esos sueldazos de millonetis que tienen los profesores y con las instalaciones punteras que se empeñan en construir. Y la ministra de Cultura dice que no, que no está el horno para bollos y que hay que cortarse, colegas.
Anduvo esta semana por Santiago y en el periódico de hoy venía una foto con Senén, los dos paseando por el claustro de Fonseca; el rector magnífico con una cara de mala hostia monumental, y la ministra detrás, ceño fruncido en ristre y a puntito de decirle eso de "no llevo suelto" al primer decano que le pida fondos para su departamento. Como si fuera un perro-flauta cualquiera.
La ministra, además de admirarse por el incremento del 5% de la Xunta en sus presupuestos para las Universidades gallegas, dice que no es lógico tener planes expansionistas con esto de la crisis. Y además propone: no todas las universiades tienen por qué tener ese afán de investigación y de ser punteras como las del extranjero. Que esto es España y no todas tienen por qué empecinarse en hacerle competencia a la Complutense, y que se especialicen, coño, que eso de querer ser los mejores en todo sale caro que te cagas.
Venía también una carta del Decano de Biología, bastante sensata. A estas alturas, decía el gachó, es evidente que no tiene sentido que en Galicia haya tres universiades con siete campus universitarios. Listos sí, ma non tanto. Es lícito que cada alcalde quiera una universidad en su pueblo, pero no lo es el que se les haga caso y se concedan titulaciones triplicadas. Y a la Universidad de Santiago también habría que darle un tirón de orejas en cuanto a planificación presupuestaria. A ver a santo de qué vino el despilfarro de la Facultad de Periodismo de Alvaro Siza.
En el fondo la ministra tiene razón. En España nos va bien, incluso yo diría que muy bien, tal y como apareció en el informe famoso de aquellas 50 mejores universiades del mundo. Nostros sólo teníamos una: la Complutense, y para eso creo recordar que en el puesto 48. Entramos de chiripa, como siempre. Pero a los españoles lo que nos gusta es figurar en la foto, como lo de la reunión de Bush para hablar de economía. Y mira, si nosotros vivimos bien e investiga otro, el que venga detrás que arrée.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Nos estamos volviendo todos locos.

El nivel de inglés de este país es el de una shit pinchada en un stick, es decir, una mierda pinchada en un palo. Esto, que es una realidad como la copa de un pine tree no es óbice para que una parte de la población se hinche a utilizar anglicismos gratuítos cuando hay palabras españolas perfectamente válidas para referirse a esos conceptos.
Mi batalla personal por el lenguje, dicho sea de paso, no sé muy bien a santo de qué viene, probablemente por demasiado leer y por hacerle caso a un tal Pérez-Reverte que escribe por ahí. El caso es que ayer iba por la calle y me crucé con un autobús lleno de jubiletas, y muy grande, rotulado con letras amarillas y rojas como llamas deslumbrantes, tenía escrito el nombre de la empresa: Holidays Integrated. O algo así.
Supongo que los abueletes ni se enteran, porque probablemente se trate de un viaje organizado y ellos lo único que hicieron fue estar a las 8 de la mañana en la plaza del pueblo donde quedaron para recogerlos. Los que tienen delito son los señores empresarios, que dejándose llevar por el marketring deciden poner un fardón nombre anglosajón, que vende más y es más chulo, y así los empresarios dinámicos, abogados de éxito y demás yupies agresivos pueden decir que se van de vacaciones con Holidays Integrated y se quedan tan panchos.
Otro ejemplo que me hizo sangrar los oídos durante semanas. La Sexta, que es muy respetable pero que también lanzó sus mierdas a las ondas, emitió un programa llamado De patitas en la calle. En él apareció una tipa que no hacía nada en su casa, llevaba cuatro años en primero de carrera -a los padres tambén habría que echarles de comer aparte- y decía que ella quería estudiar para se cool-hunter. Tócate los huevos Manolete. Touch your balls, little Manolo.
Otro ejemplo más, pero en este tiene mucho que ver lo gilipollas que son algunos. En un programa, no sé muy bien cuál, Factor X o Tú sí que vales o algo por el estilo está de jurado un tipo que al parecer es muy conocido. Un tal Miki Puig. El tordo es uno de esos que llevan una camisa entallada, corbatita estrecha, pelo de punta, gafas de pasta rosas y sombrerito borsalino; y se cree que va fashion que te cagas, elegante y lleno de style cuando lo único que es, es un hortera de tres pares de cojones. Además va de sobrado y suelta comentarios prepotentes sobre los que van allí a concursar, con unas maneras que no se justificarían ni aunque fuera el mismísimo Cary Grant reencarnado. Cosa que, por cierto, le queda a años luz.
Si yo estuviera en la situación de esos concursantes y un tipo así vestido me soltara una impertinencia subida de tono, pongo a Dios por testigo de que le mandaría a mis padrinos y le dirían que escogiera pistola o sable, y al amanecer en un parque cercano para lavar el honor con sangre. En primer lugar, dudo mucho que tuviera el coraje de aceptar tan honesta forma de batirse; pero si llegara el caso, habría que ver cómo iba a disfrutar metiéndole dos palmos de acero entre las lorzas.
Y así quitarle de una vez por todas esos humos a ese motherfucker de los huevos y a todos los fashion victims de este país. De una vez por todas. Forever and ever.

martes, 21 de octubre de 2008

Ese pequeño cabrón que es el subconsciente.

