jueves, 31 de diciembre de 2009

Libros para el 2010.

De la lista de este año que se acaba sólo cayeron 3: La conjura de los necios, Mientras agonizo y El amor en los tiempos del cólera. Leí muchos otros que no estaban en la lista, y por una cosa y otra me di cuenta de que un año no es tan largo -Carlos me dirá que a partir de ahora pasan en un vuelo-. En fin, ahí va la lista para este año:
  • El nuevo de Pérez-Reverte en cuanto salga en marzo.
  • En busca del tiempo perdido (I. Por la parte de Swann), M. Proust (y sus catleyas)
  • Historia de la piratería, Ph. Gosse
  • Bomarzo, M. Mújica Láinez (de verdad que este año me lo leo, Carlos)
  • Molloy, S. Beckett
  • Tu rostro mañana, J. Marías
  • La montaña mágica, Th. Mann
  • El siglo de las luces, A. Carpentier
  • Firmin, S. Savage

De momento seré realista y no me dejaré llevar por el entusiasmo. A ver si al final de año puedo decir que aumenté el porcentaje del 2009 y leí más de 3.

martes, 29 de diciembre de 2009

De espaldas.

Viajero ante un mar de nieblas, C. D. Friedrich, 1818 (Kunsthalle, Hamburgo)
Se trata del icono del Romanticismo, lo que en música serían los lieder de Schubert y en literatura la poesía de Goethe (estrechamente ligados, por otra parte): la pequeñez del hombre ante el mundo, la contemplación del paisaje, la soledad... y en esos poemas con música el amor, las desgracias impuestas por el Destino y un sentimiento de fatalidad: aquello del hic iacet pulvis cinis et nihil, pasado de vueltas.
Esto es lo que le pasa a los románticos de principios del XIX, y cuando la cosa avanza y se llega a cierto optimismo, resulta que el romanticismo pasa a ser otra cosa, se transforma: música de Chopin, novelas de Dumas en las que los amantes acaban juntos -después de que les cueste un huevo y de pasar mil penurias, pero juntos- y edificios neo-rococós con mucha floritura y mucha decoración. La gente se acostumbró a que el arte les proporcionara unos ideales de felicidad y una joie de vivre, motivos encomiables que perseguir en sus vidas y a los que aspirar.
Hoy seguimos con esta tradición, y en el cine ganan los buenos y a los malos les dan las suyas y las de su madre, en las novelas el detective se queda con la rubia, y en la música triunfan Carlos Baute y Marta Sánchez en un videoclip tan edulcorado que puede provocar una diabetes. Después resulta que en algún momento nos damos una hostia y se nos queda cara de imbéciles, como de conejo deslumbrado por unos focos de coche en la carretera o de tonto del nabo que se da con una puerta de cristal por ir pensando en las musarañas.
Por eso el viajero de Friedrich está de espaldas: porque seguramente tenga la mayor cara de imbécil del mundo al intuir lo estúpidos que podemos llegar a ser.
Bendito sea.

sábado, 26 de diciembre de 2009

"Desmayarse, atreverse, estar furioso..."

Conozco a una chica estupenda a la que no le gusta la poesía. Deben producirle cierto repelús los sonetos, los alejandrinos y las rimas consonantes, aunque en algún momento nos hemos encontrado intentando leer un soneto de Quevedo a altas horas de la madrugada con más buena voluntad que acierto.
Conociendo algunos de sus rasgos me extraña estas desavenencias poéticas, porque estoy convencido de que en el cine -le encanta- hay imágenes que son pura poesía y que se sirven de la misma técnica: la utilización de un lenguaje de una forma estética para provocar una serie de sensaciones. Ésto sería aplicable a todo el arte en general, pero bueno, yo a lo que iba. Que últimamente -ya se habrán dado cuenta de que van unas cuantas- encuentro poesías bastante simpáticas y de tema generalmente amatorio (el Siglo de Oro dio para mucho, rediós), y ahí va la última, que ya casi no recordaba, esta vez del Fénix de los Ingenios.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635)

jueves, 24 de diciembre de 2009

Un souvenir divino.

Estoy viendo la Misa del gallo por La 2. Reconozco que me encantan estas cosas, fundamentalmente por la puesta en escena y la parafernalia; personalmente no me creo nada, pero me gusta ver cómo se organizan y el bombo que le dan, la liturgia y esas cosas.
Hace un minuto estaban con la comunión, y entre negritos, sudamericanos y europeos -enfocados con igualdad de peso, por aquello de la Iglesia Universal y tal- ponían planos de Benedicto dando el cuerpo de Cristo una fila de enchufados encorbatados con muy buena pinta y posibles.
Lo que me llamó la atención fue que el fondo del plano eran dos fotógrafos a los que no se les veía la cara, sólo las cámaras, que subían con idéntico ritmo y se relajaban al mismo tiempo: cada vez que un encorbatado se arrodillaba para recibir la hostia las cámaras le hacían una foto, en el momento en el que el papa le ponía delante del careto la encarnación del hijo de Dios en forma de pan sin levadura.
Me preguntaba si, como en Port Aventura o en Disneylandia, cuando acabe el show los invitados pasarán por un chiringuito en el que estén expuestas todas las fotografías y puedan buscar la suya, y llegado el caso, si les gusta, llevársela a casa por un módico precio -marco no incluído, aunque disponible en gran variedad de materiales por un pequeño suplemento- para enseñársela a las visitas o para exponerla en el recibidor.
¿Con mitra será más caro? ¿Si quiero al cardenal Ruini al otro lado me hacen 2x1? ¿Hay descuento para entrar en los Museos Vaticanos enseñando el ticket de compra? ¿Cuántos años de purgatorio me convalidan si la compro? Beni, Beni... no te reconozco.

martes, 22 de diciembre de 2009

Noticias de un amigo.

Encontré la nota dentro de un libro suyo, mecanografiada con pulcritud sobre un papel duro y grisáceo, firmada con tinta azul y fechada en noviembre de este año.
En ella me informa de su trabajo reciente, de las revisiones del texto y del cansancio que comporta la última etapa antes de que su nueva obra vea la luz; antes de que podamos leerla y decirle "vale macho, otra más", o "menudo peñazo que te has marcado, Arturín". De momento nunca podría haberle dicho esto último. Nunca me ha decepcionado con una novela, y mucho menos con un artículo.
Lo confieso, soy seguidor incondicional suyo porque se lo ha ganado dándole a la tecla semana tras semana, y porque las más de las veces dice cosas que yo también pienso, pero con una contundencia que a mí se me escapa. Soy tan incondicional que más de una vez me he visto escribiendo con su estilo -ese estilo que un gilipollas le negó y le criticó-, cuando no plagiando abiertamente formas de expresarse que inconfundiblemente llevan su sello.
Aquí mi amigo debe ser hombre ocupado, con las reuniones que su selecto y respetabilísimo club de caballeros y damas organiza. Supongo que cuando no está leyendo -se reconoce lector de folletines de capa y espada- está escribiendo, o participando en debates sesudos sobre lenguas, historia y literatura. Además debe ser difícil de encontrar, porque cuando no está ocupado le da por echarse al mar, y ahí a ver quién es el guapo que lo localiza.
En cualquier caso, me ha gustado recibir noticias suyas y saber que dentro de poco voy a tener algo más en lo que maltratarme la vista leyendo, como el Ingenioso Hidalgo, las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Ya lo dijo Francesco.

Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.
Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,

ni me retiene ni me suelta el lazo;
y no me mata Amor ni me deshierra,
ni me quiere ni quita mi embarazo.
Veo sin ojos y sin lengua grito;

y pido ayuda y parecer anhelo;
a otros amo y por mí me siento odiado.
Llorando grito y el dolor transito;

muerte y vida me dan igual desvelo;
por vos estoy, Señora, en este estado.

Francesco Petrarca (1304-1374)

lunes, 14 de diciembre de 2009

Anita.

Hace un par de días que descubrí a Anita, por un cúmulo de casualidades demasiado largo para explicar. Estaba con Llenderrozos desayunando en un bar de Oviedo cuando en la tele aparece una rubia que me recordaba a alguien. Le pregunto: "¿a quién se te parece ésa?" y él me dice que si no fuera porque el programa son los Desayunos de T.V.E., "a Emma Thompson".
A la grandísima Emma la entrevistaba Ana Pastor, y yo, como las veces que había visto 59 segundos no había aguantado más de 30 -no estoy orgulloso, pero es así- descubrí a una mujer guapísima e inteligente. Como es natural me puse a investigar por esto de Internet, a ver quién era y de dónde había salido esta mujer, en feudos que antes fueron de Rosa María Mateo y Olga Viza. Al final acabé encontrando su blog -bendito Internet- en el que estaba colgada la entrevista, y su última entrada a estas horas lleva por título Where is the love?
Y yo, tonto perdido, sonrío y pienso que por las mañanas está rondando por Torrespaña.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Mendel & Sons

Ayer vi un cd en una estantería y, cual magdalena proustiana, me recordó una anécdota simpática de mis años de instituto. El cd en cuestión son la sinfonías 3 y 4 de Mendelssohn, y la anécdota tiene que ver con cierta profesora que nos daba música en 1º de Bachillerato. La chica era bastante joven, boba, y estaba muy buena, pero de música no tenía ni puñetera idea (afortunadamente conservo unos apuntes que nos dio una vez escritos por ella para demostrarlo si hace falta).
El caso es que un día en clase dijo que nos iba a poner la marcha nupcial de Mendel y Son, y yo, antes de pensar y de darme cuenta de lo que estaba haciendo, le espeté:
-Es Mendelssohn; "Mendel" solo era el de los guisantes.
Yo es que era un macarra.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Los visitantes anónimos.

Hace tiempo creé una cuenta en Google Analytics por pura curiosidad: quería saber cuánta gente pasaba por aquí, porque nunca tuve demasiado claro qué volumen de público podía tener una cosa de éstas, de soltar pajas mentales y de gritar contra el mundo las más de las veces -aunque he de reconocer que últimamente estoy pacífico-. Lo que me llamó la atención no fue el número de visitas, sino el hecho de ver que hay gente que llega a este blog desde América, desde Polonia o desde Sudáfrica, y yo me pregunto "¿qué demonios estarían buscando en el interné para dar con sus huesos en estos pagos?".
Cuando alguno deja un comentario suelo ir a ver el perfil y a visitar su espacio, la mayoría de las veces por simple cortesía, y otras porque me ha gustado lo que han dicho y me interesa saber un poco más de esa persona. La mejor sensación en estos casos es la de descubrir blogs de gente que cojea de nuestro mismo lado, en ocasiones escribiendo de forma similar, y que va pasando por las mismas etapas y sensaciones que uno.
Se me pone la sonrisita boba del saber que uno no grita solo contra el mundo -y ya he dicho que estoy pacífico...- y de que hay gente ahí fuera que siente y padece como un servidor, que se le revuelven las tripas con las mismas cosas y que se ilusiona con otras muy parecidas a las propias. Me alegra el día cada vez que "conozco" a alguien así, y me entristece pensar que ésto acabe siendo un último refugio contra la irracionalidad del mundo, cual aldea gala irreductible, en la que sólo nos quede ampararnos y entendernos los unos a los otros entre megabites y fríos píxeles, sin llegar nunca a conocernos de verdad.
Decía Rattle en una entrevista que las relaciones entre personas siempre son más fáciles si están en la misma habitación. Desgraciadamente no siempre es posible, así que todo aquéllo que sirva para acercarnos, bienvenido sea.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Igual hoy que hace 350 años.

