martes, 31 de marzo de 2009

Caga el rey, caga el papa...

Soez título para una entrada, pero es que viene al pelo. Estos días estoy documentándome para el trabajo de románico, y ayer cayó en mis manos -previo pago, claro está- la Crónica Najerense en la que el narrador llega hasta la vida y muerte de Alfonso VI.
Bueno, el episodio que llamó mi atención es de los más conocidos, pero con un dato que no aparece en los libros de historia habituales. El caso es que a la muerte de Fernando I el reino quedó dividido entre sus 5 hijos: a Alfonso le dejó León, a Sancho Castilla, a García Galicia, a Urraca Zamora y a Elvira Toro. Evidentemente los hermanos pocas veces se llevan tan bien como deberían, y tratándose de reyes lo de encerrarse e intentar sacarse los ojos era el padrenuestro de cada día.
Así, Alfonso mantuvo una serie de luchas contra su hermano Sancho, apoyándose en Urraca que la tía debía ser de armas tomar. Cuando Sancho estaba sitiando Zamora, ciudad en donde estaba Urraca, ésta dijo que daría cualquier cosa porque alguien hiciera algo para terminar con aquella situación, y Vellido Dolfos -el traidor por antonomasia en la historia de Castilla- salió al paso. Salió de la ciudad haciendo creer a los sitiadores que era perseguido por los suyos, y poco a poco se ganó la confianza de Sancho.
Un día, enseñándole las murallas y con el pretexto de mostrarle un lugar débil en las fortificaciones, lo apartó del campamento y cuando estaban solos le dio un lanzazo que lo dejó listo de papeles. El Cid alucinó en colores y al parecer hubo gran llanto y rechinar de dientes.
Esta es la historia oficial que se cuenta siempre y que aún hoy te cuentan en Zamora frente a la llamada "Puerta del traidor". Lo que recoje el Najerense y no ha trascendido, es que Vellido Dolfos le da el lanzazo en un momento en el que el rey se bajó del caballo y se agachó a "hacer las necesidades físicas naturales". Es decir, que pilló al pobre Sancho con los calzones por los suelos en plento desahogo.
Qué muerte más indigna para un rey, o mejor dicho, menuda mierda de muerte. Algo parecido le pasó a Genarín, un pobre de solemnidad, cuando fue atropellado en León por el primer camión de la basura que hubo en el ayuntamiento, en el momento en que al lado de la muralla evacuaba sus despojos. Hoy en día Genarín tiene una procesión de Semana Santa de dudosa moralidad, y una caterva de seguidores que tirando de un carro cargado con orujo y queso van cantando sus fazañas.
Y si como decía Jorge Manrique en sus coplas "a papas, emperadores y prelados; así los trata la muerte, como a los pobres pastores de ganados", lo cierto es que el bueno de Genarín murió como un rey.

sábado, 28 de marzo de 2009

Si P entonces Q, si Q entonces R, ergo si P entonces R.

Vamos con un tema polémico, porque hoy estoy en uno de esos días que me apetece guerra.
A mí que la Iglesia defienda una postura contra el aborto me parece normal y lógica. Igual me pasa con su postura respecto al uso del preservativo, lo anormal sería que estuviera a favor.
A mí me parece muy bien que los curas organicen manifestaciones a favor de la familia -habría que matizar qué entendemos por familia- y que la gente que está por la labor vaya. También me parece estupendo que un grupo de jóvenes sanos que viven su fe en Cristo cojan una guitarra y vayan a cantarle al papa bajo su ventana, aunque en el fondo creo que fue una de las causas principales que precipitó la agonía de Juan Pablo II.
Digo todo esto porque una cosa es que la postura me parezca lógica y consecuente desde su punto de vista, y otra muy distinta es que la comparta, que ahí es donde se equivoca la mayoría de la gente.
El otro día salía un chico en la tele diciendo que era homosexual y quería que la Santa y Católica Iglesia de Roma lo aceptara y lo acorgiera en su seno como aun hijo más. Éso me parece un disparate y creo que está fuera de lugar. En primer lugar porque hay cosas que son incompatibles: tú puedes creer en Dios, en Krishna, en Visnú o en el Tao, pero no puedes pretender ir en contra de sus principios y ser aceptado. Lo mismo respecto al sexo: si se supone que la función del hombre es crecer y multiplicarse lo de hacer cochinadas sin fruto está de más, mal, es pecaminoso y más te valdría cortarte el cimbel antes que sacarlo a pasear gratuítamente.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que al que no le interese cumplir con los santos preceptos que no se apunte al carro de la salvación eterna conducido por Benedicto y su corte. Hay un refrán que dice que no se le pueden enseñar nuevos trucos a un perro viejo, y la Iglesia es un perro con 2000 años a sus espaldas, así que para muchas renovaciones ideológicas no está.
Evidentemente hay una contrapartida bastante lógica: si los curas han decidido renunciar a la carne y mantenerse alejados de toda tentación, quizás no deberían insistir tanto del tema y dejar que los que sí vivimos una sana y desahogada vida sexual nos ocupemos de nuestras cosas, que no le hacemos daño a nadie.
A estas alturas de la fiesta lo de que el sexo es un acto de amor sagrado me suena a chirigota de Cádiz. Lo del acto de amor puedo creérmelo, con muchas reservas y sólo en ciertos casos puntuales, pero de ahí a sacralizar un polvete media un abismo.
Predico con el ejemplo y doy una de cal y otra de arena: si yo no estoy de acuerdo con una serie de planteamientos de un grupo no intento integrarme en él y cuando éste se manifiesta, aunque está en su pleno derecho, yo estoy en el mío de no hacerle ni caso. Por eso me parece muy bien que los obispos escriban hojas pastorales clamando contra el gobierno de ZP, defendiendo a la familia y bramando contra el aborto; y por eso me parece muy bien que la gente pueda -o no- no hacerles ni puritito caso.
Es una simple cuestión de actuar con lógica y pararse a ejercitar la materia gris. De todos modos, con esto de la Iglesia a mí me pasa como con aquella frase de Groucho: nunca pertenecería a un club que aceptase a un miembro como yo.