Ayer, antes de acostarme, estaba leyendo artículos antiguos de Pérez-Reverte, por quien tengo especial reverencia y respeto. En uno de ellos, dedicado a un chaval de 16 años enamorado hasta las trancas de su profesora de Inglés, Don Arturo le decía que esas cosas, aunque raras veces salen adelante, no deberían darse por perdidas; y que lo peor no es pensar "cómo hice el panoli", sino "si me hubiera atrevido".
Hace mucho tiempo estuve enamorado de una chica. Era guapísima -aún hoy lo sigue siendo, la condenada- y yo pasaba completamente inconsciente las clases mirando para ella; cuando salíamos de juerga yo siempre estaba cerca, le dejaba la chaqueta cuando hacía frío, la acompañaba a casa y esas cosas que hacemos cuando andamos perdidos detrás de una melena negra y unos ojos oscuros. El que ella nunca sintiera nada por mí ahorró bastante tiempo al asunto, así como también su gusto por tíos cabrones, chulos y malnacidos que nunca supieron la suerte que tenían.
Sus novios siempre fueron unos mamones que la humillaban, y claro, uno tiene ese complejo mesiánico que quiere redimir a todas las degraciadas que se encuentra, y aunque veía las luces rojas encima de su adorable cabeza me quedé allí y me dejé hasta las entretelas. Novios, decía, que la dejaban plantada por jugar a la consola con sus amigotes o que se reían de sus gustos.
El caso es que yo nunca tuve valor para decirle nada hasta que un día, torpemente, solté un discurso inconexo; porque la verdad, la vena literaria en el escrito se me agota, y las palabras no me salen cuando tengo a una belleza mirándome a los ojos. Qué se le va a hacer. Dura Lex, sed Lex.
Lo que tendría que haber dicho es que hay que ser muy imbécil para dejar a una mujer así para jugar con una Playstation; que por muy buena que esté la gachí que salga en la pantalla y por muy bien que tenga colocados los píxeles, nada podría competir con su pelo y sus ojos, con su sonrisa de medio lado, un poco cínica, y con sus labios sensuales. Que la emoción que se siente al matar marcianitos no es nada comparado con sentir su aliento en el cuello, despacio, mientras se baila en un garito, y que la sensación de sostener un mando con botoncitos no llega ni de lejos a poner la mano en su cintura.
Ayer me fui a la cama después de leer aquel artículo y soñé con esta chica, pero ahora las cosas salían bien y todo era perfecto. Tanto que me desperté sobresaltado y estuve despierto pensando en ello hasta que me di la vuelta y me obligué a dormir de nuevo.
Quizás sea eso lo que se llama el sueño de los justos. O quizás tengan razón mi abuela -y Karina- cuando dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor.

domingo, 19 de octubre de 2008

Morcillas de Burgos en la Capilla Real.

Pues sí, ayer terminamos las II Leccións Xacobeas con el famoso "cóctel" en el Hostal. La verdad es que la cosa no prometía demasiado, y al principio, menos en la mesa de los estudiantes de Arte -que la montamos parda, como siempre que hay vino de por medio- el ambiente era aburrido.
El director del curso dijo que este año en vez de cena se había programado el "cóctel" para poder estar de pie y relacionarnos, alumnos y profesores. Durante la primera parte la cosa fue bastante envarada, alumnos por un lado (bebiendo) y profesores por el otro (hablando), pero hacia el final, cuando la gente ya despejaba el sitio y el alcohol ya iba desinhibiendo las habituales vergüenzas, le echamos valor y nos fuimos a la mesa de los profesores a hacer aquellas preguntas que en el Paraninfo no nos salían.
Yo estuve hablando con Vincenzo Pacelli, catedrático de Historia del Arte Moderno en la Universidad de Nápoles, sobre los españoles y el Conde de Lemos, que fue virrey por aquellas tierras. Le preguntaba si había antagonismo entre italianos y españoles, y me decía que de eso nada. Que la mitad del listín telefónico de Nápoles está llena de Rodríguez, González... y que la convivencia en el quartiere spagnolo era buena y todavía hoy se conservan iglesias de advocación española, como la de la Virgen de Montserrat, la de Santiago, etc.
El punto simpático de la conversación, y un tanto absurdo si lo vemos desde fuera, es que al final estaba un alumno de Santiago hablando con un catedrático napolitano en el Hostal de los Reyes Católicos de las morcillas de Burgos. Como ejemplo de esta huella española en la zona me contaba que en su pueblo, cuando se mata al cerdo, aparte de las salichichas y otros embutidos, se hace una cosa que se llama sanguinaccio con la sangre del cerdo y arroz: es decir, la típica morcilla de Burgos, y que esto no se hace en Nápoles. Decía que es probablemente un resto de una tradición que algún español, casado con una italiana, llevó a su pueblo.
En definitiva, una noche memorable e interesante, en la que los profesores se bajaron de sus torres de marfil y permitieron que los alumnos, siempre intetresados, se acercaran para hablar y para preguntar. Lo que en mi humilde opinión, debería ser la esencia de la vida universitaria.

