miércoles, 31 de diciembre de 2008

Propósitos de Año Nuevo

  1. Apuntarme a un gimnasio (por enésima vez).
  2. Estudiar todos los días.
  3. No hacer chistes ni bromas macabras, intentando atemperar mi humor negro.
  4. No ser un arrastrado emocional (también por enésima vez).
  5. Acordarme de todas las fechas de cumpleaños de mis amigos y parientes.
  6. Dejar el alcohol de una vez por todas y para siempre.
  7. Fijarme en las pelirrojas y pasar de rubias y morenas. Si estas también fallan, pasarme a las que no tienen pelo.
  8. Comprarme otros vaqueros y zapatillas (que yo siempre llamé tennis, con asco, para qué negarlo).
  9. Viajar más, si puedo.
  10. Tocar el piano todos los días para que no se me oxiden los dedos (no hagáis chistes fáciles).
  11. Darle menos vueltas a la cabeza y preocuparme menos por asuntos que no están en mi mano.
  12. Empezar a escribir los TADs.
  13. Leer más sobre arte y menos literatura.
  14. Leer más literatura contemporánea (qué contradicción).
  15. Contradecirme menos.
  16. Comerme de una vez por todas ese maldito churrasco con el Parga y el Prado.
  17. Ir más al Meia.
  18. Resistir un jueves hasta las 8 de la mañana con von Meilán, la tulli y el armiño, o por lo menos aguantar más de 10 minutos en el Maycar.
  19. No esperar a escribir los trabajos el día antes de entregarlos.
  20. Ser una buenísima persona, en general. Como no va a ser posible, ser una buenísima persona, en sargento.
  21. [Extra] Dejar de hacer chistes malos con juegos de palabras.

Y, se sobreentiende que va un ¡FELIZ AÑO! a todos los que se pasen por estos lares.

martes, 30 de diciembre de 2008

El que esté libre de pecado...

No me gustan las religiones porque creo que se basan en un hedonismo exagerado. Cualquiera de ellas, no sólo la cristiana: la persona religiosa está convencida de ser mejor que el resto porque se cree portadora de la verdad absoluta. Un ser religioso cree a ciegas y no duda, y si lo hace es para salir con una fe reforzada e inquebrantable.
No me gustan porque asumir una posición moral y ética por encima del resto del mundo me parece absurdo y peligroso, y porque matar en nombre de algo inmaterial, sin esencia ni potencia, me parece idiota.
No quiero ser demagógico ni hablar a favor de una y en contra de otras, sino que cada una ha tenido su particular modus operandi y ha cumplido su función con mayor o menor fortuna. No voy a decir que todo lo relacionado con la religión sea malo: normalmente los principios fundamentales son realmente encomiables, como el amor fraterno cristiano, la iluminación budista o el pacifismo hinduísta. Todo eso está muy bien, pero la carga dogmática de alrededor sobra, y cualquiera con dos dedos de frente puede llegar a esas conclusiones sin tener que creer en la inmaculada concepción, la reencarnación de los lamas ni los brazos de Shiva.
Esas pequeñas diferencias que constituyen la esencia de la religión -porque curiosamente los mitos cosmológicos, los fines espirituales y los ritos muchas veces coinciden sospechosamente- esas pequeñas diferencias, decía, son las que causan asperezas y provocan conflictos.
No creo en mitos que nos ayuden a comprender el mundo, ni tengo la necesidad de buscar explicaciones enrevesadas a cuestiones que no tienen respuesta. No necesito el perdón de nadie simplemente por nacer, ni creer en un señor que nace de una virgen fecundada por una paloma y que resucita -el parecido con algunas historias de súper héroes no es baladí- y tampoco creo que un señor mayor que se ha pasado la vida entre libros de teología y diciendo misa sea más bueno que yo.
El problema de todas estas religiones es que necesitan revestirse de una capa extraña y contraria a todo sentido común, una necesidad de librarse de la ignorancia del ser humano a toda costa, aunque sea buscando explicaciones tan válidas como los extraterrestres o la generación espontánea. Quizás porque el ser humano es el único consciente de que no sabe -mirad lo que son las cosas, al final volvemos al "sólo sé que no sé nada"- y eso le jode.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Cuestión de Estética.