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

[De un soneto de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)]

domingo, 22 de noviembre de 2009

El milagro de Jack.

Carta de Miguel Hermoso a Billy Wilder (copio sin pudor de la Historia del Cine Diario 16):
Escúchame atentamente, Billy, te diré una cosa. Es con respecto al chalado ése, actor que siempre hace de simple; tú le conoces bien porque has trabajado con él varias veces. El tipo tiene un rostro de lo más vulgar y un apellido cómico de veras: Limón.
Bueno, pues yo tenía un problema con él. Porque tú veías en las películas a los otros grandes actores, a Tracy, o a Fonda, o a Stewart o a Brando, y decías: "Qué buena interpretación hace aquí Spencer Tracy" o "en esta película Marlon Brando no está tan bien como en aquella otra".
Pero cuando intentaba fijarme en Jack Lemmon, la cosa no funcionaba. El tipo debía tener un truco para que no estuviese uno atento a esas cosas; porque parecía tan normal, tan cotidiano, tan simple, que a los diez minutos de proyección te enganchaba el personaje aquel y te olvidabas de que era un actor el que lo interpretaba y era imposible juzgar su trabajao, si estaba bien o mal hecho.
Recuerdo en aquella Irma la dulce en que se enamoraba de una puta, o en Con faldas y a lo loco en que andaba por ahí vestido de mujer, o en Días de vino y rosas que hacía de alcohólico, o en aquella otra película de periodista, Primera plana. Bueno, pues la verdad es que como actor no hacía nada importante, salvo que los personajes parecían como uno mismo, ¿entiendes, Billy?, o sea, como el lado tonto y ridículo que todos tenemos dentro: sólo eso. Y así siempre. En aquélla, El apartamento, en la que prestaba su casa a sus jefes, o en esa que ha hecho hace poco, Desaparecido, que no era de reír; yo siempre tenía con él el mismo problema, porque como no hacía nada extraordinario, sino simplemente embaucarme con sus trucos, pues no podía tener opinión de él como actor.
Pero ahora, Billy, después de mucho pensar, escúchame lo que te digo: creo que he adivinado sus secreto y conozco su truco; le he cogido, Billy, le he cogido.
¿Sabes a la conclusión a la que he llegado? Pues que el tipo, no es que sea natural o humano. Lo que ocurre es que todo lo que pasa en las películas es la verdad, ¿entiendes, Billy? Es la verdad.
O sea, que yo creo que Lemmon, en la vida real, es periodista y alcohólico, y su novia es una puta, y se traviste de vez en cuando, y le presta su apartamento a sus productores y tiene un hijo en Chile.
Porque eso resulta tan normal. No hay otra explicación.
Porque yo, Billy, tengo los pies en el suelo y no creo en los milagros.

martes, 17 de noviembre de 2009

I'm lovin'it!

Zoosk, que es majísimo, me pregunta a través de un anuncio de Facebook si me gustan las mujeres hermosas. Yo, que soy un cabrito, estoy tentado a decirle que no, que a mí cuánto más feas mejor, y si puede ser con verrugas peludas y dientes postizos entonces ya me vuelven loco perdido.
La foto del anuncio de Zoosk es una rubia con unas tetas de aquí a mañana, y otra rubia que se acerca peligrosamente a la zona "monumental" -porque no se me ocurre epíteto más apropiado- en actitud besucona. Ignoro si a las chicas en su perfil les aparece este tipo de publicidad, pero algo me dice que no.
Me puedo hacer fan de Zoosk, ya que como me sugiere el anuncio puedo "Crear un perfil para ver la tía buena". La cosificación de la señorita viene reforzada por la ausencia de la preposición "a" después del "ver": "ven a ver un coche", "ven a ver un Picasso", "ven a ver un cadáver en una cuneta", pero cuando se trata de personas se suele decir "ven a ver a mi prima", por ejemplo.
Evidentemente deberíamos pensar que "la tía buena" es un piropo, ya que al menos la considera mínimamente humana, cuando en realidad lo que quiere decir Zoosk es que puedo "Crear una cuenta de perfil para verle las tetas a esta guarrilla", lo cual es políticamente incorrecto hasta en un medio tan ambiguo como Facebook.
Por lo menos ya no es aquel anuncio que con muy mala hostia te preguntaba "Hola, ¿estás solo?"; lo malo es que aquella mala hostia ha sido sustituida por un muestrario de implantes de silicona, y a la hora de la verdad no hay demasiada diferencia entre estar obligado a ver éso y el escaparate de una carnicería que no deja de exponer cochinillos y longanizas. Aún cuando no tengas hambre.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Cuestión de acentos y de vergüenza torera.

Me ponen nervioso las faltas de ortografía. No puedo con ellas, y ver palabras mal escritas me roe las entrañas como un mal licor un día después de una juerga. Cuando se trata de escritos personales puedo pasar y quedarme con un simple fruncimiento de ceño, preguntándome qué clase de profesores ha tenido la gente que no sabe que "este" (determinante demostrativo) se convierte en "éste" cuando se trata de un pronombre demostrativo. Pueden llamarme gilipollas, pero difícilmente aceptaría leer de forma voluntaria algo en lo que haya faltas de ese tipo.
El asunto sale porque hace poco envié un correo electrónico a una editorial, protestando porque un libro contiene numerosas faltas de ese tipo y porque los traductores hacen un uso horroroso de los signos de puntuación. A veces las comas carecen de sentido, y en otros lugares un punto y seguido se emplea de forma indiferente, olvidándose los buenos hombres de que hay un invento híbrido que se llama punto y coma.
El libro, además, es de Umberto Eco y se trata de un manual para informar a los universitarios sobre cómo se debe afrontar la tarea de escribir una tesis. Para más INRI, la idea principal del autor era orientarlo a alumnos de literatura y humanidades, que se supone deberían ser especialmente sensibles a estos asuntos.
Hasta hoy no he recibido respuesta de los editores -a los que les sugería cordialmente que antes de tirar 2000 ejemplares se tomaran la molestia de corregir una especie de "libro piloto"-, pero no dudo en que en algún momento algo aparecerá en la bandeja de entrada. No sé de qué tipo (otro asunto peliagudo, las preguntas indirectas), pero sea lo que fuere seguramente habrá mucho interés y mucha complacencia, mucha palmadita en la espalda por estar tan espabilado encontrando erratas, y en la próxima edición volverán a aparecer los mismos monstruos para luchar contra la nobilísima R.A.E.
Si llegan a caer en manos de alguno que yo me sé... Dies irae!

viernes, 6 de noviembre de 2009

"Ésto es un país libre."

Es una de esas frases que se dicen como un topicazo y que suenan más a adolescente cabreado con el mundo que a razonamiento serio, pretendiendo justificar las más de las veces una política de "todo vale" que no se sostiene. ¿Por qué ahora me da por rezongar sobre estas cosas y sobre todo a estas horas de la noche? Pues porque no tengo sueño y porque acabo de leer un artículo en El País sobre Saw VI.
Para empezar no me meto en la polémica sobre si la clasificación X viene o no viene a cuento; tampoco entro en si el género y las formas son sintomáticas de una sociedad enferma porque me parece evidente. Lo que me interesa es ver los comentarios de la gente -que obvien toda cuestión de corrección ortográfica me enerva- y sobre todo los argumentos que aducen para justificarse.
Había uno que decía que declararla X era una especie de censura y que como ésto es un país libre es una medida fascista. Resulta que según qué sectores cualquier tipo de forma efectiva de ejercer el poder es invariablemente un ejemplo de fascismo y de intervencionismo estatal inadmisible porque cada uno es libre de hacer lo que le venga en la real gana.
En ese aspecto me fastidia -obsérvese lo comedido que estoy- la forma en que esa gente alza la voz, negando todo argumento razonable y amparándose en una serie de proclamas facilonas fácilmente identificables; además, decir que "ésto es un país libre" es una fórmula incorrecta ya que el país es un territorio que ni es ni deja de ser libre en el sentido estricto del término; en realidad lo que quieren decir es "ésto es un país donde se garantizan las libertades", lo cual es mucho más apropiado a la hora de mantener un discurso al menos semánticamente coherente.
Me he desfogado escribiendo sobre un hecho que se puede comprobar fácilmente leyendo los comentarios a los artículos, ahora que la prensa digital permite a cualquiera expresar su opinión respecto a cualquier asunto, porque todo el mundo tiene el derecho a decir lo que piensa y porque Internet se lo pone en bandeja de plata. Y sobre todo, porque "ésto es un país libre".

jueves, 5 de noviembre de 2009

Los violines del profesor Hueso.

Él tenía una imaginación desbordante, y la perfección a la que aspiraba era el modelo de la comedia sofisticada de Lubistch. Si alguna vez alguien podría haber rodado un biopic sobre su vida le encantaba especular con la posibilidad de que el protagonista hubiese sido el Cary Grant de Historias de Filadelfia, aunque sabía que nunca podría pasar algo así.
En la vida real se llevaba chascos continuos, porque todo se salía del guión continuamente y tenía que improvisar a diario; y en determinadas situaciones su registro no cuadraba con la escena, y no había dónde apoyarse. Llenaba bien los monólogos sarcásticos, por lo que el protagonista podría ser el Cliffton Webb de Laura, aunque a él en el fondo le gustaría ser Dana Andrews porque es el que se queda con la chica.
Nada se ajustaba a una película de Lubistch ni de Billy Wilder, y le corroía una sensación de inutilidad cuando se daba cuenta de que en la vida real no hay focos ni suenan violines, y la actuación deja mucho que desear. Por eso pensaba que todo sería mucho más fácil si la vida real tuviera una buena banda sonora y, sobre todo, el director de casting adecuado.
Bendito Cliffton.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Un año más (II).

Cada vez que empieza la temporada de caza tengo que sufrir el mismo numerito: unos cazadores, que tienen por costumbre ir a pegar sus tiros los domingos por la mañana, desayunan en el bar de abajo y dejan a sus perros metidos en el remolque debajo de mi ventana. Los perros tienen frío, que a estas alturas del baile ya es considerable a las 7,30 de la mañana, y lloran. Y a mí me despiertan de muy mala hostia, y durante un rato estoy en la cama cagándome en todos los muertos del cazador y acordándome entre alaridos de su puta madre.
En primer lugar, me parece una total falta de espíritu cívico, porque no es que el sonido sea precisamente un débil quejido. En segundo lugar, y esto ya es convicción personal, no creo que la caza se pueda considerar deporte ni admita justificación alguna en un mundo que puede aportar el sustento básico mediante unas producciones alimentarias en cadena sin necesidad de tener que disfrazarse de mamarracho e ir a matar cosas al monte.
En ese aspecto me parece que encierra un elevado grado de hijoputez y cabronería que se podría solucionar si uno de sus compañeros -igualmente cabrones e hijos de puta, por supuesto- decidiera volarle las pelotas con un buen perdigonazo en medio de las piernas. Con un poco de suerte el sujeto se libraría de la muerte pero viviría como un eunuco emasculado, que es lo que se merece. Por despertarme todos los domingos, y porque en este caso caben bastantes dudas entre el grado de animalidad del cazador y el del cazado.

lunes, 26 de octubre de 2009

No quiero saber nada de política.