lunes, 23 de marzo de 2009

Cerebrados y descerebrados.

Hay días en que a uno se le acaban los argumentos, y para no acabar hinchándose a mamporros la última solución es calar el chapeo, requerir la espada, mirar al solayo, irse y que no haya nada.
Yo hay una cosa que exijo a la gente que me rodea, y es que si quieren discutir sobre algún tema lo primero que hay que hacer es informarse, desempolvar la razón y el entendimiento, y después ya podemos darle al palique como personas civilizadas aunque disconformes.
A mí eso de los dogmatismos ya he dicho que no me convence. Y una cosa por la que no estoy dispuesto a pasar es a comulgar con ruedas de molino porque el otro grite más que yo. Yo cuando hablo de ciertos temas no grito, e intento seguir con mis argumentaciones incluso cuando estoy borracho, lo cual implica un esfuerzo denodado por mi parte que muy pocas veces tiene recompensa o reconocimiento.
El caso es que a veces llega un momento en el que la otra persona se cierra en banda y se acaba el razonamiento. Normalmente es el momento del "porque sí", "porque es así" y punto pelota. Ahí yo me cabreo un montón, porque tengo la sensación de que he perdido el tiempo en una conversación que ha sido totalmente infructuosa. Y ojo, no lo digo porque la otra persona no se haya dejado convencer, que no es de lo que se trata, sino de la tremenda frustración que supone encontrarse en un camino sin salida después de andar kilómetros.
Cuando veo desde un primer momento que la persona en cuestión es un talibán dialéctico ya no pierdo el tiempo sacando asuntos que sé me van a llevar a un atolladero. Algunos de mis amigos lo son en ciertos temas que procuro evitar, a no ser que me toquen los huevos y yo quiera tener una pequeña satisfacción viendo cómo se dan de cabezazos con la misma piedra una y otra vez, pero esas veces son las menos.
De lo que se trata, y a esto venía el hilo, es de que la gente razone y piense de verdad, con sentido común y espíritu crítico, y no de que acepten todas y cada una de las verdades que otros creen tener el poder de transmitir. De que cuando uno habla con sus amigos tenga la oportunidad de tener conversaciones que dejen algún poso, y no simples charlas sobre tetas, motos y fútbol -es irónico, tranquilos- que no llevan a ningún sitio.
De que la gente hable y hable bien. Como diría Núñez: de poner de manifiesto el valor de la razón y la retórica.

sábado, 21 de marzo de 2009

J.S.B.

Hoy es un día importante en la Historia de la Música. Con mayúsculas todo, porque hoy es el cumpleaños de Johann Sebastian Bach, y es lo más grande que ha habido en esto de juntar notas.
Yo empecé a interesarme en esto de la música cuando tenía unos 15-16 años. Ya llevaba unos cuantos años de conservatorio a mis espaldas, pero una cosa que aprendes es que en un lugar en el que se enseña música seguramente es el sitio en el que menos música se aprende.
El primer cd que compré fueron unos Conciertos de Brandemburgo de Leonhardt y eso me imagino que en cierta manera marca. Ahora están en Santiago, con el grueso de mis fondos musicales, firmados por el propio Leonhardt, Sigiswald Kuijken, Paul Dombrecht y Frans Brüggen, lo cual los convierte en una joyita.
Pero no se trata de hablar de frikadas sino de pura y auténtica admiración, que es lo que siento por el señor Bach. Como la mayoría de los sentimientos tiene una difícil explicación: no se trata únicamente de perfección, orden y total dominio de armonías, contrapuntos y melodías. Hay algo más, una especie de identificación con esa música. Todo lo que se ha expresado en 400 años de música occidental está recogido ahí: todo lo que había antes y lo que vino después ya está en la obra de Bach.
El más grande, prácticamente sin salir de cuatro pueblos alemanes, en su casa, con su amplia progenie y sus alumnos. Una vida dedicada a la música, con unos resultados bien visibles.
Como dice el Magnificat de la Virgen, lo mismo podría decir yo del viejo Bach y su música:
Magnificat anima mea et exultavit spiritus meus.

viernes, 20 de marzo de 2009

Entre fogones.