Lo de la Estética va con mayúsculas porque no me refiero a lo del maquillaje y la peluquería. Al menos no en el sentido que la mayoría le puede dar, porque cuando el año pasado tenía Ideas Estéticas II la gente me preguntaba si eso iba de pintarnos la raya del ojo y saber combinar lápices de labios con sombra de ojos.
El motivo de esta entrada es una provocación al establishment que tuve el honor -y el placer- de protagonizar el día de Navidad. El día 24 fui por primera vez a la misa del gallo en la catedral de León. Uno, que a estas alturas de la vida todavía es un iluso, esperaba encontrarse con un aparato litúrgico del copón, con el obispo y un montón de curas todos engalanados para celebrar el nacimiento del hijo de Dios. Esperaba ver el altar mayor reluciendo con velas y la música del órgano atronando en la nave, con los cristales de esas maravillosas vidrieras temblando.
Pero no. Resulta que la misa fue en la capilla de Santiago, sin obispo y sin despliegue litúrgico, con un pequeño órgano y cinco curas. Lo peor, vamos. Y esto lo comentaba yo al día siguiente en la comida de Navidad, ante mi padre y una prima suya, que se lo tomaban a coña y me llamaban retrógrado por defender la misa en latín y toda la pompa y el boato de antes.
Tengo que explicar que lo de la misa en latín y la parafernalia lo defiendo por simple gusto estético. El dogma y la doctrina me dan mucho por saco, y todo eso del amor cristiano y la defensa de la familia que tanto gusta a Rouco y a nuestra Conferencia Episcopal me es absolutamente ajeno. Igual que las opiniones de la Santa Iglesia de Roma sobre el aborto, por un oído me entran y por otro me salen.
Yo dije que el Concilio Vaticano II hizo mucho daño, no en el plano dogmático que ahí cada cual se las entienda, pero sí en el asunto de los ritos. Se reían cuando yo decía que antes no había monjas con guitarras cantando "Alabaré, alabaré", y lo mismo cuando hablaba de la Almudena y las pinturitas de Kiko Argüello. Símbolos de mal gusto que según ellos carecen de importancia porque según su parecer, la Iglesia tiene que modernizarse.
Yo creo que no. Que es imposible modernizar una institución que se basa en unos textos con 2000 años y cuyo momento fundacional lo constituye una paloma fecundando a una virgen, ante la mirada extraña y altamente sintomática de un San José que tendría un lógico recelo por las aves el resto de sus días.
Intentar modernizar algo así es inútil, porque la base es la misma y lo único que se hace es un lavado de imagen, que en este caso no va a mejor. Que vayan al Vaticano y entren en la Capilla Sixtina, o que escuchen una misa de Palestrina; que cojan un códice medieval y vean la calidad de las miniaturas y el gusto exquisito del copista, que se sientan subyugados bajo el baldaquino de Bernini o ante la tumba de Alejandro VI.
Ahora que cambien todo eso por la monja de turno con la sempiterna guitarra, por un corillo de jóvenes fieles del Opus Dei cantando "Juan Pablo II te quiere todo el mundo", las pinturas de Miguel Ángel y Rafael por los murales de Kiko y la arquitectura de Bramante por la de Chueca Goitia. Al final es triste pensar que en una simple cuestión de imagen la Iglesia ha caído en picado -también en pecado- para convertir sus nuevas catedrales den refugios de la estética kitsch más cutre, dignas de ser escenarios de una película de Almodóvar.
Y lo que es peor, se celebra con mayor pompa y solemnidad el cumpleaños del hermano del papa que el nacimiento del hijo de Dios hecho hombre. Vivir para ver.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Sangre vienesa, bombones y el Danubio azul.