Estaba leyendo ahora algo en un blog que me ha hecho darme cuenta de que cada vez tengo menos estómago para soportar ciertas noticias, pero sobre todo el tono con el que se tratan ciertas noticias. Uno de esos tipos son las llamadas "del corazón", que si hay justicia en el mundo algún día recibirán su merecido infarto de miocardio. Las otras son las de política, que en ocasiones -más de las que me gustaría reconocer- son mucho más sucias que las primeras, y lo que es peor, con una carga demagógica tan grande que a uno se le revuelven los intestinos de sólo pensarlo.
Observando lo que he venido pariendo en este blog últimamente me noto bastante poco combativo para con el establishment -todo el mundo tiene derecho a su momentito pedante- y la verdad es que estoy más contento que unas castañuelas. He estado pensando por qué últimamente he decidido huir de la política y paso de ver las noticias y de leer periódicos; ni siquiera revistas que no sean especializadas pasan por mis manos. Me he convertido en un anacoreta de la información que ha optado por lo drástico y se ha retirado del mundo de los medios.
Creo que hay varias razones:
Primero, y ya comentado, que un servidor no soporta la demagogia barata de ningún color. Por muy bien que se la pinten.
Segundo, que nunca tuve grandes convencimientos políticos -probablemente porque conozco capullos de todas las filiaciones posibles, así como gente maravillosa de todas las filiaciones posibles- y porque creo que en estas cosas debería gobernar el sentido común y no las consignas.
Tercero, porque según está el panorama del país tampoco creo en grandes diferencias según el bando que corte el bacalao.
Cuarto -y este va para Carlos-, porque al ser la política cuestón de sentimientos, nada se gana discutiendo con una señora que diga "José Mari, qué guapo eres, quiero un hijo tuyo" y otra que suelte "Pepiño Blanco, quiero que me hagas el helicóptero". Y lo mismo llevado al terreno de los supuestos comentaristas especializados.
Quinto y último, porque hablar de política me parece de un gusto espantoso siempre y cuando no se haga analizando con seriedad todos los factores y con un conocimiento real de los hechos, cosa que en este país sólo hacen unos pocos y para eso no en los medios supuestamente serios. La labor que hace el Cardenal en su blog me parece admirable y por eso lo leo con asiduidad -además me parece un tipo muy inteligente y divertido- y es capaz de hacer que no me den ganas de vomitar al leer sobre Zapatero, Esperanza Aguirre o la madre que los parió.
Así que por mí, que cada palo aguante su vela y que Dios se la bendiga. He dicho.

Reflexión tipo Simpson.

Lo malo de una gripe repentina es que lo deja a uno baldado y sin ganas de hacer nada; lo único bueno, si se puede ver así, es que te da mucho tiempo libre; lo malo de eso es que con la fiebre la mitad del tiempo estás en la cama; lo bueno es que desconectas del mundo y sólo te preocupa tu tos y tus problemas; lo malo es que después de la fiebre acaban llegando los mocos; además se suda un montón, y eso no es malo, es peor.

Gracias a Los Simpson y al yogurlado.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Ágora.

Después de casi 1700 años seguimos prácticamente igual, sólo que ahora gracias a lo políticamente correcto y a ciertas fórmulas falsas el hombre puede mentir con mayor eficacia y mejores resultados sin tener que mancharse las manos directamente en el asunto.
Lo fascinante del hombre es que siempre puede superarse a sí mismo y darse otra vuelta de tuerca: no somos mejores, pero lo disimulamos con mayor maestría.
No hace falta una película de Amenábar para darse cuenta de esto. Y sin embargo...

lunes, 19 de octubre de 2009

Two drifters off to see the world.

Llueve incesantemente, hace frío y la gente pasa mirando hacia abajo para no pisar los charcos que se han formado en pocos minutos; las suelas de cuero de unos zapatos de tacón resbalan sobre la piedra mojada, y la chica se agarra al brazo del chico, que es quien lleva el paraguas porque todavía cree en ciertas buenas maneras y porque se supone que es todo un caballero.
Han estado cenando en un sitio elegante, un restaurante que ha abierto sus puertas hace relativamente poco, y el vino ha sido excelente, la cena exquisita y la compañía la más agradable del mundo. El camarero los trataba bien porque hacían una pareja deliciosa, con la perfecta compensación de los comentarios en voz baja de él y la risa cristalina de ella, como el sonido que hacen las copas de vino cuando se pasa un dedo húmedo por el borde. La charla era espontánea y fresca, sin resultar demasiado profunda y llena de miradas por encima del centro de flores que decían más que las palabras.
Salieron del restaurante después de que él pagara la cuenta y dejara una considerable propina, porque es de los que creen que la calidad hay que pagarla; después se metieron en un antro lleno de gente mayor, en una calle cercana, pidiendo cervezas que bebieron a morro y que contrastaban con el estilo seco de él y la elegancia única de ella. La misma sensación que podría tener en un antro de rock duro algún tiempo después, tras salir de un concierto. Unos chicos miraban desde una mesa vecina el vestido negro de ella, con la falda al vuelo que se arremolinaba cada vez que se levantaba y caminaba con pasos cortos, moviendo aquellas preciosas piernas sobre unos tacones en los que se sentía con la mayor soltura.
Poco a poco la gente se fue marchando y cuando se dieron cuenta los camareros estaban recogiendo el local, mientras se mezclaban los sonidos de Sinatra cantando en los altavoces y los taburetes a los que les daban la vuelta encima de la barra.
Salieron un poco bebidos, y caminaron juntos, cogidos del brazo, tal como los encontramos al principio. Después se despiden en un portal con un beso encantador, saboreando cada segundo, fundidos en un abrazo mientras él siente el olor fresco de su pelo, largo y brillante, y un cuerpo cálido que se retuerce entre sus manos bajo el abrigo.
Entonces es cuando él se pregunta si el cretino de su novio sabrá la suerte que tiene.

domingo, 18 de octubre de 2009

De los guías turísticos líbranos, Señor.

Espectaculares y realmente peligrosos, más que un viejo con Parkinson y un Klashnikov después de tomarse unas anfetas. Ayer por la mañana estaba yo todo concentrado en el claustro de la catedral de León haciendo fotos y tomando contacto con la obra (Rocío me dijo que si iba a trabajar sobre él tenía que enamorarme de la obra) cuando en un lapso de tiempo de hora y media pasaron unos 5 grupos de turistas, cada uno guiado por una señorita que desentrañaba los secretos de la arquitectura y la escultura cual Panofsky redivivo.
En ese período escuché hasta cuatro cronologías diferentes de lo que cada una entendía por "Arte Gótico", además de alguna referencia en tono de chascarrillo sobre la estética gótica y las hijas de Zapatero. Lo mejor fue cuando una dijo que la Virgen a la que se le hace la ofrenda es una "talla casi románica" (sic.) y los pobres guiris asentían con asombroso pasmo. La explicación de las bóvedas de Juan de Badajoz tampoco estaba exenta de perlas intelectuales, pero he de confesar que para entonces la sobrecarga de información era ya tan grande que me negué a retener los datos. Otra de ellas decía que la visita al claustro únicamente merecía la pena por la vista de la catedral, que desde fuera "se pierde, así que aprovechen para hacer fotos".
Son una especie endogámica, además, que miran mal cuando uno está demasiado cerca y no ha pagado por sus servicios. Y peor aún, cuando alguno está explicando algo a su grupo sin la acreditación de guía oficial, lo que se considera un caso mayor de intrusismo profesional casi digno de ser llevado ante el Supremo. Esto último nos pasó en Lisboa, cuando David Chao nos explicaba la iglesia de los Jerónimos y una guía le increpó (de pésima manera y con una educación barriobajera, todo hay que decirlo) para que cesara al momento de tan delictivo acto. Momento monumental, por otra parte, cuando Garbayo salió en nuestra defensa apuntándola con un dedo amenazador, sobre el cual matizó "el dedo es mío y me lo meto dónde quiero".
Calculé que en León las visitas guiadas al claustro duran una media de 5 minutos, incuido el tiempo libre para que los turistas se paseen por las pandas y hagan fotos a las "pinturas de Nicolás Francés del siglo XV" que todavía se ven en los muros. 5 minutos pagados a sabe Dios cuánto (la visita individual cuesta 1 mísero euro) para recibir una información incorrecta que en algunos casos llega al auténtico disparate. Yo he de confesar que a mí me divierte porque cuando pienso que ya no se puede ser más zopenco viene otra y lo desmiente.
Ahora entiendo aquello que nos decía Rosa de que la ignorancia es muy atrevida.

viernes, 9 de octubre de 2009

La crisis postmoderna.

Resulta que todos estamos un poco acojonados una vez que hemos acabado la carrera y que somos todos unos licenciados en Historia del Arte. El motivo es que hasta ahora teníamos objetivos claros y a corto plazo; ahora ni siquiera sabemos lo que realmente queremos ni cómo conseguirlo, aún cuando podemos atisbar con mayor o menor acierto lo que se nos ofrece.
En el fondo somos unos atrevidos cobardes que se dan cuenta de las cosas pero a los que les asusta enfrentarse a determinados aspectos que nos obligan a darnos cuenta de lo que ocurre y de que lo que aparece en las novelas no siempre ocurre. A veces reaccionamos con cinismo, que es un arma ingeniosa pero cobarde; otras nos derrumbamos y nos cerramos en nosotros mismos, y las más de las veces, y peligrosas, acabamos descreídos, convencidos de que sin ilusiones tampoco nos vamos a llevar desilusiones.
En ese aspecto, el que suscribe siempre ha sido un romántico de toda la vida. La adhesión a ciertos principios, una confianza ciega en determinadas cuestiones y una fachada bien llevada de cinismo y sarcasmo le han servido para sacarse las castañas del fuego cuando la realidad venía a llamar a la puerta con incansable insistencia. Como los cuatro golpes del inicio de la Quinta sinfonía de Beethoven.
Siempre me he negado a creer en los descreimientos, aún cuando me han intentado abrir los ojos a golpe de navaja buñueliana, y siempre he sido en esos aspectos -aspectos en los que no voy a entrar porque no viene al caso- un optimista incombustible, pese a las posturas cínicas y sarcásticas que casi siempre tienen por objetivo sacarle una sonrisa al público presente.
Si hubiera cedido a los desengaños -que han sido numerosos y dolorosos- hace tiempo que debería haberme cortado las venas, porque sería una forma de vida tan baja y despreciable que no habría merecido la pena. Y esto lo dice un convencido del suicidio a tiempo como única forma digna de irse del mundo sin tener que esperar a que una enfermera -prostitutas de los cuidados médicos- venga a cambiarle los pañales.
No sé si el día de mañana seré un amargado que realmente se crea todos sus cinismos, pero como decía el grandísimo Machado:
fatigas, pero no tantas,
que a fuerza de muchos golpes
hasta el hierro se quebranta.

domingo, 4 de octubre de 2009

Placeres (in)confesables.