A mí me gusta cocinar, lo admito. Y he de decir que hasta ahora he tenido críticas bastante buenas, nadie se me ha puesto enfermo después de comer en mi casa y aunque a veces la cosa podría salir mejor, la idea es buena y sólo hay que insistir -cómo todo en esta vida-.
Decía el grandísimo y onmisapiente Karlos Arguiñano que cocinar y comer son dos de las pocas formas de gozar sin tener que bajarse los pantalones. Frase lapidaria que muy bien podría estar al lado del cogito ergo sum cartesiano o el alea iacta est de Julio César. Yo suscribo plenamente todo lo que dice Arguiñano, incluso sus peores chistes que a mí me hacen una gracia loca, y admiro sin reservas su capacidad para disfrutar del trabajo.
Últimamente tengo la cocina abandonada porque cocinar para uno da una pereza del copón. Cocinar para 8 tampoco es que me vuelva loco, pero por lo menos es más divertido y al acabar siempre hay alguien que se ofrece a lavar los platos. El problema es que en una cena/comida de 8 personas hay una probabilidad muy alta de que esas 8 personas acaben borrachas, con el consiguiente número de platos rotos. Es todo directamente proporcional.
Pensaba crear un blog de cocina como el que hace años creara Iago, con fotitos muy curradas y un recetario acojonante, pero el mío iba a ser más guarrete y de andar por casa, para que algún despistado que quiera quedar bien invitando a una gachí a cenar en casa pueda salir del paso sin tener que humillarse llamando a un chino.
Le sigo dando vueltas, pero sólo pensar en el trabajo me echa para atrás, así que si la cosa progresa ya avisaré con tiempo.
Y para acabar, chiste de Arguiñano:
-¿De dónde sale la lana virgen?
-De las ovejas feas.

domingo, 8 de marzo de 2009

Maldita sea.

Me acabo de quedar con una sensación horrible en el cuerpo. Hace tiempo que no veía a nadie pidiendo por las casas, cosa que era natural hace años y que yo asocio a ciertos momentos de mi infancia, cuando en casa de mi abuela a veces venían señores que se conformaban con unas míseras monedas e incluso con un trozo de pan.
Recuerdos de infancia en la que yo no tenía consciencia de la gravedad del asunto ni maldita la flta que me hacía. Pero las cosas cambian.
Hace un rato timbraron en el portal y mi padre abrió la puerta porque le dijeron que iban al tercero. En unos diez minutos timbraban en la puerta y salí a ver quién era. Una mujer ya mayor, de aspecto tímido, con un abrigo azul y el pelo corto.
Venía a pedir, me dice. Yo me quedé helado, sin saber muy bien qué hacer. Prácticamente me acababa de levantar, y en la cocina estaba toda la familia, ajena al asunto, comiendo y contándose sus historias. A mí me quitó el hambre y me dejó bastante destrozado, pensando en cómo lo tiene que estar pasando esa mujer para dedicarse a eso, porque se le veía que no tiene tablas en el asunto.
Maldita crisis y malditos sean todos los Madoff y los que con su maletín bajo el brazo atracan sin mancharse las manos. Los cobardes que roban de forma legal y que nos dieron el timo de la estampita a todos los que sin comerlo ni beberlo decidimos meter el dinero en un banco. Una sociedad que está harta de repetir el refrán "nadie regala duros a peseta" pero que no aprende de sus errores.
Y la sensación insoportable que me roía el alma hace unos minutos -y todavía lo hace- es de vergüenza. La vergüenza que sentía esa pobre mujer, teniendo que mendigar unas pocas monedas, pero que no es nada comparada con la vergüenza que sentí yo al cerrar esa puerta. Maldita sea.

sábado, 7 de marzo de 2009

Tocando las bowlings.

