lunes, 29 de junio de 2009

Real como la vida misma (o más).

“ [...] Estaba fascinado, estaba absolutamente loco por ella. ¿Sabe? al final la pobre chica acabó en un manicomio... Bueno, no tiene gracia, aquello fue muy triste. Ella era, en fin, genial, pero chiflada. Sí, siempre he sentido cierta debilidad por lo que llamo «mujeres kamikaze», porque son... las llamo «mujeres kamikazes» porque estrellan su avión, son autodestructivas, pero se estrellan contra ti y tú también pereces con ellas. Y en cuanto surge un reto, en cuanto hay una mínima oportunidad de arreglo, o ninguna, o va a haber obstáculos o vallas algo se enciende en mi interior. A lo mejor es porque soy escritor, pero algún componente dramático o estético me atrae y voy tras esa persona; hay cierto ambiente dramático que... que casi hace que me enamore de esa persona, no sé cómo decirlo, que me enamore en cierto modo de toda esa situación, ¿comprende? Y... desde luego a mí no me ha resultado bien, no ha sido ninguna maravilla.”
Woody Allen, Maridos y mujeres

domingo, 21 de junio de 2009

Profanando iglesias (de vez en cuando).

La gente tiene una imagen un poco distorsionada sobre la Historia del Arte. Se cree que los que nos dedicamos a ello nos pasamos el día en bibliotecas leyendo libracos y visitando museos lúgubres. Pero hay más cosas, y mucho más divertidas.
Este año nos fuimos de viaje a Burgos y además de visitar algún monasterio una parte fundamental fue el ir de vinos, con el profesor incluído y algunos alumnos de primero. Además hubo una pequeña ruta de senderismo, un picnic muy bucólico y unas carreras en plan arrebolada por Quintanilla de las Viñas.
Recordaba estas cosas, que normalmente no se piensan cuando uno dice que estudia Historia del Arte, porque el viernes fui a San Esteban de Ribas de Sil a hacer unas fotos para el trabajo de Senra. Llegué e hice unas cuantas del claustro, pero al entrar en la iglesia me quedé chafado, porque hay una verja que cierra el transepto para que los simples mortales no vayamos a robarle los copones al cura.
Para los que no tienen ni idea de qué es el transepto -como si a mí me hablan de fisión nuclear- dejémoslo en que corta la iglesia más o menos por la mitad, y ahí estaba yo, sin poder llegar a una inscripción que me interesaba y sin poder hacerle una foto al retablo románico. Así las cosas, después de un viajecito por una carretera horrorosa, me armé de valor y decidí saltar la verja.
Los que me conozcan ya estarán esbozando una sonrisita maliciosa, porque yo no soy dado a los excesos físicos de este tipo. Pero el caso es que me subía la basa de un pilar súper tocho, pasé una pierna por encima de la reja y aterricé grácilmente sobre las escaleras del púlpito. Hice mis fotos, esperando que alguien viniese a decirme algo, pero no hubo problemas. Salté la verja de nuevo y me fui a hacerle unas fotos a la iglesia por fuera.
He aquí un problema nuevo: la reja que está al lado del cementerio tenía una cadena con un candado gordísimo, así que no me quedó otra que hacerme a la idea de que ahora tendría que saltar un muro. Maldiciendo para mis adentros busqué un lugar entre la vegetación -bastante salvaje, he de decir- en el que el murete estaba medio caído y me aupé hasta quedar sentado en él. Al apoyar las manos en un montón de ortigas bajé a parte del santoral del cielo, pero la cosa no fue a más. Bajé una pequeña rampa rodeada de más ortigas y alguna planta espinosa y por fin pude hacer las benditas fotos.
En fin, que de lo que nos olvidamos muchas veces es de lo divertido que puede ser el trabajo de campo, las visitas en vivo y los personajes que uno se encuentra por ahí. Y ahora, después de profanar iglesias y cementerios, a ver quién es el guapo que me dice que la Historia del Arte es aburrida.

jueves, 18 de junio de 2009

Gente de la biblioteca.

Pretender estudiar en la biblioteca de la Facultad es algo que sólo unos pocos pueden hacer. Ir a ver tetas y a ligar es otra cosa, ahí sí, pero lo que es estudiar en serio, creo que muy pocos están preparados para resistir horas y horas soportando un calor agobiante, la charla incesante de grupitos que cuchichean sobre cada uno que pasa, o el olor que a veces deja algún descuidado estudiante que parece padecer de ablutofobia.
El señor von Meilán y la Moncha son de esos -de los que estudian, no de los ablutofóbicos-, pero claro, son gente excepcional hecha de otra pasta que los simples humanos. Y a mí me maravilla verlos ahí, pasando hojas de apuntes, resoplando, subrayando todo lo subrayable y esquematizando allá dónde cabe un cuadro sinóptico.
Hoy el señor von Meilán se me agobiaba porque le mandan estudiar a Sisto Badalocchio, lo cual es una valiente memez cuando no bastaría un semestre para explicar a Caravaggio, que sí es de los que merecen la pena. Mañana el pobre hombre pasará por la experiencia estresante que siempre supone un examen, más cuando se trata de uno de los últimos de la carrera.
La Moncha, por otra parte, es más práctica, y creo que pasó de agobiarse por un examen inútilmente, así que opta por no presentarse y liberar sus culpas a golpe de "pasión terrenal" haciendo diagonales barrocas y composiciones serpentinatas en vivo, que siempre es mucho más gratificante que verlas en los cuadros de Badalocchio o de la madre que lo parió.
Yo, que pasé por mi última experiencia examinadora en febrero, los veo ahí, en la biblioteca, y hasta cierto punto los envidio, porque cuando hacen un parón se lo pasan bien y me imagino que se sentirán hasta reconfortados. Ahí están, estudiando como se supone que hace la gente normal. Aunque estos dos de normales no tengan nada, porque ya he dicho que son excepcionales.