Cosas que me gustan:
  1. El olor a café recién hecho al abrir la puerta.
  2. Salir de casa sin propósito y encontrarse a alguien en una terraza.
  3. Las conversaciones tontas y divertidas a altas horas de la mañana en cocinas ajenas.
  4. El olor a libro viejo.
  5. Las mañanas de agosto en la biblioteca de la Facultad cuando no hay nadie.
  6. Los nervios tontos cuando preparo una cena para dos.
  7. Despertarme a las 8 y ver que todavía son las 8.
  8. Oir cómo llueve en el patio de luces mientras todavía estoy en la cama.
  9. Leer varias veces el mismo párrafo cuando me estoy quedando dormido.
  10. Los dedos arrugados cuando estoy demasiado tiempo en la bañera.
  11. Saber que siempre me quedará la Adega do Carlos para ver a mis amigos.
  12. Una sonata de Mozart y un Cola-Cao después de un día duro.
  13. Cualquier cosa de Bach después de cualquier día.
  14. Ver un bebé y darme cuenta de que sonrío sin motivo.
  15. La sonrisa sin motivo de una chica.
  16. Ser consciente de algunas cosas de las que otra gente no se da cuenta.
  17. Madrugar mucho y tomar el primer café en la ventana mientras todo el mundo duerme.
  18. Reírme como un loco viendo películas de Woody Allen.
  19. Decir las frases de Los Simpson al mismo tiempo que en la tele.
  20. Estar pensando lo mismo que algún amigo y la mirada de complicidad momentánea y posterior carcajada.

sábado, 3 de octubre de 2009

Si estaba cantado.

¿Realmente alguien se sorprendió cuando el presidente del COI sacó el papelito del sobre y dijo Río de Janeiro? Al parecer sí: toda la gente, en Madrid y en la delegación española en Copenhague, que lloraba a moco tendido. Ni siquiera las palabras de un vejete que ve la luz al final del túnel ni de una testa coronada conmovieron el corazón de los miembros votantes, que respetaron -como era previsible- la alternancia de continentes que impera desde la Segunda Guerra Mundial.
Por ese motivo ya podíamos tener la sospecha de que Madrid se iba a quedar a dos velas. Por otro, el hecho de que América del Sur no hubiera tenido su oportunidad hasta ahora era el motivo políticamente correcto para dárselos. Tokyo tenía demasiado reciente lo de Pekín 2008, y además la gente del país no estaba muy por la labor. Estados Unidos, por su parte, pese a la visita relámpago de Obama para la presentación de Chicago, no se libra del fantasma de la pésima organización de Atlanta'96, financiada a golpe de cola-dólares y con un escasísimo interés por parte de la población.
Sumando todos estos antecedentes es fácil ver que Madrid 2016 era imposible y que desde el principio íbamos gafados, aún cuando pasamos las dos rondas de votaciones preliminares. Por eso, llorar cuando el presidente del COI sacó el papelito que le daba la sede a Río de Janeiro es como llorar en Titanic cuando se hunde el barco: todo el mundo sabía cómo acababa la película incluso antes de que empezara.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Arte.

Aquí había una entrada sobre política y el circo mediático que nos rodea, pero es un tema de una bajeza tan exagerada que he decidido eliminarla. En su lugar plagio -aunque cuando es por admiración está admitido- al grandísimo Oscar Wilde:
El atista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es el propósito del arte.
El crítico es el que puede traducir a otro estilo o a un nuevo material su impresión de las cosas bellas.
La forma más elevada de crítica, así como la más baja, es un modo de autobiografía.
Quienes encuentran significados feos en las cosas bellas son corruptos sin ser encantadores. Esto es un defecto.
Quienes encuentran significados bellos en las cosas bellas son los cultivados. Para éstos hay esperanza.
Estos son los elegidos para los cuales las cosas bellas sólo significan Belleza.
No hay libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo.
La aversión del siglo XIX por el realismo es la rabia de Calibán al ver su rostro en el espejo.
La aversión del siglo XIX por el romanticismo es la rabia de Calibán al no ver su rostro reflejado en el espejo.
La vida moral de un hombre forma parte del tema del artista, pero la moral del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Hasta las cosas que son verdaderas pueden ser probadas.
Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista es un imperdonable manierismo de estilo.
Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son para el artista instrumentos de un arte.
El vicio y la virtud son para el artista materiales para un arte.
Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, el oficio del actor es el modelo.
Todo arte es a la vez superficie y símbolo.
Quienes van más allá de la superficie lo hacen a su propio riesgo.
Quienes interpretan el símbolo lo hacen a su propio riesgo.
Es al espectador y no la vida lo que realmente refleja el arte.
La diversidad de opiniones acerca de una obra de arte muestra que la obra es nueva, compleja y vital.
Cuando los críticos están en desacuerdo, el artista está de acuerdo consigo mismo.
Podemos perdonar a un hombre por hacer una cosa útil siempre que no la admire. La única excusa para hacer una cosa inútil es que uno la admire profundamente.
Todo arte es completamente inútil.
Oscar Wilde, Prefacio de El retrato de Dorian Gray.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

C.A.C.A. II: en el museo.

Como persona que pretende pasar por culta, usted acabará tarde o temprano dando con sus huesos en un museo. No importa que no sepa absolutamente nada de arte, ni siquiera es necesario tener los más mínimos conocimientos históricos. Incluso confundiendo el David de Miguel Ángel con una lata de sopa de tomate de Warhol, puede pasar por un perfecto caballero siguiendo una serie de consejos que incluso usted podrá entender.
Depende de qué tipo de museo vaya a frecuentar usted, querido e ignorante lector, ya que de uno u otro depende la línea argumental de sus intervenciones: resulta a todas luces evidente que no es lo mismo participar de una conversación de entendidos en pintura holandesa del XVII que de una de "modernos" admiradores de Jackson Pollock.
En cualquier caso, si se trata de pintura (usted siempre sostendrá que es la más noble de todas las artes) hay unas cuantas frases que puede decir sin temor a equivocarse:
- La sutileza del trazo contrasta con la contundente sensación del acabado.
- El nerviosismo de la pincelada es un reflejo del agitado mundo interior del pintor.
- No sugiere nada que Picasso no hubiera dicho hace 60 años (cuidado, esta es peligrosa en según qué ambientes)
- Sí, Rembrandt tenía talento, pero nada que ver con la elegancia de un Claude Lorrain o un Poussin.
- El lenguaje academicista está hoy día tan superado...
- Superficial y pedante.
Y por supuesto, una expresión que deben atesorar como una perla y soltarla sin ninguna cortapisa:
Si nos encontramos en un museo de corte clásico, como el Kunsthistorisches de Viena o la Galleria degli Uffizi en Florencia (usted siempre se referirá al nombre de estos museos en su lengua vernácula, nunca utilice traducciones, que son de lo más vulgar) acudiremos a los grandes maestros del pasado:
- Tiene la fuerza de un Miguel Ángel y la elegancia de un Rafael.
- El efecto de la luz es exquisito, como siempre en las obras de Caravaggio (recomiendo leer la tarjetita que hay al lado del cuadro antes de utilizar esta)
- Un modelado fascinante, propio de un Leonardo.
Si el museo es de arte contemporáneo, como el MoMA, deberíamos citar a los más modernos y despreciar a los antiguos:
- Picasso está sobrevaloradísimo.
- Eso ya lo hizo Rauschemberg y hoy ya no le sorprende a nadie.
- Aquí tienen algunas obras, pero en la Colección Saatchi tienen lo mejor de su producción.
- Warhol me aburre, prefiero los graffiti de la primera producción de Basquiat.
La próxima publicación incuirá el ejemplo práctico de esta segunda parte.
Y recuerde: la perfección no existe, pero puede simularse.

domingo, 13 de septiembre de 2009

C.A.C.A. I (caso práctico)

[Foyer de la Staatsoper una noche de estreno cualquiera. Todos beben champán. Conversación para un entreacto]

Príncipe von Lichnowsky: La soprano ha cantado maravillosamente, creo que nunca he oído semejante interpretación. En mi opinión, la mejor Lucia hasta la fecha.

Cardenal Schönborn: Oh, no se puede negar que la muchacha tiene voz... pero yo no creo que pueda haber nadie como la Callas. Llámenme clásico.

Princesa Kinský: Yo escuché a una señorita encantadora el año pasado en Praga; tenía una voz de ángel.

El tonto que busca integrarse: Oh, yo la escuché también, pero tenía un registro medio bastante pobre.

Cardenal Schönborn: Vaya, parece que contamos con un entendido. ¿Qué opinión le merece a usted el trabajo del director de escena? ¿No le parece demasiado atrevido en una ópera de estas características?

El tonto: Bueno, no me gusta ejercer de abogado del diablo, pero lo cierto es que el resultado es muy poético.

Princesa Kinský: Oh, estoy totalmente de acuerdo, querido amigo. Hace unos años vi un montaje totalmente démodé en la Ópera de la Bastilla que me pareció el colmo del mal gusto.

La mujer del tonto que busca integrarse: ¡Qué me va usted a contar! Yo si tengo que ver otro montaje clásico de Don Giovanni es que me da un pasmo.

Príncipe von Lichnowsky: Últimamente estamos teniendo bastante suerte aquí, en Viena. Además de contar con unos maravillosos montajes el año que viene estrenamos producción de La Traviata.

Cardenal Schönborn: ¿La Traviata? ¿Otra vez? Parece que no haya más óperas en el mundo.

El tonto: Personalmente, creo que La Traviata es una ópera sobrevalorada.

Princesa Kinský: Pero, ¿cómo puede decir eso? A mí me parece tan romántica. Es como El barbero de Sevilla, resulta tan bonito ver cómo al final el amor triunfa.

El tonto: A mí la música de Rossini me parece un tanto ramplona, nada que ver con el sutil lirismo de Donizetti.

Cardenal Schönborn: Muy cierto eso que dice, muy cierto... Donizetti representa todas las virtudes de la escuela italiana. Y dígame, ¿cuál es en su juicio, su mejor ópera?

El tonto: Mi preferida, sin duda, es Elisabetta al castello di Kenilworth.

Príncipe von Lichnowsky: Interesante, sin duda usted es un gran connaisseur y un ejemplo para todos nosotros, pobres dilettanti.

[Suena la campana que anuncia el comienzo del segundo acto.]

Princesa Kinský: Ah, empieza el segundo acto; debo buscar a mi marido el príncipe, discúlpenme. Querido amigo, la próxima vez estaré encantada de continuar nuestra interesante conversación.

Príncipe von Lichnowsky: ¡Cielos, es cierto, cómo pasa el tiempo con una charla interesante! Venga algún día a mi palacio y podremos seguir con el tema. Además tengo una soberbia colección de manuscritos de Beethoven que a buen seguro llamarán su atención. Ha sido un placer.