Vivo en un pueblo que es especialmente proclive al cotilleo y a la maledicencia. Es un pueblo pequeño y, como dice mi madre, "nos conocemos todos", lo cual no debería ser un problema siempre y cuando no utilicemos ese conocimiento para poner verde al vecino, para hablar de quién se pasa a quién por la piedra o para terminar las frases con un "xa o pai era igual".
Uno, además, tiene la mala suerte de ser especialmente conocido. No por méritos propios, sino más bien por los de sus progenitores, así que se encuentra con gente que lo saluda por la calle y no la conoce. Y Dios te libre si por casualidad vas distraído y no respondes al saludo de esa completa desconocida, porque irá contándole a todo el que quiera oirla "vi al hijo de Dolores y no me saludó".
La gente en este pueblo tiene demasiado tiempo libre, porque aquí no hay absolutamente nada. Las únicas personas capaces de vivir en este sitio y ser felices son aquellas que no esperen nada más allá de una casa y la confortable seguridad de la rutina, salir a tomar un café con las amigas y de paso hablar de los méritos de los hijos propios o ajenos. Y digo amigas porque las expertas en estas lides siempre han sido las mujeres, que a veces con la excusa de salvaguardar la memoria colectiva tienen más información que la Stasi en sus mejores tiempos.
No me gustan los rumores ni las insinuaciones, como cuando una vez una Señora -con mayúsculas, porque es de las de pelo cardado, abrigo de piel y un maquillaje que podría resistir un ataque nuclear- me preguntó qué iba a hacer ahora que había dejado de estudiar. Y yo, inocente, me quedé con cara de interrogante sin saber muy bien qué pensar: o el rumor estaba equivocado, o aquella mujer presentaba síntomas de un Alzheimer incipiente.
No soporto ese sistema inamovible y clasista de aquellos que se saben miembros de una familia de bien y miran al resto como si fueran escoria. Aunque ya se sabe que en el país de los ciegos el tuerto es el rey.
Y que conste que esto no es tirar piedras contra mi propio tejado, simplemente porque no tengo ningín interés en considerarlo propio. Al margen de dos o tres cosas que me pueden ligar a este pueblo yo no tengo ese "amor por Monforte" del que habla alguna gente, que considera esta aldea como un lugar idílico de paz y tranquilidad. No nos engañemos: Monforte sólo es un pueblo que tiene algo de vida en vacaciones, cuando además de los gilipollas locales vienen los gilipollas de Madrid y Barcelona para darle un toque de color a toda la caspa habitual.
La única ventaja que puede tener es que alguno de esos mamoncetes se traiga a una hija cachondilla y descocada que acceda a las pretensiones sexuales con mayor facilidad que el resto. Por lo demás, este pueblo se puede ir mucho a tomar por saco, con las Señoras, las Familias y la madre que los parió a todos.

viernes, 6 de marzo de 2009

Cheek to cheek.

Tengo un amigo -Óscar- con el que comparto la pasión por la música de Sinatra. Iba a escribir una entrada sobre lo cansado que estoy esta semana, pero resulta que me puse a pasar música de cds al iPod y encontré uno de Sinatra con canciones románticas -soy un calzonazos- y en él estaba Cheek to cheek. Se me fue el cansancio y me apetecía salir por ahí a tomar unos vinos, pero desgraciadamente este fin de semana no hay nadie.
Rubén me decía que él cuando se preparaba para salir ponía música que le subía el ánimo -vale que La bomba no es mi tipo- y así, mientras se vestía y se ponía todo guapo se le iban cargando las pilas. Yo nunca me creí demasiado lo de la musicoterapia, aunque he de reconocer que hay ciertos tipos de música que producen cambios. Lo de que Mozart hace más inteligentes a los bebés es algo por lo que no doy un duro, que conste.
En fin, cuando el amigo Frank cante I've got you under my skin me acordaré del Parguita -y de alguna, para qué negarlo- y aunque hoy no pueda brindar con nadie me lo guardo hasta el viernes que viene. Y así tendré energías para enfrentarme a un montón de catálogos online de bibliotecas para encontrar algo para el TAD de Rocío.
Sé que es una entrada sosa, pero es lo que hay. No todos los días vienen las musas.

domingo, 1 de marzo de 2009

Un viaje en avión.

Hay algunas formas de hacer que un viaje aburrido se transforme en algo agradable. La primera, es que a tu lado se siente una chica guapísima. La segunda, y mucho más interesante, es que tenga miedo a volar.
No es por crueldad, pero es que a la chica guapísima que le deba miedo volar lo intentaba solucionar dándome conversación. Una conversación nerviosa, con cara de terror ocasionalmente, cuando el aparato sacaba las ruedas y hacía ruidos mecánicos de indescriptible origen. La descripción es muy similar a la de Nuria la peluquera, de hecho estuve a punto de preguntarle si no serían parientes -ser varón en esa familia sería una amenaza incestuosa constante- por el pelo negro y todo lo que venía debajo.
En fin, que acabo de llegar de Nueva York bastante reventado, con sueño y pocas ganas de hacer nada, aunque eso sí, ya deshice el equipaje. Poco a poco iré contando algunas de las cosas que nos ocurrieron en la ciudad que nunca duerme.
De momento, buenas noches a todos.