viernes, 31 de julio de 2009

Sobre la imbecilidad humana.

Estoy leyendo -qué casualidad- un libro de un italiano que escribe sobre los imbéciles. En general, no da nombres, pero eso es algo que ya puede poner el lector si es avispado; y si no, también, porque la principal teoría de Pino Aprile es que la inteligencia está condenada a extinguirse y la imbecilidad triunfará cual miles gloriosus.
Yo no soy tan pesimista, pero veo que aquí mi primo el spaghetti tiene unas cuantas frases que dan en el clavo con una precisión pasmosa. Claro que el problema que veo en estas cosas es que tanto como el que escribe como el que lee se pone automáticamente en el nivel del inteligente, y habla del imbécil como si nada tuviera que ver con él. Incluso cuando confiesa haber cometido actos de auténtica imbecilidad, el ser consciente de ello lo salva de caer en las garras de la estupidez.
Una de las cualidades del inteligente es el cuestionarse las cosas. No porque sí, sino con sentido y para llegar al fondo e intentar comprender. Sin embargo, el afán desmedido por querer saber y comprender nos puede llevar a sitios incómodos dónde más nos valdría no meter demasiado las narices, porque uno puede darse cuenta de que igual no es tan listo como creía.
En este punto el consuelo nos lo da la teoría de las múltiples inteligencias, y yo no puedo evitar la sonrisita cínica que me sale a veces, pregntándome si no será éste un invento de un imbécil muy listo para tener un clavo ardiendo al que agarrarse. Hablaba el otro día con Carlos de estas cosas, divagando después de un churrasco y un café, planteándonos el destino universal y el sentido de la vida -que tras un churrasco igual no se vislumbra, pero está claro que viene con patatas y ensalada- y la verdad es que yo cada vez tengo menos cosas claras.
Si uno se comporta de forma inteligente, cómo decía, planteándose preguntas e intentando darle sentido a las cosas termina siendo un infeliz, porque acaba siendo consciente de cosas que podría no saber y seguir siendo feliz de ese modo. Si no lo hace resulta que es imbécil porque tiene menos interés y resolución que una piedra, por tanto seguirá en esa bendita ignorancia que mantendrá sus espectativas al mínimo y fáciles de colmar.
El resultado es una contradicción lógica que como decía Sherlock, "una vez que se han eliminado todas las otras hipótesis, por improbable que parezca, esa es la única correcta": lo más inteligente que puede hacer el ser humano es comportarse como un imbécil.

lunes, 27 de julio de 2009

E avanti a lui... tremavano tutte le romane!

Que no me malinterpreten ninguno de mis colegas italianos, pero he de decir que siento cierta fascinación por Silvio (Berlusconi, se entiende, no el consigliere de Los Soprano). Me maravilla la política en Italia, porque hay cosas que no caben en mi cabeza racional, fría y calculadora, y porque en cierto aspecto me siento más identificado con unos políticos que parecen salidos de una película de Fellini que con el artificio y las falsas promesas de los nuestros. Por lo menos aquello tiene algo de artístico si no profundizamos demasiado en el asunto.
Hace un momento buscaba en Google la noticia de cuando las derecha se cargó el gobierno de Prodi. Encontré una visión bastante parcial, con un Cusumano heroico que resiste imbatible frente a los embates de sus compañeros de derecha, y a un Barbato que lo insulta llamándole "finocchio, pezzo di merda" y algunas lindezas más. Cuando la cosa se desmadró -siempre y cuando tengamos en cuenta el nivel de "desmadre" admisible en la política italiana- hubo uno que le escupió y el pobre y viejo Cusumano se desmayó en el hemiciclo mientras que los senadores de derecha celebraban su victoria sacando botellas de champán y mortadela.
Digno espectáculo ese, el mismo de los que después apoyaron a Berlusconi y que hoy día siguen cortando el baccalà en la antigua Caput Mundi. La fascinación que ejerce en mí todo ese despliegue de lo absurdo que parece campar a sus anchas en Italia, desde la política a la televisión, pasando por la religión y el arte, es tan grande que no puedo mirar hacia otro lado cuando hablando de viajes me preguntan cuál es el sitio al que siempre volvería.
Berlusconi, y llego a él porque acabo de leer el título de la entrada y ya había ido perdiendo el hilo, representa una especie de triunfador de la antigua escuela, uno de esos banqueros o empresarios engominados de los que aquí también tenemos a patadas, que ha sabido cogerle el pulso a su país y sabe que puede comprarlo con promesas o a golpe de talonario, sin importar que desmadres pueda cometer con prostitutas adolescentes o con mafiosos. Berlusconi se ha dado cuenta de que su país perdona y olvida con una facilidad pasmosa, y de que aquellod el panem et circensis no queda tan lejos. Es el último emperador, y como tal tienen sentido las inscripciones de S.P.Q.R. que aún hoy encontramos en las alcantarillas y papeleras de Roma. Lo que no sé es cómo a los compañeros presidentes de Silvio no se les cae la cara de vergüenza cuando tengan que hacerse las fotos de familia en una reunión del G (8, 20, 70...), claro que lo más probable es que sean todos iguales, aunque Il cavaliere ya no tenga necesidad de disimular.
Bravo, Silvio!

jueves, 23 de julio de 2009

10 razones por las que adoro Italia.