Cardenal Schönborn: Igualmente le digo, hijo mío. Pásese algún día por el palacio arzobispal a tomar café. Por las tardes suelo recibir a un grupo en el que usted se sentirá a las mil maravillas.

[Y así usted, tonto que busca integrarse, se ganará el favor de los poderosos y también su amistad. Y recuerde: la perfección no existe, pero puede simularse.]

C.A.C.A. I: en la ópera.

Últimamente se lleva mucho cierto tipo de libros, en plan "365 días para ser más culto", "todo lo que hay que saber de la cultura" y demás obras que pretenden acabar con la nulidad intelectual del prójimo.
Yo quiero contribuir con mi granito de arena a tan vasto panorama iniciando mi propio Curso Acelerado de Cultura para Analfabetos (C.A.C.A.), y la primera lección, por estar metido en el meollo últimamente, va a ser la ópera.
Para aquellos que piensen que la ópera era un lugar donde van los ricos a hablar de sus propiedades, a poner verde al servicio y a beber sangre de bebé en copas de cristal de roca... ¡están en lo cierto! El objetivo, evidentemente, es que ustedes, que son más tontos que una piedra, puedan pasar por unos perfectos caballeros y participar de sus conversaciones sin tener que bajar la cabeza y sin sentirse menospreciados por esa gente, que, a todas luces, es mejor que ustedes.
En primer lugar, hay unas cuantas frases que conviene soltar en cualquier conversación que tenga lugar en el foyer, ya sea antes de que comience la representación o en el entreacto, y es altamente recomendable pronunciarlas con total indiferencia, como si fuera un hecho probadísimo del que uno no espera aceptación por parte del interlocutor. Es así y punto. Ahí van:
- Yo creo que La Traviata está sobrevalorada.
- Personalmente encuentro la música de Rossini bastante ramplona, nada que ver con el sutil lirismo de (Bellini/Donizetti)
- La soprano tiene un registro medio bastante pobre.
- No creo que los tempi hayan sido los adecuados; es una obra que exige mucha más calma y reflexión.
- Si tengo que aguantar otra producción clásica de Don Giovanni me da un pasmo (esta es especial para las señoras)
Ahora bien, si en algún momento de la conversación, en la que ya estamos integrados por pleno derecho, un contertulio se interesa sobre nuestros gustos y comete la grandísima vulgaridad de preguntarnos por nuestras óperas favoritas, no diremos que son La Traviata, El barbero de Sevilla, Carmen, Aída o Don Giovanni. Eso está bien para los paletos que viven en caravanas al sur de Alabama y que se casan entre primos.
La lista de óperas recomendadas es ésta:
- Stiffelio (Verdi)
- Edoardo e Cristina (Rossini)
- La lettera anonima (Donizetti)
- Adelson e Salvini (Bellini)
En la próxima entrega mostraremos un ejemplo práctico para que incluso ustedes, con sus limitadas capacidades, puedan ver cómo con esfuerzo y tesón se puede llegar a las más altas cotas de reconocimiento.
Y recuerden : la perfección no existe, pero puede simularse.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

A los señores del COIE y a la Jefa de División de Matrícula y Expedientes muy en particular,

Hoy tuve la inmensa fortuna de pasar gran parte de la mañana frecuentando las diversas ventanillas de sus oficinas. En mí, persona afable y llena de cariño para con mis semejantes, la ocasión fue una oportunidad para entablar conversación con diversos "PAS" (personal de administración y servicios), incluído el mismo inepto que unos meses antes intentó realizar mi matrícula en un TAD (trabajo académicamente dirigido), en lo que acabó siendo una especie de aborto burocrático de primer orden.
Es septiembre, señores míos, aunque el tiempo engaña dando la sensación unas veces de que nos despertamos en un noviembre adelantado, las otras en un julio tórrido y retrasado. En estas fechas, cuando los alumnos vaguetes (ay, ay, ay...) que han dejado asignaturas se pasan los días haciendo exámenes, otros muchos intentan matricularse en los cursos que la oferta académica tiene a bien mostrar para el curso que empieza. Lo que resulta altamente inconcebible es que ustedes, que supuestamente están en la temporada alta del asunto, no ocupen todos los sitios habilitados para atender al personal y encima se anden con chanzas cuando se ha formado una cola que ni la de judíos para entrar en las duchas de Dachau.
Por si no se han dado cuenta, el lugar no es especialmente agradable: hace calor, no hay un solo lugar en el que descansar las nalgas, y aún por encima, los mostradores para escribir (en los que hay atado un bolígrafo bic descapullado con hilo de bramante -he ahí las glorias del Gallaecia Fulget fonsequeño-) están a una altura que provocaría cuando menos una escoliosis galopante.
Por otra parte, su completa nulidad a la hora de enfrentarse al aparato administrativo que ustedes mismos forman, puede llegar a desesperar al más paciente de los mortales. Me gustaría ver a una Madre Teresa intentando matricularse en un Master oficial sin acabar renegando de su fe católica para defecarse en lo más sagrado; o a un Ghandi que quiera pasar las asignaturas optativas de una carrera para la libre configuración de otra. Les aseguro que esos prohombres del pacifismo acabarían por rasgarse las vestiduras cuando por 5ª vez alguien les dijera que fueran al Registro a entregar el impreso X-5.
Yo, que soy así, un cabrón desconfiado por naturaleza, me llevé compañía para pasar el trance. Sé que, al fin y al cabo, esto es como una revisión de próstata, y tarde o temprano alguien te va a dar por culo. Normalmente es el gachó que está en la ventanilla y que te suelta aquel clásico "te falta la fotocopia del DNI". Hoy no fue el de la ventanilla, que todo hay que decirlo, los dos que estaban despachando títulos fueron de lo más amables.
El problema viene cuando el chico te dice que esperes por "Pepa", pero que Pepa se ha ido a una reunión y como no te puede atender que pases a hablar con la jefa del asunto. Mal rollo cuando a uno le mandan pasar a un cubículo acristalado, en el que, como un se mitológico que se alimenta de sangre de bebés y de mala hostia, la jefa vive parapetada detrás de su ordenador; dueña y señora de un mundo que no se extiende más allá de 4 metros cuadrados y en el que su palabra es ley y tiene derechos de soga y cuchillo sobre la vida del pobre que se atreve a molestarla.
A mí me mosqueó en cuanto entré, porque aunque había dos sillas preciosas delante de la mesa la tipa ni se molestó ni en decirme que me sentara. Educación ausente la suya, que quedó corroborada cuando con una sonrisa (la misma sonrisa que tendría Jack el Destripador antes de sacarle las entrañas a una puta de Whitechapel) me preguntó que por qué no había pasado esos créditos de Magisterio antes. Cara de incredulidad la mía ante el tonillo de la mujer, que a todas luces disfrutaba como una loca mientras yo ponía cara de angustia, al decirme ella que veía muy complicado que este año me diera tiempo a matricularme en el Master.
La tipa estaba disfrutando de lo lindo, y me dio un curso de plazos administrativos igual que alguien le diría a su hermano imbécil que el filete no se corta con la cuchara; lo que me tocó infinitamente las pelotas estando yo dentro de plazo, pero la verdad es que en el momento no supe reaccionar como debería.
El problema (y esto es España y el amigo Larra lo sabía de sobra hace 200 años), es que aquí al primer hijo de vecino al que uno le da un despacho o un uniforme se cree el rey del mambo, y la torda esta no se da cuenta de que en realidad ella trabaja para mí, que soy el que con sus matrículas y tasas le está pagando; y como yo, la multitud de tipos que con sus sobres y sus certificados, y sus caras de angustia, está allí esperando el favor divino de quien se sabe omnipotente y tiene el control del mundo mundial.
Lo único que queda decir es que arrieritos somos... y vae victis! como nos encontremos por el caminito.
(Escrito el lunes, 7/9/2009)
Miércoles 9/9/2009:
No sólo me licencié y me corrigieron el TAD a tiempo, sino que conseguí matricularme en el Master "sin problemas". A veces la burocracia funciona... pero para que lo haga bien hay que esperar un milagro. ¿Dónde está Juan Pablo II cuando hace falta, ahora que necesita milagros postmortem para su canonización?

domingo, 6 de septiembre de 2009

El Padre Esteban.

Era un hombre alto, enjuto, con unas grandes gafas detrás de las que bailaban unas pupilas despiertas pese a la que entonces me parecía una edad avanzadísima. Era la imagen viva de la dignidad; un aciano verdaderamente venerable, que caminaba a pasos cortos por el patio del colegio, a veces con un rosario en las manos y otras simplemente paseando con los brazos a la espalda, como hacía Brahms por la Viena del XIX.
La figura negra, siempre de sotana, hiciese el tiempo que hiciese, mantenía a los niños alejados porque los profesores nos decían que no molestásemos al Padre Esteban. A mí siempre me trajo sin cuidado la recomendación, y yo iba detrás hablando con el viejo sacerdote, aprendiendo todas aquellas historias que contaba y aquellos latines que todavía sonaban solemnes y ceremoniosos, casi podríamos decir que "preconciliares".
Recuerdo las tardes de primavera en la huerta del colegio, con algunos compañeros, regando árboles y comiéndonos los higos y las uvas, mientras él se paseaba entre aquellas propiedades que hoy no son ni la sombra de lo que fueron; era capaz de recitar de memoria el nombre científico de todas aquellas especies de frutales, las fechas de fundación y dotación del colegio, naciemientos de condes, y datos más tristes y más recientes de cuando el colegio había sido hospital de campaña durante la Guerra Civil.
Sobre su vida sé poco, casi nada. Que nació en un pueblo de Burgos y que en un momento dado le habían concecido la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. De haber tenido aspiraciones más altas habría llegado a obispo o cardenal, porque tenía las hechuras de un Ruini con la afabilidad de un Amigo, y creo que de dogma iba sobrado como Su Santidad, aunque no tenía el aspecto de guardián de la Congregación para la Doctrina de la Fe de Beni.
Hoy me acordé de él no sé muy bien por qué, pero hace años que le dieron el requiescat en Madrid, lejos de su colegio y del pueblo que lo nombró hijo adoptivo. Si preguntan por él, todavía hay gente que lo recuerda -mi tío habla de los capones que daba en clase en sus tiempos mozos-, casi siempre con una sonrisa en labios porque es un símbolo de tiempos pasados que normalmente nos gusta mitificar. A mí empieza a pasarme, quizás por eso me acordé sin motivo de aquella figura negra y envarada que de no ser por la sonrisa y el trato podría pasar por jesuíta del Santo Oficio.
Sit tibi terra levis, amigo.