viernes, 17 de octubre de 2008

La puerta del Paraíso.

Estoy asistiendo a un ciclo de charlas sobre temas jacobeos, organizadas por un profesor del departamento de Arte. Hoy hubo una que me dejó especialmente impactado: los doctores Bern Nicolai y Klaus Rheidt ofrecieron una conferencia sobre nuevos métodos de investigación en la catedral de Santiago, especialmente sobre el Pórtico de la Gloria y las diferentes fases constructivas.
En primer lugar, estábamos todos embobados con el juguetito de escáner en 3D que utilizan para recrear el modelo: cuando vimos cómo cogían el parteluz, le daban vueltas, giraban la cabeza de Santiago y aplicaban diferentes escalas nos quedamos todos con la boca abierta. Me imagino que los parisinos de finales del XIX estaban igual cuando los Lumière hicieron el primer pase del cinematógrafo.
Además, el aparatito tiene aplicaciones. Ahora sabemos cuántas etapas se sucedieron en la construcción del edificio, cómo se pensó la fachada occidental, cómo se fue modificando el proyecto de la girola... un montón de datos que dejaron a los más expertos -léase Rocío Sánchez y Alfredo Vigo- tan sorprendidos como a los más profanos -léase yo-.
La cosa tiene más enjundia. La Historia del Arte está llena de ensayos y errores, y una teoría que podría ser válida hace 40 años ahora ya está completamente superada. Tampoco quiero decir con esto que esa teoría sea una patraña y que haya que olvidarla por completo, pero a la luz de lo que hoy se expuso creo que algunos profesores de la vieja guardia deberían replantear sus clases. Y ahora voy a mojarme, porque los dos señores mencionaron a Moralejo cuando hablaban de iconografía y aunque a mí no me dio clase le tengo una especie de respeto reverencial.
Por hoy nada más, mañana se acaban las charlas y tenemos un cóctel de clausura muy elegantísimo de Dios en el Hostal, así que ya os contaré -si me deja la resaca- qué tal resulta.

jueves, 16 de octubre de 2008

La importancia de no llamarse Ernesto.

La Xunta de Galicia da 400 euros a los padres que le pongan un nombre gallego a su hijo. Tal como suena, y tal como vamos con lo de la crisis, si tienes un cabezón y le llamas Xan te llevas 400 euros del ala. Por eso Iago decía que a él Quintana le debe 800, que se llama Manoel Iago -sí, el único Manoel que yo conozco- y aún así tiene que hacer el CELGA 4 de los huevos para poder presentarse a la oposición.
Es una medida totalmente necesaria, como aquella de hace años, cuando hacían oposición, y reivindicaron que las muñecas de Famosa deberían hablar gallego. En vez de "hola mamá" que dijesen "bos días miña nai miña naiciña", "quero outra cunca de caldo" o "os crepes son unha merda, eu só como filloas".
Otra más: Locita curra en Coruña en un proyecto de la Diputación para acercar la historia de su ciudad a los niños, y aquí la Loci es la especialista en música de su colegio. Me manda un mensaje ayer para decirme si puedo darle algo sobre el siguiente tema: algo pa traballar o tema da evolucion historika e ekonomika da cidade da coruña a traves da musika. A ver quién cojones es el listo de turno que pensó esa parte del programa, porque me gustaría saber cómo pretende acercar la historia económica a niños de 3 años, que como dice ella, casi no saben ni decir su nombre.
Lo único que se me ocurrió es que les enseñe a cantar Vivir na Coruña qué bonito é. Más que nada por lo de andar de parranda. Y así, además, puede unir los dos temas del post: que le de a la parranda con el Benedicto, y si tienen cuatrillizos se puede sacar un pastón: Uxía Antía, Xiana Maruxa, Xan Breixo y Paulo Xacove. Echad cuentas: 3200 eurazos que le tendría que dar Quin.

domingo, 12 de octubre de 2008

Padres de hoy.