El concierto de Año Nuevo es una horterada, pero a mí me gusta. Soy así, y aunque muchas veces hablo de buen gusto y ese tipo de banalidades que hacen la vida más llevadera, lo de los vieneses -cada vez más, japoneses- me llena de orgullo y satisfacción.
Me gustan las tradiciones, eso no es ninguna novedad. Y me gusta la música casi por encima de cualquier cosa -Pilar Rubio no cuenta- así que lo de que unos señores se reúnan todos los años, el primer día de enero, para celebrar un año más con música de los Strauss y toda la vaina, me parece de lo más encomiable.
Por otra parte, Viena tiene un punto que no llega a hortera. Mi amigo Carlos lo dice siempre: es ese grado de "horteridad" que un paso más allá ya sería americano. Sin embargo, con todo el rosa, las velas, las flores de Pascua y la Sala dorada reluciendo como un relicario, las bailarinas de ballet en los jardines del Hofburg o en el gran salón de Schönbrunn... todo ello es necesario para que se desate la magia.
Cualquiera puede disfrutar de la música, que es el lenguaje más universal del mundo. Cualquiera puede admirar los gestos de un director - Carlitos Kleiber, allá dónde estés, recibe mi más sincera ovación- y dejarse llevar por la suave cadencia de un vals.
En nochevieja intentaré no pasarme con el champan para poder levantarme a ver el concierto. Y si alguien que lee esto, por una casualidad de la vida, nunca ha tenido esa experiencia, le aconsejo encarecidamente que haga el esfuerzo y salga de la cama para ver este año a Baremboim dirigiendo el Danubio azul y la Marcha Radetzky.
Me lo agradecerán.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Cumpleaños de La Voz.

Estamos celebrando con retraso el cumpleaños de Ol'Blue Eyes, La Voz. El viejo Sinatra, que hace 93 años nacía en Hoboken, NY. Me perdonaréis el postureo y toda la pedantería que se pueda presuponer al celebrar este tipo de eventos, como cuando en Santiago nos juntamos para celebrar el nacimiento de Bach (21 de marzo) o el de Mozart (27 de enero), pero creo que en la Historia de la Música hay fechas clave, y Frank se ha ganado a pulso estar entre los más grandes.
Hay voces y voces. La ópera es un mundo aparte, donde el sentimiento se mezcla con un punto de admiración intelectual que en cierto modo contamina la esencia de la música. Lo que Nietzsche había condenado del arte wagneriano, digamos. Es auténtico en muchos casos (Rossini, Mozart...) pero en otros muchos resulta falso. Con Sinatra no sucede lo mismo. Es una voz que te coge por los bajos y te obliga a escuchar, que transmite más allá de la historia o del contexto, que no necesita un teatro para resonar ni un atrezzo que le sirva de apoyo.
Son letras mucho más directas, como las de Ella Fitzgerald -junto con Frank probablemente una de las voces más importantes del siglo XX- que te subyugan y te sacan lo más profundo de lo que llevas dentro. Como decía Chris Noth en un capítulo de Sex and the city cuando Sarah Jessica Parker le preguntaba si había llorado por ella:
-No, pero he escuchado mucho a Sinatra.

Feliz cumpleaños, Frank, aunque sea con retraso y dónde quiera que estés. Bien sabe Dios que me he bebido un Jack Daniel's a tu salud, y que tengo más que agradecerte que a ningún otro cantante.
Fucking awesome Ol' Blue Eyes!

viernes, 19 de diciembre de 2008

¡Vacaciones!

Sonará ridículo, pero las necesitaba. Digo que es ridículo porque con tres asignaturas ya me contaréis de qué puedo estar cansado, pero últimamente Santiago ya no es lo que era. Es cierto que me muevo en círculos nuevos -el señor von Meilán, la armiño y la tulli darán buena cuenta de ello- y que hasta me atrevo a beber esa horrorosa mezcla de vino con Coca-Cola que había jurado no probar en mi vida. Vivir para ver.
Ahora vienen un par de semanas tranquilas, viendo a los amigos del pueblo y de comida en comida y de cena en cena, ideal para arruinar todo propósito saludable y que hará que un año más sonría con cinismo cuando escriba mis propósitos de año nuevo, encabezando la lista con el típico "apuntarme a un gimnasio", seguido por el "estudiar al día" y acabando con otros impúdicos que no se pueden hacer públicos -observad sutil juego de palabras-.
En líneas generales, y aunque todavía falta un poco para terminar el año, creo que el balance es positivo. Los viajes de siempre, los amigos de siempre y algunos nuevos, la carrera que parece interminable pero a la que le quedan 4 telediarios... En fin, a ver qué nos deparan estos 12 días que le quedan al 2008, que muy malos tendrían que ser para nublarme el juicio y el buen sabor de boca -tan bueno como se puede tener después de una cena de clase y la consabida resaca-.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Bienvenue au Cirque du Soleil!

