sábado, 28 de marzo de 2009

Si P entonces Q, si Q entonces R, ergo si P entonces R.

Vamos con un tema polémico, porque hoy estoy en uno de esos días que me apetece guerra.
A mí que la Iglesia defienda una postura contra el aborto me parece normal y lógica. Igual me pasa con su postura respecto al uso del preservativo, lo anormal sería que estuviera a favor.
A mí me parece muy bien que los curas organicen manifestaciones a favor de la familia -habría que matizar qué entendemos por familia- y que la gente que está por la labor vaya. También me parece estupendo que un grupo de jóvenes sanos que viven su fe en Cristo cojan una guitarra y vayan a cantarle al papa bajo su ventana, aunque en el fondo creo que fue una de las causas principales que precipitó la agonía de Juan Pablo II.
Digo todo esto porque una cosa es que la postura me parezca lógica y consecuente desde su punto de vista, y otra muy distinta es que la comparta, que ahí es donde se equivoca la mayoría de la gente.
El otro día salía un chico en la tele diciendo que era homosexual y quería que la Santa y Católica Iglesia de Roma lo aceptara y lo acorgiera en su seno como aun hijo más. Éso me parece un disparate y creo que está fuera de lugar. En primer lugar porque hay cosas que son incompatibles: tú puedes creer en Dios, en Krishna, en Visnú o en el Tao, pero no puedes pretender ir en contra de sus principios y ser aceptado. Lo mismo respecto al sexo: si se supone que la función del hombre es crecer y multiplicarse lo de hacer cochinadas sin fruto está de más, mal, es pecaminoso y más te valdría cortarte el cimbel antes que sacarlo a pasear gratuítamente.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que al que no le interese cumplir con los santos preceptos que no se apunte al carro de la salvación eterna conducido por Benedicto y su corte. Hay un refrán que dice que no se le pueden enseñar nuevos trucos a un perro viejo, y la Iglesia es un perro con 2000 años a sus espaldas, así que para muchas renovaciones ideológicas no está.
Evidentemente hay una contrapartida bastante lógica: si los curas han decidido renunciar a la carne y mantenerse alejados de toda tentación, quizás no deberían insistir tanto del tema y dejar que los que sí vivimos una sana y desahogada vida sexual nos ocupemos de nuestras cosas, que no le hacemos daño a nadie.
A estas alturas de la fiesta lo de que el sexo es un acto de amor sagrado me suena a chirigota de Cádiz. Lo del acto de amor puedo creérmelo, con muchas reservas y sólo en ciertos casos puntuales, pero de ahí a sacralizar un polvete media un abismo.
Predico con el ejemplo y doy una de cal y otra de arena: si yo no estoy de acuerdo con una serie de planteamientos de un grupo no intento integrarme en él y cuando éste se manifiesta, aunque está en su pleno derecho, yo estoy en el mío de no hacerle ni caso. Por eso me parece muy bien que los obispos escriban hojas pastorales clamando contra el gobierno de ZP, defendiendo a la familia y bramando contra el aborto; y por eso me parece muy bien que la gente pueda -o no- no hacerles ni puritito caso.
Es una simple cuestión de actuar con lógica y pararse a ejercitar la materia gris. De todos modos, con esto de la Iglesia a mí me pasa como con aquella frase de Groucho: nunca pertenecería a un club que aceptase a un miembro como yo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

[von M.]

"...grupo de jóvenes sanos que viven su fe en Cristo cojan una guitarra y vayan a cantarle al papa bajo su ventana, aunque en el fondo creo que fue una de las causas principales que precipitó la agonía de Juan Pablo II."

XD

Tomás Molina dijo...

No podría estar más de acuerdo. Aunque, bueno, se supone que la Iglesia debe velar por la salvación de la humanidad y por eso los curitas insisten tanto en el tema del sexo...