Señal de que las cosas no van por buen camino. Ayer estaba en León, comiendo en un restaurante con la familia, cuando llegó un grupito representativo: dos parejas, con sus respectivos niños y una amiga. Padres tolerantes y simpaticotes, amantes de la buena vida, con una edad indeterminada entre los 30 y los 40.
Los papás se sientan, piden su vinito y su comidita, y para que los nenes no den el coñazo, tatatatatachán, sacan un dvd portátil y lo plantan en medio de la mesa. Cargan una película y ahí estuvieron los tiernos infantes, idiotizados hasta la médula, masticando el filete con patatas con la boca abierta mientras el dvd emitía sus fascinantes imágenes. Ni una palabra unos con los otros, así estaban los niños mientras sus padres hablaban de sus cosas y no les hacían puñetero caso.
Eso sí, después los padres se quejan de la educación de los niños, de que no se comunican y de que a ver de dónde aprenden todas esas cosas que sueltan por su inocente boquita en el momento más inoportuno. Además, me gustaría saber a dónde van los consejos de los profesores y toda la labor que supuestamente se lleva a cabo en el colegio.
Me hacen mucha gracia esos padres que llegados a los 35 se plantean tener un hijo como quien se plantea comprarse un coche nuevo, un tresillo para el salón o una pantalla de plasma. Aunque normalmente todas esas cosas se las compran antes de tener al niño, porque un nene es un gasto del copón, y después ya es tarde. Renunciaron a su sentido común, empeñándolo en consolas, coches y juergas, y cuando por fin viene Juanito Jr. toda la responsabilidad de su educación recae en el profesor, que para eso cobra.
Ahora bien, cuando Juanito Jr. se comporta como Juan Sr. las cosas no cuadran y los papás modernos, de hoy en día, se lamentan del fracaso escolar, no tienen tiempo de nada y cuando el crío les pide que le lean un cuento, papá o mamá se van con sus amigos de cenota y al niño le dejan puesto un dvd, que cualquier día se les va la olla y le dejan la porno del Plus, así ya va aprendiendo para cuando sea mayorcito; es decir, para cuando tenga unos 13 años.
Y así está el panorama, con los padres que ni se enteran ni quieren enterarse, los niños tontos perdidos con la tele hasta en la sopa -literal y figuradamente- y todavía hay quien protesta por la Educación para la ciudadanía. Valientes ciudadanos.

viernes, 10 de octubre de 2008

El reloj de Bush.

La noticia está en casi todas las webs de los diarios: el deudómetro nacional de los USA se colapsa porque ya no hay más números para marcar la cifra. Y si intentais hacer el cálculo en pesetas, como decía el otro día Leopoldo Abadía en Buenafuente, no os saldrá. ¿Cuál es el número? Abrochaos los cinturones: 10,2 BILLONES de dólares, que a efectos Euro son 7,4 BILLONES de euretes. Lo que nos pagaba el viaje a Nueva York a mí, a Carlos, y aun nos sobraba para comprarnos la catedral de Santiago, Manhattan y alquilar a Ratzinger como mayordomo.
Vale, el asunto es heavy metal que te rilas, con lo de la crisis ninja pegando duro y los gobiernos tomando resoulciones de "sálvese quien pueda" la situación de la economía mundial se está convirtiendo en una merienda de negros. Al final está claro que el homo sapiens, tan guapo y evolucionado él, no es tan sapiens como pensábamos. Nada aprendimos del crack del 29 y 80 años después resulta que estamos en las mismas.
Me pregunto yo, que para estas cosas soy un poco imbécil, de qué sirven todos esos economistas y catedráticos que apuntan soluciones pasajeras con la boca pequeña. Además, a ver hasta dónde se puede tirar del hilo sin que se rompa si los señores de la fundación Seymour -que son los que se encargan del mantenimiento del relojito- tienen que añadir dos nuevos dígitos en previsión a la inyección financiera del plan Bush, lo que me imagino no dejará tranquilo a todo el mundo. Y señoras y señores, lo que pasa en los USA repercute en todo el mundo, eso está claro.
La pregunta ahora es "¿se puede ser optimista?". Pues quizás sí, aunque echándole imaginación, valor y ganas, porque la solución sería educar a los niños de hoy para que aprendan, hagan las cosas de otra forma y no se dejen llevar por eso de la globalización, que a estas alturas todos sabemos lo que realmente significa: globalización es que la mierda salpica a todos por igual en una sociedad occidental podrida y corrupta en la que hasta el más tonto hace relojes.
Ah, y me acabo de acordar de una frase que leí en algún sitio. Es de Warren Buffet, el multimillonario estadounidense, que de financias debe saber algo: "Invierte en una empresa que pueda ser dirigida por un imbécil, porque tarde o temprano un imbécil acabará dirigiéndola". Así que a comprar bonos del tesoro público.

jueves, 9 de octubre de 2008

Peligros catódicos.