sábado, 22 de agosto de 2009

[...] esa alegría engañosa que nos da algún amigo, algún pariente, de la mujer que amamos, cuando, al llegar a la casa o al teatro en el que se encuentra, con ocasión de un baile, fiesta o estreno en el que va a verla, ese amigo nos ve errando fuera, esperando desesperados alguna ocasión para comunicar con ella. Nos reconoce, nos aborda familiarmente, nos pregunta qué hacemos allí y, cuando inventamos la historia de que tenemos algo urgente que decir a su parienta o amiga, nos asegura que nada es más fácil, nos hace entrar en el vestíbulo y nos promete que nos la enviará en menos de cinco minutos. ¡Cómo queremos -como en aquel momento quería yo a Françoise- al intermediario bienintencionado que con unas palabras acaba de hacernos soportable, humana y casi propicia la inconcebible, infernal, fiesta en la que torbellinos enemigos, perversos y deliciosos, alejaban -creíamos- y hacían reír de nosotros a nuestra amada! Si los juzgamos por él -el pariente que se nos ha acercado y que es también uno de los iniciados de los crueles misterios-, nada demoníaco debe de haber en los otros invitados de la fiesta. Mira por dónde, penetramos, por una brecha inesperada, en esas horas inaccesibles y torturantes en que ella iba a saborear placeres desconocidos; uno de esos momentos de cuya sucesión estarían compuestas, un momento tan real como los demás, tal vez más importante incluso para nosotros, porque nuestra amada participa más en él, nos lo representamos, mira por dónde, lo poseemos, intervenimos en él, casi lo hemos creado: aquel en que van a decirle que estamos ahí, abajo. Y seguramente los otros momentos de la fiesta no debían de ser de una esencia muy diferente de aquél, nada debía de haber en ellos más delicioso y que hubiese de hacernos sufrir tanto, puesto que el amigo benévolo nos ha dicho: "¡Cómo no! ¡Le encantará bajar! Va a preferir con mucho hablar contigo que aburrirse ahí arriba". ¡Ay! Swann lo sabía por experiencia: las buenas intenciones de un tercero carecen de poder ante una mujer que se irrita al sentirse perseguida hasta una fiesta por alguien a quien no quiere. Muchas veces, el amigo vuelve a bajar solo.
M. Proust
A la búsqueda del tiempo perdido. I, Por la parte de Swann.

domingo, 16 de agosto de 2009

El tercero de Rachmaninov.

Supongo que esto era una cosa evidente y cantada desde hace tiempo, porque aunque uno intente mantener la fachada y hacerse el duro, llega un momento en el que tiene que soltar algunas cosas que lleva dentro y que son como un veneno que poco a poco le va secando la vida.
Me juré por lo más sagrado que no volvería a caer en la misma piedra, por mucho que la piedra fuera preciosa y me cautivara más que cualquier otra cosa en este mundo, y mantuve el tipo -mal que bien- durante un período considerable que me pareció una eternidad; pero ahora tenía la necesidad de hablar y de poner las cosas en claro, sin tapujos y sin remordimientos que el día de mañana puedan venir a atormentarme.
Encontré una isla en un mar de desperdicios, y estuve un buen rato leyendo todo lo que allí estaba, de principio a fin, preguntándome si la artífice de todo aquello era consciente de lo extraño que resulta saberse especial y no caer en la sucia mediocridad que hoy todo lo contamina. Utilicé sus textos como catalizador para ciertas sensaciones y vivencias mías, y dejándome llevar por la música llegué al punto de no retorno, como los aviones, que este caso venía disfrazado de fantasma voluptuoso y sugerente. Me supe engañado y dispuesto a pasarlo por alto, dispuesto a dejarme mecer en unas palabras que hasta a mí me suenan falsas y en una sonrisa que es a la vez tierna y áspera.
En ese momento pensé en hacer una locura y escribirle directamente porque supuse que sacándome este veneno podría librarme para siempre de ese espectro que queda de lo que pudo ser y no fue. Entonces me di cuenta de que eso sería poner la pelota en su tejado y me encontraría otra vez esperando a que hiciera algún movimiento que me permitiera darle jaque mate, y eso acabaría con la partida, y por tanto con la diversión del proceso.
Una partida que desde el comienzo sabía que iba a quedar en tablas.

Fuera de lugar.

Después de la locura máxima del viernes y de los bizcochos quemados mojados en absenta, lo de ayer fue como un paseo de abuelitos después de ver la telenovela. Ayer, día grande de las fiestas de mi pueblo, con actuación de Bimba Bosé y toda la pesca, resulta que hicimos el tradicional "botellón" (para mis amigos los pijiguays, big bottle) de todos los años. Este año éramos los más mayores del margen izquierdo del Cabe, y yo no podía dejar de sentirme bastante extraño y desubicado.
Por allí andaba mi prima pequeña, igualmente botelloneada, que ya lleva un año de Universidad a sus espaldas, acompañada de dus amigas y de algún maromo. Había también un montón de crías de 15 años, de estas que se visten como para una boda, y hasta andaba por aquellos lares la hija de la que llevaba la cafetería del colegio y que era una niña -lo sigue siendo, coño- cuando nosotros dejamos aquellas venerables aulas.
Me decía el Parga que ya hace mucho de aquello; 8 años ni más ni menos, así que supongo que lo del relevo generacional nos empieza a tocar irremisiblemente las pelotas, y es sólo el principio. Ayer éramos los puretas, y a mí lo que realmente me apetecía era irme a casa y dormir los excesos absénticos del día anterior, aunque ver la fauna y el pelaje de los que por allí andaban tampoco estaba mal.
Estábamos rodeados de niñas de 15 años que se visten como putas de 40, mientras que las putas de 40 que se visten como niñas de 15 ocupaban las terrazas del brazo de señores con la camisa desabrochada y acento de capital. Alrededor, un montón de críos súperhormonados que parecen un Ken con demasiado bronceador encima, tocados con unos graciosos sombreritos tipo borsalino, que venden en los puestos al lado de patatas fritas, bolsos de cuero que huele mal y boletos para la tómbola Los Ángeles, que es un fijo todos los años.
Críos borrachos que tiran vasos de plástico al río y que gritan mucho para demostrar cuál es el más machote, cosa que normalmente va en proporción a la cantidad de pelo que le cuelga en una graciosa y elegante coletilla.
Todos los especímenes se fueron marchando poco a poco, y al final quedamos los 4 de siempre, un poco cansados, muy aburridos, y nada borrachos.
Una imagen patética.

lunes, 3 de agosto de 2009

Un año más.

Vivir en Santiago en Julio tiene dos ventajas fundamentales: el Via Stellae y estar lejos de los guiris que invaden Monforte para pasar sus vacaciones. Yo, que soy de Monforte, no veo qué clase de gente puede decidir pasar uno de los meses más insoportables que hay en este pueblo dejado de la mano de Dios, si no es por ver a la familia y llenarse de "espíritu campechano" imitando al Juancar.
Todos los años acabo escribiendo algo sobre los turistas autóctonos, porque aunque vuelvan "a la terriña" me repatea escuchar un gallego con acento de Barcelona o de Madrid. Sobre todo porque cuando vivían aquí no utilizaron el gallego en su puñetera vida, y ahora, dejándose llevar por la morriña o vete tú a saber qué idioteces se creen Curros Enríquez redivivo, y es algo que no soporto.
Este pintoresco poblacho se llena de hijos espúreos que vuelven a casa a sacar a sus padres de paseo, y a mirar por encima del hombro al hermano tonto que se quedó a cuidar de las vacas mientras ellos -los listos- se fueron a hacer las Américas por Barcelona o Madrid, para volver triunfantes cual Alejandro Magno después de sus campañas contra los persas, sólo que en lugar de cortejos triunfales éstos se conforman con pasear el cochazo delante de las casas de Pepe o de Manolo, porque aunque ellos también son Pepes o Manolos cuando "vienen a Galicia" (Galicia se vuelve un abstracto que encarna los valores familiares y los buenos recuerdos de la infancia) dejan a un lado el Señor Pérez o Señor Rodríguez, que es como les llaman sus empleados.
El retornado, cuando está con sus amigos, habla con una autoridad que ya quisiera para sí un profeta del Antiguo Testamento. Se refiere a personajes famosos por su nombre de pila, mientras le quita importancia al asunto moviendo la mano para que se vea su Rolex, y si la cosa se tercia apoya la mano en el bolsillo del que sale el llavero del Mercedes/Audi/BMW o similar. Pero el retornado es afable y buena gente, y nunca se olvida de sus amigos y como tal dispensa muestras de afecto totalmente sinceras cuando se encuentra con algún conocido en un bar. Igualmente sinceras son las palabras con las que lo despide, y la apostilla cuando ya se ha largado. "¿Y qué, sigue con la tienducha de los padres?", "Hace tiempo que no lo veía y cada vez está más cascado", o el clásico "Este siempre fue un gilipollas".
El sujeto gusta de lo popular, incluso cuando en su puñetera vida disfrutó de una gaita o de una pandereta, pero al volver siente que en su fuero interno se desatan unas fuerzas primitivas inexplicables que le llevan a bailar al son de cualquier cosa que le pueda resultar "tradicional" y donde la muñeira es la reina. Ensalza el producto gallego y alaba las virtudes de la buena carne y los productos de la huerta, porque en Madrid esas cosas no se encuentran y "de verdad que las echa de menos en la capital". Sus hijos, por el contrario, miran con asquete la comida que les pone la abuela y preguntan dónde coño está el MacDonald's sin saber, pobres ternascos, que aquí no hay de eso. Ese instante lo aprovecha el padre para que los hijos vean cuán popular es, y en vez de un plato se come dos, porque sí, porque es un machote y porque le gusta más que a nadie la cocina "típica y con carácter". Y porque la mujer, que es muy buena y muy cariñosa, no sabe si para preparar el caldo los grelos se sacan del bote o se echan con lata y todo en la olla.
Lo único bueno es que con suerte a esos niños repelentes que vienen al pueblo a ver a sus primos "de Galicia" no les quedarán putas ganas de volver cuando los pobres abuelitos hayan muerto (el retornado aprovechará el óbito para volver a ver a los amigos de la aldea y a hablar gallego más que nunca); así que la familia "retornada" tiene una esperanza media de vida de dos o tres generaciones. Las justas para volverse madrileños de pro y olvidarse de una vez de estas tierras pobres y subdesarrolladas.
Beatus ille.

viernes, 31 de julio de 2009

Sobre la imbecilidad humana.

Estoy leyendo -qué casualidad- un libro de un italiano que escribe sobre los imbéciles. En general, no da nombres, pero eso es algo que ya puede poner el lector si es avispado; y si no, también, porque la principal teoría de Pino Aprile es que la inteligencia está condenada a extinguirse y la imbecilidad triunfará cual miles gloriosus.
Yo no soy tan pesimista, pero veo que aquí mi primo el spaghetti tiene unas cuantas frases que dan en el clavo con una precisión pasmosa. Claro que el problema que veo en estas cosas es que tanto como el que escribe como el que lee se pone automáticamente en el nivel del inteligente, y habla del imbécil como si nada tuviera que ver con él. Incluso cuando confiesa haber cometido actos de auténtica imbecilidad, el ser consciente de ello lo salva de caer en las garras de la estupidez.
Una de las cualidades del inteligente es el cuestionarse las cosas. No porque sí, sino con sentido y para llegar al fondo e intentar comprender. Sin embargo, el afán desmedido por querer saber y comprender nos puede llevar a sitios incómodos dónde más nos valdría no meter demasiado las narices, porque uno puede darse cuenta de que igual no es tan listo como creía.
En este punto el consuelo nos lo da la teoría de las múltiples inteligencias, y yo no puedo evitar la sonrisita cínica que me sale a veces, pregntándome si no será éste un invento de un imbécil muy listo para tener un clavo ardiendo al que agarrarse. Hablaba el otro día con Carlos de estas cosas, divagando después de un churrasco y un café, planteándonos el destino universal y el sentido de la vida -que tras un churrasco igual no se vislumbra, pero está claro que viene con patatas y ensalada- y la verdad es que yo cada vez tengo menos cosas claras.
Si uno se comporta de forma inteligente, cómo decía, planteándose preguntas e intentando darle sentido a las cosas termina siendo un infeliz, porque acaba siendo consciente de cosas que podría no saber y seguir siendo feliz de ese modo. Si no lo hace resulta que es imbécil porque tiene menos interés y resolución que una piedra, por tanto seguirá en esa bendita ignorancia que mantendrá sus espectativas al mínimo y fáciles de colmar.
El resultado es una contradicción lógica que como decía Sherlock, "una vez que se han eliminado todas las otras hipótesis, por improbable que parezca, esa es la única correcta": lo más inteligente que puede hacer el ser humano es comportarse como un imbécil.

lunes, 27 de julio de 2009

E avanti a lui... tremavano tutte le romane!