Es raro que no haya escrito nada sobre el Circo. Hace tiempo, cuando oía hablar a Iago y a Carlos del Circo del Sol (Cirque de ahora en adelante) me daba la risa porque parecía más una religión que un entretenimiento. Ahora, yo mismo me he convertido en fan -hay qué ver a dónde llegamos- y cuando podemos nos hacemos un viaje para ver algún espectáculo por el mundo adelante.
El sábado estuvimos viendo Varekai en Madrid. El Cirque es una experiencia diferente a lo que estamos acostumbrados. No hay leones ni elefantes, no hay tías que te cortan la entrada y luego se suben al trapecio, después se ponen una bata y venden palomitas. El Cirque es un espectáculo que combina acrobacias y teatro, con una puesta en escena espectacular y la música en directo, la iluminación estudiada y una tecnología puntera. Lo mejor de lo mejor y recomendable para niños, abuelos y adultos -recordaré siempre cómo mi padre, escéptico, abría la boca la primera vez que vimos Alegría-.
Es un comentario corto, pero tampoco tengo mucho tiempo y sólo quería dejar constancia del evento. Si alguien tiene la oportunidad de ir, que no se lo pierda porque merece mucho la pena. Y si tiene la suerte de ver a unos españoles como los Rampín haciendo su número, sencillamente tendrá una experiencia inolvidable.
C'est tout!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido...

El amigo Sabina, de quien hasta hace poco yo sólo sabía que le había pegado duro a la pálida dama, como dice él, y que me debía por lo menos 15 euros después del aborto de concierto que hicieron el año pasado en Santiago, sabe mucho.
No es por ir de guay -yo es que no soporto a los guays, eso ya lo sabéis- pero a veces a uno le hace más compañía una canción que estar rodeado de gente. Ayer me tocó la fibra, aquí el Joaquinito, cuando después de salir de juerga un rato con mis amiguetes (von Meilán, el armiño y la tulli) decidí retirarme. Creo que fue Napoleón el que dijo que una retirada a tiempo es una victoria, y en mi caso estoy de acuerdo.
Decía todo esto porque ayer, aunque bebimos moderadamente, a mí no me hizo efecto. Hay días que pasan estas cosas, y otros con un par de vinos ya noto como el mundo da vueltas, pero ayer nada. Ni después de las tazas del 46, ni después de la cerveza del Abellá ni de las tazas del Orense. Bien mirado, tampoco bebimos tanto.
El caso es que estaba yo en mi casita mientras los otros 3 sujetos se dirigían al Bar-Tolo, pensando en la letra de Nº7, Calle Melancolía, y así estuve un buen rato hasta que me fui a la cama -a dormir hasta que vinieron a rondarme bajo la ventana- intentando conciliar el sueño sin pensar demasiado, que como Don Quijote, uno puede perder el sentido de pasar los días leyendo de claro en claro y las noches de turbio en turbio.
De todos modos, aunque cuando me vinieron a timbrar hubo un momento en el que me dieron ganas de vestirme y bajar a seguir la farra, estoy ligeramente -sólo ligeramente, que más es pecado- orgulloso de haberme contenido y de no bajar para seguir bebiendo y acabar haciendo el ridículo persiguiendo Princesas -noten el delicado y sutil juego de palabras, eh- como habría sido habitual.
A un yonqui para desengancharlo lo encierran y le quitan la droga. Me pregunto si no irá siendo hora de que un servidor haga su particular terapia, e intente cortar de raíz con sus fantasmas.
Aunque duela.