Veía las luces de peligro antes de cambiar de canal, pero me arriesgué de todas formas. Que la televisión de hoy es una mierda es algo bastante evidente y no quería dedicar -de nuevo- una entrada al asunto, pero como el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, qué demonios, vamos de cabeza.
Hemos llegado a un punto en el que ver la tele a ciertas horas es deporte de riesgo, te sorbe el seso como los Dementores le sorbían a Harry Potter la alegría de vivir. Y, evidentemente, dependiendo de la cadena la cosa es más o menos grave. Para una cadena como Telecinco, que emite detritus catódicos las 24 horas del día el asunto es bastante indiferente, así que no diré más.
El primer shock de la semana en cuanto a asuntos televisivos lo tuve haciendo zapping y, oh sorpresa, oh dolor, fui a caer en Localia, donde tiene su programa Cárdenas. Del tipo ya se sabe lo que pienso, pero de su estilo creo que nunca dije nada. Craso error. Cárdenas tiene un programa de tertulias, pero para que veamos que son cultos se sientan alrededor de una mesa como en los mejores tiempos de Tip y Coll en el Debate sobre el Estado de la Nación. Claro, que como dice mi abuela -y antes que ella Karina-, "cualquier tiempo pasado fue mejor".
Cárdenas y sus contertulios -que siempre fue la forma correcta de decirlo, y no tertulianos- se meten con todo Cristo con la superioridad moral que da la ignorancia, la prostitución del periodismo y las mismas ganas que tiene un niño pequeño de vengarse del que es más fuerte, más listo y más guapo que él en el campo de recreo. Además, si los amiguetes de Cárdenas son Alonso Caparrós y 2 rubias siliconadas hasta las cejas el plato está servido.
Lo que más me fascina son las chanzas que se traen entre ellos, cuando uno se ganó la fama descubriendo al Pozí y a Carmen de Mairena, y el otro ponía cara de duro en anuncios y presentaba Furor. Ahora bien, de huevos van sobrados y de tetas tres cuartos de lo mismo, entre las rubias y la reportera que mandan a hacer entrevistas y a que le coman la boca.
En fin, me hago mala sangre porque quiero, ya que cuando uno cae en uno de estos canales lo primero que debe hacer es darle un meneo al mando cuando no puede apagar el aparato directamente.
Segundo momento catódico espasmódico de la semana: el telediario de ayer de Antena 3. Acaban Los Simpson y me voy a La Sexta -que también tiene sus basuras como De patitas en la calle, pero lo compensa con Buenafuente, Sé lo que hicisteis, y Wyoming- pero no sé cómo, cambio y aparece una rubia -modas son modas- muy mona que habla de una noticia: "ayer se estrenó en Madrid Una conejita en el campus y nosotros estuvimos allí para hablar con su protagonista".
Inmediatamente miré la esquina superior derecha donde ponen ese cartelito que dice "Publicidad" antes de los programas y allí no había nada. Era el telediario. Como es lógico me quedé de piedra. ¿A qué niveles hemos llegado para que eso sea noticia? La verdad es que lo de Antena 3 ya huele a podrido de lejos. El mundo va como va, la educación funciona como sabemos que funciona y la justicia y la sanidad llevan un camino cuesta abajo y sin frenos... Eso sí, en la entrevista con la protagonista -tuve que verlo porque mis dedos no alcanzaban a cambiar de canal- la chica decía lo duro que había sido el rodaje, lo mucho que tuvo "que entrenar para interpretar a una conejita" -juro por Dios que son sus palabras literales- y después hablaba de la salud de la comedia americana diciendo que grandes actrices como Marilyn Monroe o Carole Lombard habían hecho grandes comedias.
Y sí, la ignorancia es muy atrevida, porque tanto Marilyn y la Lombard hicieron comedia, pero no es lo mismo una obra de Lubitsch o Wilder que lo de las conejitas de marras. Ahora bien, será un bombazo en taquilla, hay tetas, jóvenes americanos alegres y ahí nos las den todas, que las penas con tangas son menos.

domingo, 5 de octubre de 2008

O sigues o revientas.