Que no me malinterpreten ninguno de mis colegas italianos, pero he de decir que siento cierta fascinación por Silvio (Berlusconi, se entiende, no el consigliere de Los Soprano). Me maravilla la política en Italia, porque hay cosas que no caben en mi cabeza racional, fría y calculadora, y porque en cierto aspecto me siento más identificado con unos políticos que parecen salidos de una película de Fellini que con el artificio y las falsas promesas de los nuestros. Por lo menos aquello tiene algo de artístico si no profundizamos demasiado en el asunto.
Hace un momento buscaba en Google la noticia de cuando las derecha se cargó el gobierno de Prodi. Encontré una visión bastante parcial, con un Cusumano heroico que resiste imbatible frente a los embates de sus compañeros de derecha, y a un Barbato que lo insulta llamándole "finocchio, pezzo di merda" y algunas lindezas más. Cuando la cosa se desmadró -siempre y cuando tengamos en cuenta el nivel de "desmadre" admisible en la política italiana- hubo uno que le escupió y el pobre y viejo Cusumano se desmayó en el hemiciclo mientras que los senadores de derecha celebraban su victoria sacando botellas de champán y mortadela.
Digno espectáculo ese, el mismo de los que después apoyaron a Berlusconi y que hoy día siguen cortando el baccalà en la antigua Caput Mundi. La fascinación que ejerce en mí todo ese despliegue de lo absurdo que parece campar a sus anchas en Italia, desde la política a la televisión, pasando por la religión y el arte, es tan grande que no puedo mirar hacia otro lado cuando hablando de viajes me preguntan cuál es el sitio al que siempre volvería.
Berlusconi, y llego a él porque acabo de leer el título de la entrada y ya había ido perdiendo el hilo, representa una especie de triunfador de la antigua escuela, uno de esos banqueros o empresarios engominados de los que aquí también tenemos a patadas, que ha sabido cogerle el pulso a su país y sabe que puede comprarlo con promesas o a golpe de talonario, sin importar que desmadres pueda cometer con prostitutas adolescentes o con mafiosos. Berlusconi se ha dado cuenta de que su país perdona y olvida con una facilidad pasmosa, y de que aquellod el panem et circensis no queda tan lejos. Es el último emperador, y como tal tienen sentido las inscripciones de S.P.Q.R. que aún hoy encontramos en las alcantarillas y papeleras de Roma. Lo que no sé es cómo a los compañeros presidentes de Silvio no se les cae la cara de vergüenza cuando tengan que hacerse las fotos de familia en una reunión del G (8, 20, 70...), claro que lo más probable es que sean todos iguales, aunque Il cavaliere ya no tenga necesidad de disimular.
Bravo, Silvio!

jueves, 23 de julio de 2009

10 razones por las que adoro Italia.

  1. Las terrazas en el Trastevere y en Campo de' Fiori
  2. Rossini
  3. Las barrenderas de Roma (Carlos me entiende)
  4. Pasear al lado del Tíber por la tarde
  5. La comida de una trattoria en Via San Giovanni in Laterano
  6. Las iglesias pequeñas en las que de repente te encuentras un Caravaggio
  7. El tráfico caótico y los insultos con el brazo fuera
  8. El café de La tazza d'oro
  9. Los helados de la Gelateria della Palma
  10. ¡Tienen un presidente como Berlusconi y todavía son optimistas!

miércoles, 22 de julio de 2009

Fuckin' assholes!

Emplear términos extranjeros siempre le da a uno la oportunidad de lucirse delante de amigos y demostrar que él sabe mogollón y que ha ido por el mundo adelante empapándose de cultura. No importa que haya un término castellano perfectamente válido, e incluso con tradición; el inglés es mejor, más moderno y mucho más cool. Digo esto porque hace dos minutos estaba sentado en un bar y llegó un grupito de señores tocapelotas (ballbreakers) que empezó una conversación que no me interesaba lo más mínimo hasta que algo llamó mi atención.
Uno de ellos dijo que no sé quién se iba a California a estudiar bussines, que no son autobuses asturianos en miniatura, sino negocios. La equivalencia española sería decir que el gachó o la gachí se iban a California a estudiar empresas, pero entonces quedarían como unos gilipollas. Ahora bien, si dicen que se van a estudiar bussines quedan como unos gilipollas que por lo menos hablan inglés.
Lo que me sorprende en estos casos es la total naturalidad del que lo dice, así como la aceptación por parte de su auditorio. Todos deben ser muy cultos de Dios (very cultured of God) para que una pedrada así no genere el menor rechinar de dientes, pero qué se le va a hacer, será que uno es un purista.
Lo del inglés hace tiempo que pasó de rozar la línea de lo ridículo para entrar de lleno en el campo de lo estúpido. Al lado de mi casa hay una fotógrafa que se anuncia con un cartel que pone Rosa Pérez, Photographer. Supongo que será para que cualquier empresa moderna y dinámica que se precie contrate sus servicios en lugar de los de Tino Martínez, que ni pone photographer ni nada. Claro que yo no tengo una empresa moderna y dinámica y a mí cómo se anuncie Rosa Pérez me la sopla, e incluso me divierte.
El problema es que ya empieza a colarse en medios de comunicación y espacios que antes pasaban por ser más o menos respetables. Ver a María Patiño o al conde Lecquio diciendo que son singles no me sorprendía (yo diría incluso que son un par de cosas más), pero escuchar en un telediario que un coche hizo aquaplanning para decir que resbaló sobre un charco me parece una solemne gilipollez. Una estupidez supina, como dijo Margarita Salas maravillosamente y en perfecto castellano cuando le preguntaron qué opinaba sobre lo de los "miembros y miembras" de la Ministra. Me imagino que la semana que vienen dirán que los ocupantes del vehículo que hizo aquaplanning están muertos que te cagas (dead that you shit yourself).
En cuestiones de palabras extranjeras, a mí me parece que el francés sigue teniendo unos resabios románticos mucho más elegantes que el inglés. Lo ideal sería que estos self made men de mundo que han aprendido inglés para imitar a los brokers de Wall Street emplearan de vez en cuando una palabrita gabacha para darle aún más color a su discurso. Al fin y al cabo el francés tiene ese je ne sais quoi que se derrite en el oido.
Grosso modo, el dominio de tantos idiomas es cool y muy fashion, porque así puedes hablar con gente que tiene un charme deslumbrante en fiestas de la jet set, juntándote con la beautiful people para hablar de tus bussines y de lo que te salga del ass. Porque mientras lo digas en inglés, todo vale.

martes, 21 de julio de 2009

Qué buen siervo si tuviera buen señor (II).

El Via Stellae va acabándose y haciendo balance, lo mejor fue el concierto de la Real Filharmonía con Sardelli. Al margen de ver cantar a Carlitos, lo cual siempre es positivo y divertido, la RFG demostró que es una buena orquesta siempre y cuando el director le exija un rendimiento.
Las overturas Coriolano y Egmont fueron espectaculares, y la energía de los movimientos rápidos en la Sinfonía nº1 es algo que normalmente no se encuentra en los conciertos de esta orquesta; todo esto demuestra que el problema no son los músicos sino el que mueve la batuta, porque habría que ser muy generoso para decir que lo que hace Ros Marbá es "dirigir".
Como el Doctor Muerte, el "maestro" deja a sus espaldas un campo abonado con los cadáveres de las "obras clásicas austro-alemanas"; la única diferencia con Jack Kevorkian es que éste ayudaba a la gente a morir con dignidad, mientras que Antoni es un asesino que a sangre fría puede acabar con la paciencia -y si me apuran con la vida- de todo el auditorio armado con una batuta y la partitura de la 8ª de Bruckner.
Me decía Carlos que de todos los que estábamos allí, de esto nos dimos cuenta 4 gatos. Que la gente seguirá aplaudiendo a Ros Marbá, y que esto seguirá el proceso de desertización musical que empezó cuando echaron de malas maneras y por la puerta de atrás a Rilling. Pero como en todo, será que tenemos lo que nos merecemos.

viernes, 17 de julio de 2009

Subnormales, castrados y otros seres.

En el Via Stellae están haciendo mucha ópera barroca y mucho recital, que es por lo que uno paga y lo que espera. Lo malo es que lleva implícita la compañía de un reducido grupo de imbéciles, que pese a ser pocos y localizados, hacen mucho ruido.
Se les ve en la actitud que lo de la música es un postureo súper guay -ya es sobradamente conocido lo que opino de los guays- para ir a lucir modelitos estrafalarios y a gritar como posesos en cuanto alguien termina un aria. Y lo peor de todo es que en cuanto uno abre la veda van todos detrás, compitiendo a ver quién es el que primero sufre una hemorragia en la faringe porque se ha desgañitado más que el resto.
Me molesta que estén esperando, como coches de Fórmula 1 en la parrilla de salida, para ver cuál de ellos es el primero en soltar un "Brava!" antes que los demás. Los hay más hábiles, que destacan por su nivel de decibelios y por lo pronto y mucho que pueden tocarle a uno los huevos, como cuando la Invernizzi acabó de cantar el Piangerò y no esperaron ni medio segundo de reposo antes de soltar sus gritos, que harían parecer civilizado a un oso pardo en celo.
Lo malo no es ya que se muestren desaforadamente satisfechos, sino que la mayoría de las veces tales muestras de entusiasmo no tienen justificación alguna. Aplaudirían a rabiar un pedo o un eructo de Romina Basso si se los echara encima del escenario, porque a lo que va esta gente es a llamar la atención y a demostrar que disfrutan más que nadie de una ópera de Jomelli, cuando ellos -como cualquiera- debían estar hasta las pelotas de todos los malos cantantes a los que les gritaron "Bravissimi!". Algunos nos fuimos en el descanso, porque no tenemos necesidad de pasar por malos ratos voluntariamente sólo para que se nos vea.
Otros se quedaron, humedeciendo los asientos a medida que las trompas naturales metían petardazos que harían sangrar los oídos incluso a un Beethoven anciano. El caso es felicitarse entre ellos cuando acabe la actuación, diciéndose "Pepe, que bien has gritado, tú sí que sabes disfrutar de la música, no como esos que se quedan callados". Y así Pepe se irá todo contento a su casa, esperando que llegue el próximo concierto para darnos por culo con sus gritos a nosotros, pobres catetos.

sábado, 11 de julio de 2009

¿Estás solo?