sábado, 13 de junio de 2009

Vida y muerte de una moda.

Estamos condicionados hasta las trancas, y la mayoría de las veces ni nos damos cuenta. Es un tópico muy manido, pero es tremendamente cierto. Hace unos días le decía a Carlos que era un buen negocio poner un Starbucks en el callejón de Derecho (la idea es de Llenderrozos, lo reconozco). Él me preguntó por qué un Starbucks y no una buena cafetería, y yo le dije que únicamente por moda.
Conozco a un montón de gente a la que no le gusta el café, pero que sería tremendamente feliz con un vaso de cartón, con esa mezcla asquerosa de agua y granos de "café" pasados que venden en Starbucks, sólo por parecerse a las chicas de Sexo en Nueva York o para darle un aire fashion a su vida.
Nos dimos cuenta en Semana Santa, en Viena, donde hay muchas cafeterías buenas, sin ruido, sin música, sin máquinas tragaperras ni televisiones que sintonizán la MTV mientras suena la radio. Allí hay muy poquitos Starbucks, y quizás eso tenga que ver con que sea la ciudad con la calidad de vida más alta de Europa, pero me temo que ningún lugar del mundo está a salvo de la colonización salvaje de la cadena.
Me acordaba de todo esto hace un rato, cuando no sé por qué me dio por ver los fotologs de algunos de mis amigos. Ya nadie lo actualiza, cayó en desgracia. Algunos, incluso, lo han sometido a una damnatio memoriae y se lo han cargado limpiamente, como se quita de en medio a un caballo cojo. La idea estaba condenada desde que apareció el Tuenti, y luego el Facebook, que aquí, como en todo, siempre vamos con retraso.
Yo tenía uno, pero hace tiempo que lo abandoné a su suerte, así que ahí están todavía los fuegos artificiales que le deseaban a la gente un Feliz 2009, próspero año nuevo y esas cosas.
Bonito deseo que gracias a mi dejadez sigue ahí, incluso en los momentos más cínicos en los que no le desearía un Feliz 2009 a mí mejor amigo ni a la madre que lo parió.

miércoles, 10 de junio de 2009

"Dadles vosotros de comer".

Y a mí no me toquéis las pelotas.

La frase del título está sacada de la Biblia y es el eslogan del arzobispado de Madrid en una campaña de estas que Rouco y sus amigos lanzan de vez en cuando. La frase de abajo es mi aportación personal para adecuar el original (Lc. IX, 13) a los tiempos que corren.

lunes, 1 de junio de 2009

La suerte de Stanley.

James Stewrt se pasa toda la película mirando por la ventana viendo qué hacen sus vecinos: el músico, el asesino, los recién casados -que al final de la película ya están un poco hartos el uno del otro-, el asesino, los que duermen en el balcón, y la vecina rubia, impresionante, que hace sus ejercicios en ropa interior.
James Stewart se pone un poco loco oon la rubia. Normal, pero bueno, él tenía a Grace Kelly metida en el apartamento, y cuando aparece con ese vestido de noche, al principio, no hay visión de ventana que la sustituya. Pero bueno, que a él la vecina lo pone burro perdido. Y yo, si estuviera en su situación haría lo mismo.
Durante toda la película vemos a la rubia con su conjuntito rosa, haciendo ejercicios, levantando mucho las piernas, agachándose ofreciendo paso franco a través de los pantaloncitos cortos... posturitas que dejan mucho a la imaginación más sucia y libidinosa. Pero la vemos sola, pobrecita.
Resulta que al final, después de que Thelma Ritter le haya soltado las suyas y las del pulpo al señor Stewart, que se intenta convencer de que la señorita Kelly era demasiado buena y perfecta para él; resulta que al final, decía, cuando todo se resuelve, el recién casado se asoma a la ventana con cara de hastío mientras la mujer lo llama desde algún lugar dentro de la casa, y en el apartamento de la rubia alguien llama a la puerta.
Ella grita "Stanley!" y aparece un soldado bajito y regordete, que yo me imagino con cara de empanado, y la rubia empieza a darle besos y abrazos como una loca. Hay que ver, pensaba yo viendo la película. Maldito Stanley, qué cabrón, menudo bombonazo que tenía el tipo con cara de tonto esperando en casa.
Así a mí también me dan ganas de hacerme soldado.