Bien, ayer hablaba del libro que estoy leyendo y decía que daría para más. Hace tiempo, en una de estas conversaciones de noche con mis amigos nos hacíamos una pregunta que vista desde afuera puede parecer bastante autocomplaciente: si somos listos, jóvenes, cultos y vivimos en una situación desahogada, ¿por qué cuesta tanto ser felices?
Leí la siguiente cita el otro día: "La fuerza intelectual no es como la fuerza física. No tiene la menor influencia sobre el intelecto de los otros, si éstos no entran en simpatía contigo. En efecto, saber mucho más sobre un tema no te confiere superioridad, esto es poder sobre los otros, sino que hace que resulte todavía más imposible causarles la menor impresión. ¿Es ésta una ventaja para ti entonces? Quizá en lo que atañe a tu satisfacción personal, pero crea un abismo aún mayor entre la sociedad y tú" (William Hazlitt).
Evidentemente, la proposición de Hazlitt parte de un punto de vista discutible: tú eres listo, la sociedad es estúpida. Sin embargo, la parte que se refiere a la imposibilidad de comprensión entre tú y la mayoría es contundentemente cierta. Los frikis eran un ejemplo típico, pero las modas evolucionan y ahora el frikismo es un fenómeno de masas aceptado. ¿Qué pasa cuando los intereses particulares son demasiado distintos a la moda imperante? Pues que al final, como dice Hazlitt, toda la satisfacción personal es inversamente proporcional a la aceptación social a no ser que te integres en un círculo con unos intereses similares.
La parte negativa surge cuando, al conocer todas esas cosas "exclusivas" que te hacen feliz, todas aquellas que no lo son te producen hastío y eres incapaz de disfrutarlo: cuando conoces las comedias de Billy Wilder, cuando has leído a Salinger, cuando has escuchado la música de Mozart... al final cosas como Algo pasa en La Vegas, la música de El canto del loco o libros como El niño del pijama de rayas provocan un aburrimiento, que aunque involuntario, te incapacita para disfrutar de ellas como hace el resto de la gente.
También es lógico que al tratarse de un producto más elaborado obliga a un proceso mental más complejo y el disfrute, quizás por se como somos, es mayor que la contemplación pasiva de una serie de mamporros que veríamos en una película de Chuck Norris. Eso crea una exigencia difícil de complacer, que crea esa infelicidad que era el punto de partida, y es aquello que definieron como "la felicidad del estúpido". Al final, nos lleva a buscar cada vez más satisfacciones en aquello que es lo que precisamente nos separa de esa sociedad que Hazlitt sitúa como un ente no pensante:
"La principal desventaja de saber más y de ver más lejos que los demás consiste en general en que no nos entienden. Quien está intelectualmente dotado tiende a expresarse con paradojas, y eso lo sitúa al punto fuera del alcance del lector común. Una vez, alguien que había hablado con gran desprecio de un hombre de mente muy original recibió esta respuesta: Camina tan por delante de usted que aparece disminuido por la distancia".

sábado, 4 de octubre de 2008

Primera semana.

Bueno, estuve desaparecido toda la semana. Empezó el curso y volví a ver a mis compañeras de Facultad, fui a algún concierto y todavía no vi la última de Woody Allen. En las clases decepción y alegría: ningún profesor nuevo, los mismos conocidos de años anteriores a los que ya hemos sufrido o de lo que hemos aprendido. Factores positivos: ya sabemos de qué pie cojean y cómo tenerlos contentos; factores negativos: somos pocos y nos conocemos mucho, como dice Carlos.
En fin, hoy tocó un viaje horroroso en tren, con peregrinos que regresan a su país y un par de mozos que despacharon una cerveza tras otra mientras veían El gran Lebowski en un portátil con el sonido a todo volumen. Leer era un deporte de riesgo al que acabé renunciando; me conformé con mirar por la ventana y esperar a que los borrachuzas se bajaran en Orense.
Ayer sesión de puesta al día con Iago el londinense, que ya hacía mucho tiempo que no nos juntábamos para hablar de nuestras cosas. Y cuando digo nuestras cosas, evidentemente me refiero a mujeres. Espero que le vaya todo bien porque este tipo se merece lo mejor del mundo.
Con Carlos estoy planeando un viaje a Nueva York para ir a la ópera. Si al final la cosa sale bien, este año despachamos el Metropolitan y la Staatsoper en Viena. Dos muescas más en el cinturón. Y encima para ver a Plácido Domingo y a Juan Diego Flórez -no está mal-.
En otro orden de cosas, estoy leyendo un libro que me parece bastante interesante y al que se le pueden sacar muchas aplicaciones: El que no lea este libro es un imbécil, de Oliviero Ponte di Pino. El autor plantea un recorrido a través de la historia de la estupidez, y me ha arrancado más de una carcajada -en el tren una chica se me quedó mirando un poco sorprendida-, pero es que además la cosa tiene enjundia. Dará para más.
De momento, eso es to, eso es to... eso es todo, amigos.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Esos pequeños infelices.