Odio los anuncios que aparecen en los laterales de algunas páginas. En Facebook, por ejemplo, hay uno en el que sale una chica estupenda bajo el título "¿estás solo?"; con lo que se deduce que si estás solo lo único que tienes que hacer es seguir el enlace para acabar zumbándotela a ella o a sus amigas.
El anuncio pone "¿estás solo?", porque el "pedazo de mierda" se lo callaron. Me imagino que la gente que no está sola está con una rubia de labios operados como la del anuncio, que hace todo lo que le dicen y que se muere por encontrar a un tipo interesante, con buena planta, culto y cariñoso como yo.
"¿Estás solo?"
Anda y que te jodan.

miércoles, 8 de julio de 2009

Hastío.

Me cuesta bastante escribir nada decente últimamente porque sólo me centro en una cosa. Estoy yendo a casi todos los conciertos del Via Stellae, salgo por las tardes, trabajo un poco por las mañanas, y en general me aburro bastante.
Uno se acostumbra a la buena compañía durante 5 días y luego se acaba, porque todo el mundo se ha ido a su pueblo. Ahora vendrán de vez en cuando a ver alguna nota o a revisar algún examen; pero Santiago sin estudiantes es un asco, sólo hay peregrinos y guiris.
Sólo espero que si pasan por aquí me llamen.
Me voy a la cama a rumiar mis pensamientos con la almohada.

viernes, 3 de julio de 2009

Imbécil no, en todo caso "poeta sufí".

No se me ocurre ningún título y la verdad es que no estoy para romperme demasiado la cabeza. Ayer fue una noche muy rara, de esas en las que nada sucede como debería y en las que todo parece salir al revés, pero no tiene por qué ser precisamente malo.
En principio yo tenía un plan establecido que se fue al carajo por cuestiones que no vienen al caso, el señor von Meilán se retiró a tiempo y acabamos la Moncha, la Pabla, Paco y un servidor bebiendo ligeramente -la cosa no fue exagerada ni mucho menos- en compañía de la reina del optimismo andaluz.
El plan fue bastante raro, y por primera vez acabamos desyunando chocolate con churros a las 7,30 de la mañana en el Alabama. Lo que debería haber sido el plan del Acto de Licenciatura, pero como dos meses más tarde. Y decididamente en mejor compañía, sin lugar a dudas.
En fin, que hoy me imagino que volveré a verlos y mañana la Cena de fin de carrera famosa, a la que asistiremos una minimísima parte de la promoción (los de siempre), y correrá el vino como la sangre por Constantinopla cuando la toma de los turcos.
Y para terminar un verso de El tratado de la Unidad de Ibn'Arabi (tiene su porqué y su para quien, pero no voy a explicarlo):
Y entre las cosas más maravillosas hay una gacela con velo, que avisa con dedos rojos de alheña y parpadea. Una gacela cuyo pasto está entre las costillas y entre las entrañas; ¡oh, maravilla!, ¡un jardín en medio de fuegos!

lunes, 29 de junio de 2009

Real como la vida misma (o más).

“ [...] Estaba fascinado, estaba absolutamente loco por ella. ¿Sabe? al final la pobre chica acabó en un manicomio... Bueno, no tiene gracia, aquello fue muy triste. Ella era, en fin, genial, pero chiflada. Sí, siempre he sentido cierta debilidad por lo que llamo «mujeres kamikaze», porque son... las llamo «mujeres kamikazes» porque estrellan su avión, son autodestructivas, pero se estrellan contra ti y tú también pereces con ellas. Y en cuanto surge un reto, en cuanto hay una mínima oportunidad de arreglo, o ninguna, o va a haber obstáculos o vallas algo se enciende en mi interior. A lo mejor es porque soy escritor, pero algún componente dramático o estético me atrae y voy tras esa persona; hay cierto ambiente dramático que... que casi hace que me enamore de esa persona, no sé cómo decirlo, que me enamore en cierto modo de toda esa situación, ¿comprende? Y... desde luego a mí no me ha resultado bien, no ha sido ninguna maravilla.”
Woody Allen, Maridos y mujeres

domingo, 21 de junio de 2009

Profanando iglesias (de vez en cuando).

La gente tiene una imagen un poco distorsionada sobre la Historia del Arte. Se cree que los que nos dedicamos a ello nos pasamos el día en bibliotecas leyendo libracos y visitando museos lúgubres. Pero hay más cosas, y mucho más divertidas.
Este año nos fuimos de viaje a Burgos y además de visitar algún monasterio una parte fundamental fue el ir de vinos, con el profesor incluído y algunos alumnos de primero. Además hubo una pequeña ruta de senderismo, un picnic muy bucólico y unas carreras en plan arrebolada por Quintanilla de las Viñas.
Recordaba estas cosas, que normalmente no se piensan cuando uno dice que estudia Historia del Arte, porque el viernes fui a San Esteban de Ribas de Sil a hacer unas fotos para el trabajo de Senra. Llegué e hice unas cuantas del claustro, pero al entrar en la iglesia me quedé chafado, porque hay una verja que cierra el transepto para que los simples mortales no vayamos a robarle los copones al cura.
Para los que no tienen ni idea de qué es el transepto -como si a mí me hablan de fisión nuclear- dejémoslo en que corta la iglesia más o menos por la mitad, y ahí estaba yo, sin poder llegar a una inscripción que me interesaba y sin poder hacerle una foto al retablo románico. Así las cosas, después de un viajecito por una carretera horrorosa, me armé de valor y decidí saltar la verja.
Los que me conozcan ya estarán esbozando una sonrisita maliciosa, porque yo no soy dado a los excesos físicos de este tipo. Pero el caso es que me subía la basa de un pilar súper tocho, pasé una pierna por encima de la reja y aterricé grácilmente sobre las escaleras del púlpito. Hice mis fotos, esperando que alguien viniese a decirme algo, pero no hubo problemas. Salté la verja de nuevo y me fui a hacerle unas fotos a la iglesia por fuera.
He aquí un problema nuevo: la reja que está al lado del cementerio tenía una cadena con un candado gordísimo, así que no me quedó otra que hacerme a la idea de que ahora tendría que saltar un muro. Maldiciendo para mis adentros busqué un lugar entre la vegetación -bastante salvaje, he de decir- en el que el murete estaba medio caído y me aupé hasta quedar sentado en él. Al apoyar las manos en un montón de ortigas bajé a parte del santoral del cielo, pero la cosa no fue a más. Bajé una pequeña rampa rodeada de más ortigas y alguna planta espinosa y por fin pude hacer las benditas fotos.
En fin, que de lo que nos olvidamos muchas veces es de lo divertido que puede ser el trabajo de campo, las visitas en vivo y los personajes que uno se encuentra por ahí. Y ahora, después de profanar iglesias y cementerios, a ver quién es el guapo que me dice que la Historia del Arte es aburrida.

jueves, 18 de junio de 2009

Gente de la biblioteca.

Pretender estudiar en la biblioteca de la Facultad es algo que sólo unos pocos pueden hacer. Ir a ver tetas y a ligar es otra cosa, ahí sí, pero lo que es estudiar en serio, creo que muy pocos están preparados para resistir horas y horas soportando un calor agobiante, la charla incesante de grupitos que cuchichean sobre cada uno que pasa, o el olor que a veces deja algún descuidado estudiante que parece padecer de ablutofobia.
El señor von Meilán y la Moncha son de esos -de los que estudian, no de los ablutofóbicos-, pero claro, son gente excepcional hecha de otra pasta que los simples humanos. Y a mí me maravilla verlos ahí, pasando hojas de apuntes, resoplando, subrayando todo lo subrayable y esquematizando allá dónde cabe un cuadro sinóptico.
Hoy el señor von Meilán se me agobiaba porque le mandan estudiar a Sisto Badalocchio, lo cual es una valiente memez cuando no bastaría un semestre para explicar a Caravaggio, que sí es de los que merecen la pena. Mañana el pobre hombre pasará por la experiencia estresante que siempre supone un examen, más cuando se trata de uno de los últimos de la carrera.
La Moncha, por otra parte, es más práctica, y creo que pasó de agobiarse por un examen inútilmente, así que opta por no presentarse y liberar sus culpas a golpe de "pasión terrenal" haciendo diagonales barrocas y composiciones serpentinatas en vivo, que siempre es mucho más gratificante que verlas en los cuadros de Badalocchio o de la madre que lo parió.
Yo, que pasé por mi última experiencia examinadora en febrero, los veo ahí, en la biblioteca, y hasta cierto punto los envidio, porque cuando hacen un parón se lo pasan bien y me imagino que se sentirán hasta reconfortados. Ahí están, estudiando como se supone que hace la gente normal. Aunque estos dos de normales no tengan nada, porque ya he dicho que son excepcionales.

sábado, 13 de junio de 2009

Vida y muerte de una moda.

Estamos condicionados hasta las trancas, y la mayoría de las veces ni nos damos cuenta. Es un tópico muy manido, pero es tremendamente cierto. Hace unos días le decía a Carlos que era un buen negocio poner un Starbucks en el callejón de Derecho (la idea es de Llenderrozos, lo reconozco). Él me preguntó por qué un Starbucks y no una buena cafetería, y yo le dije que únicamente por moda.
Conozco a un montón de gente a la que no le gusta el café, pero que sería tremendamente feliz con un vaso de cartón, con esa mezcla asquerosa de agua y granos de "café" pasados que venden en Starbucks, sólo por parecerse a las chicas de Sexo en Nueva York o para darle un aire fashion a su vida.
Nos dimos cuenta en Semana Santa, en Viena, donde hay muchas cafeterías buenas, sin ruido, sin música, sin máquinas tragaperras ni televisiones que sintonizán la MTV mientras suena la radio. Allí hay muy poquitos Starbucks, y quizás eso tenga que ver con que sea la ciudad con la calidad de vida más alta de Europa, pero me temo que ningún lugar del mundo está a salvo de la colonización salvaje de la cadena.
Me acordaba de todo esto hace un rato, cuando no sé por qué me dio por ver los fotologs de algunos de mis amigos. Ya nadie lo actualiza, cayó en desgracia. Algunos, incluso, lo han sometido a una damnatio memoriae y se lo han cargado limpiamente, como se quita de en medio a un caballo cojo. La idea estaba condenada desde que apareció el Tuenti, y luego el Facebook, que aquí, como en todo, siempre vamos con retraso.
Yo tenía uno, pero hace tiempo que lo abandoné a su suerte, así que ahí están todavía los fuegos artificiales que le deseaban a la gente un Feliz 2009, próspero año nuevo y esas cosas.
Bonito deseo que gracias a mi dejadez sigue ahí, incluso en los momentos más cínicos en los que no le desearía un Feliz 2009 a mí mejor amigo ni a la madre que lo parió.