Hay un tipo de gente que me revuelve las tripas. No les tengo un odio especial, porque para odiar a alguien hay que tenerle respeto y cierta consideración, más bien es un sentimiento de pena y de liberación.
Estas personas son antiguos profesores que se dedicaron a amargarle la vida a sus pequeños -y no tan pequeños- alumnos porque tenían una posición de poder y se servían del miedo que inspiraban, que no respeto. Eso les quedaba muy lejos.
Ahora, visto con el paso de los años y con un poco más de mundo en el cuerpo, he de decir que me parecen ridículos. Uno era un proyecto de cura que nos daba clase en los Escolapios y que siempre estaba fumando, riñéndole a los niños y aprovechaba cualquier oportunidad para reirse de ellos. Creo que nunca le cayó bien a sus compañeros, y si por aquel entonces fuéramos como somos hoy, no nos iba a decir dos veces "como no te calles te arranco la cabeza". El pobre imbécil. Porque estoy seguro de que si ahora, que le sacaríamos sus buenos 15 centímetros y con nuestra corpulencia, que en mi caso es bastante; si ahora, decía, quisiera convencernos de algo, probablemente recurriría al diálogo y se metería las amenazas dónde le quepan.
Con el paso del tiempo nos enteramos de que le dio una bendición tan fuerte a una feligresa que la dejó preñada, y nunca llegó a cantar misa. Eso sí, el Sole mio debió cantarlo a los cuatro vientos.
La seguna interfecta fue una profesora de lengua y literatura del instituto. Cuando llegamos y nos dijeron que nos iba a dar clase todos los veteranos nos miraron con ojos de comprensión, levantaron los hombros, y prácticamente dijeron que verdes las habíamos segado, colegas. La susodicha utilizaba el miedo que metía en el cuerpo a los alumnos como arma de defensa, para curarse en salud y prevenir males mayores.
Recuerdo su forma de exigir los ejercicios y cómo nos los daba corregidos al día siguiente, y hoy no me habría hecho mala sangre de no encontrarlos, todavía metidos en su carpeta de clase, si no me hubiera puesto a leer los comentarios jocosos y dicharacheros de aquí mi amiga.
En el fondo lo que me toca irremediablemente las pelotas -es evidente que a estas alturas ya tengo el cabreo a flor de piel- es que estos personajes a los que se les llena la boca pidiendo respeto y humillando al personal, como si fuéramos una panda de inútiles, rémoras que sostener con los fondos de los impuestos que ellos pagan -frase literal que nos soltó un profesor de música-, lo que me fastidia de estos personajes es que ellos mismos no tienen el menor respeto hacia sus alumnos y mucho menos hacia sus compañeros.
Y en lo tocante al respeto, que no se confundan aquí mis colegas, que si bien es cierto que nunca los respetamos tampoco les mostramos nunca malas maneras, que la educación no tiene nada que ver con lo que la gente piense del personal.
Pero claro, aquellos a los que verdaderamente respetamos, nunca tuvieron que pedirlo. Siempre supieron ganárselo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

¿Por qué? ¿Por qué? ¿POR QUÉ?

Creo que esa es la pregunta que más se hacen los historiadores -los del Arte incluidos- a lo largo de su carrera. No siempre tiene que ver con su disciplina de estudio, a veces es más bien sobre los profesores -"¿por qué cogería la asignatura de este cretino?" y cosas por el estilo-, pero la mayoría de las veces sí.
La Historia del Arte es una disciplina de países ricos, como dice Carlos, y aunque no tiene una finalidad práctica como puede ser la fontanería, sí hay que reconocerle un valor. No me acuerdo quién dijo que "nada hay más útil para el ser humano que aquello que es completamente inútil". En el fondo es cierto.
La música no es útil, la pintura tampoco, ni siquiera la literatura es útil. Con una sinfonía de Mozart no se cura un tumor cerebral, y con un cuadro de Rembrandt no se come. Sin embargo, ¿quién no se ha sentido conmovido con una película, leyendo un libro o contemplando un cuadro? Eso es porque el ser humano es sensible por naturaleza a ciertos estímulos -de esto se encarga la Estética- y la Historia del Arte, en cierto sentido, es una ciencia que trata de los estímulos que conducen hacia ciertas emociones.
Por otra parte, el "por qué" más común es el que el historiador se plantea a raíz de la obra en sí misma: ¿por qué es así y no de otra manera?, ¿con qué fin se ejecuta?, ¿quién la encarga?... preguntas que a veces no tienen respuesta o que son difíciles a primera vista. Pero el trabajo el historiador siempre es despejar esas incógnitas que se ciernen sobre la obra para acercarse un poco más al significado último del objeto.
Incluso cuando tenemos todos los datos posibles para fechar, catalogar y leer una obra surge otra pregunta, ésta más retorcida y dónde solemos detenernos más tiempo, que es "¿por qué es una obra de arte?". ¿Qué hace que Rembrandt sea un genio? ¿Qué hace que las obras de Bach sean unas de las expresiones más altas a las que puede llegar la música? Estas preguntas son las que rara vez tienen una respuesta convincente y casi siempre tendemos a reformularlas, a responderlas desde otro punto de vista buscando la totalidad y una visión global que permita dar una explicación racional al fenómeno artístico. Y muchas veces no la tiene.

martes, 23 de septiembre de 2008

Recuperándome.

Ayer -entiéndase el domingo- estuve hecho un asco. El diagnóstico: una reacción alérgica bastante potente a algo que me pusieron de tapa en algún antro de la ruta. Mis amigos estuvieron bien, así que las culpables deben ser una setas sospechosas hasta que se demuestre lo contrario.
Total, que me quedé sin poder ir a ver cantar a Carlos en Coruña, no vi a Iago ni a Lucía y pasé el domingo encamado viendo un documental de Victoria Prego sobre la democracia, leyendo las más de las veces de turbio en turbio, como decía Don Miguel, y pensando en quién me mandaría pedir esas malditas setas. Una y no más.
Hoy estuve tirado delante de la tele y últimamente paso más tiempo pendiente de la pantalla del ordenador que de otras cosas. Al móvil sigo sin hacerle puñetero caso. Sin ellos vivíamos mejor. El caso es que en la tele vi algún documental de viajes, y me despertó el gusanillo de algo de lo que hace tiempo me viene hablando Óscar: Europa del Este.
Después de nuestra escapadita del año pasado a Praga (véanse fotos aquí) la verdad es que tengo ganas de repetir, pero cogiendo el coche y recorriéndonos las antiguas repúblicas de la URSS. Vi un documental de unos tipos -ingleses, cómo no- que cogían un coche en Gdansk y se iban hasta San Petersburgo recorriéndose la costa. Eso sí que es un plan.
Ahora el problema es sacar tiempo -yo acabando la carrera, Óscar con el proyecto...- que va a ser asunto peliagudo, pero habría que aprovechar que todavía es barato y que nosotros somos jóvenes e inconscientes -ja ja ja-.
Si hay suerte y la cosa fructifica, el 2009 será el año de Europa del Este. Y si encuentro una novia húngara, checa o lituana... pues mucho mejor.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Esos (raros) momentos de paz

Me imagino que ahora mismo soy una estampa curiosa. Son casi las 7 de la mañana de un sábado tranquilo y el pueblo duerme. La tranquilidad sólo la rompen los jóvenes que ya van de retirada tras una noche de juerga, en coches que son viejas glorias heredadas de sus padres o abuelos.
Hace un rato pasó un barrendero empujando su carrito; después una mujer que estornudaba, ya que aunque la temperatura no es excesivamente fría, no está la mañana para ir de minifalda. Limpiadora en un banco, no sé por qué pensé eso. Probablemente por la bolsa que llevaba en la mano y el caminar cansado, con las piernas ligeramente torcidas sobre unos zapatos sin tacón.
Ahora pasa alguna furgoneta de reparto, y otras aparcan en la acera de enfrente para que los conductores hagan un alto en el bar de abajo. Abrió hace una media hora, cuando estaba en el balcón tomando el café y pude oir cómo se levantaba la persiana metálica y Angelines encendía la tele. Hasta mí subió un olor indescriptible a bar recién fregado, ventilándose después de una noche de juerga.
Ahora algún listo pone su coche tuneado a 100 por hora en un tramo de unos escasos 120 metros. Da unos cuantos golpes de gas y frena; los stops son orientativos. Y un servidor, en pijama, con una chaqueta naranja por encima y la segunda taza de café en la mano va a darle al botón de publicar entrada para salir de nuevo al balcón y esperar a que amanezca, que no es poco.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Getting started

Bueno, pues una vez más estoy delante de la pantalla preguntándome por qué empiezo un blog.
Será uno de esos casos de "culo veo culo quiero", porque hoy día todo el mundo tiene un espacio en Internet donde verter sus ideas y sus opiniones sobre cualquier asunto. Ayer encontré el de un primo político con el que apenas había hablado, y resulta que es un tipo la mar de interesante, un pionero en el mundo de los blogs.
En mi caso no es la primera vez que empiezo uno de éstos, pero siempre habían sido bajo pseudónimo y sobre temas muy concretos. Ahora lo que me apetece es escribir cómo me de la real gana, como en el fotolog, aunque esto es algo distinto. Un fotolog es bastante limitado, pero un blog tiene otra función. Menos social y más personal, fiel reflejo de su autor. Creo.
Diré que me gusta escribir, que disfruto leyendo lo que escribe otra gente y que el fin de este blog no es otro que hablar de todo, sin un tema determinado y diciendo lo que me venga en gana, que para eso está. Si surgen temas de política, arte, música, literatura... bienvenidos sean.
No sé si esto lo leerá mucha gente, pero a estas alturas sé que siempre acaba pasando alguien. Así que para todos aquellos que lean esto: bienvenidos.