  1. Las terrazas en el Trastevere y en Campo de' Fiori
  2. Rossini
  3. Las barrenderas de Roma (Carlos me entiende)
  4. Pasear al lado del Tíber por la tarde
  5. La comida de una trattoria en Via San Giovanni in Laterano
  6. Las iglesias pequeñas en las que de repente te encuentras un Caravaggio
  7. El tráfico caótico y los insultos con el brazo fuera
  8. El café de La tazza d'oro
  9. Los helados de la Gelateria della Palma
  10. ¡Tienen un presidente como Berlusconi y todavía son optimistas!

miércoles, 22 de julio de 2009

Fuckin' assholes!

Emplear términos extranjeros siempre le da a uno la oportunidad de lucirse delante de amigos y demostrar que él sabe mogollón y que ha ido por el mundo adelante empapándose de cultura. No importa que haya un término castellano perfectamente válido, e incluso con tradición; el inglés es mejor, más moderno y mucho más cool. Digo esto porque hace dos minutos estaba sentado en un bar y llegó un grupito de señores tocapelotas (ballbreakers) que empezó una conversación que no me interesaba lo más mínimo hasta que algo llamó mi atención.
Uno de ellos dijo que no sé quién se iba a California a estudiar bussines, que no son autobuses asturianos en miniatura, sino negocios. La equivalencia española sería decir que el gachó o la gachí se iban a California a estudiar empresas, pero entonces quedarían como unos gilipollas. Ahora bien, si dicen que se van a estudiar bussines quedan como unos gilipollas que por lo menos hablan inglés.
Lo que me sorprende en estos casos es la total naturalidad del que lo dice, así como la aceptación por parte de su auditorio. Todos deben ser muy cultos de Dios (very cultured of God) para que una pedrada así no genere el menor rechinar de dientes, pero qué se le va a hacer, será que uno es un purista.
Lo del inglés hace tiempo que pasó de rozar la línea de lo ridículo para entrar de lleno en el campo de lo estúpido. Al lado de mi casa hay una fotógrafa que se anuncia con un cartel que pone Rosa Pérez, Photographer. Supongo que será para que cualquier empresa moderna y dinámica que se precie contrate sus servicios en lugar de los de Tino Martínez, que ni pone photographer ni nada. Claro que yo no tengo una empresa moderna y dinámica y a mí cómo se anuncie Rosa Pérez me la sopla, e incluso me divierte.
El problema es que ya empieza a colarse en medios de comunicación y espacios que antes pasaban por ser más o menos respetables. Ver a María Patiño o al conde Lecquio diciendo que son singles no me sorprendía (yo diría incluso que son un par de cosas más), pero escuchar en un telediario que un coche hizo aquaplanning para decir que resbaló sobre un charco me parece una solemne gilipollez. Una estupidez supina, como dijo Margarita Salas maravillosamente y en perfecto castellano cuando le preguntaron qué opinaba sobre lo de los "miembros y miembras" de la Ministra. Me imagino que la semana que vienen dirán que los ocupantes del vehículo que hizo aquaplanning están muertos que te cagas (dead that you shit yourself).
En cuestiones de palabras extranjeras, a mí me parece que el francés sigue teniendo unos resabios románticos mucho más elegantes que el inglés. Lo ideal sería que estos self made men de mundo que han aprendido inglés para imitar a los brokers de Wall Street emplearan de vez en cuando una palabrita gabacha para darle aún más color a su discurso. Al fin y al cabo el francés tiene ese je ne sais quoi que se derrite en el oido.
Grosso modo, el dominio de tantos idiomas es cool y muy fashion, porque así puedes hablar con gente que tiene un charme deslumbrante en fiestas de la jet set, juntándote con la beautiful people para hablar de tus bussines y de lo que te salga del ass. Porque mientras lo digas en inglés, todo vale.

martes, 21 de julio de 2009

Qué buen siervo si tuviera buen señor (II).

El Via Stellae va acabándose y haciendo balance, lo mejor fue el concierto de la Real Filharmonía con Sardelli. Al margen de ver cantar a Carlitos, lo cual siempre es positivo y divertido, la RFG demostró que es una buena orquesta siempre y cuando el director le exija un rendimiento.
Las overturas Coriolano y Egmont fueron espectaculares, y la energía de los movimientos rápidos en la Sinfonía nº1 es algo que normalmente no se encuentra en los conciertos de esta orquesta; todo esto demuestra que el problema no son los músicos sino el que mueve la batuta, porque habría que ser muy generoso para decir que lo que hace Ros Marbá es "dirigir".
Como el Doctor Muerte, el "maestro" deja a sus espaldas un campo abonado con los cadáveres de las "obras clásicas austro-alemanas"; la única diferencia con Jack Kevorkian es que éste ayudaba a la gente a morir con dignidad, mientras que Antoni es un asesino que a sangre fría puede acabar con la paciencia -y si me apuran con la vida- de todo el auditorio armado con una batuta y la partitura de la 8ª de Bruckner.
Me decía Carlos que de todos los que estábamos allí, de esto nos dimos cuenta 4 gatos. Que la gente seguirá aplaudiendo a Ros Marbá, y que esto seguirá el proceso de desertización musical que empezó cuando echaron de malas maneras y por la puerta de atrás a Rilling. Pero como en todo, será que tenemos lo que nos merecemos.

viernes, 17 de julio de 2009

Subnormales, castrados y otros seres.

En el Via Stellae están haciendo mucha ópera barroca y mucho recital, que es por lo que uno paga y lo que espera. Lo malo es que lleva implícita la compañía de un reducido grupo de imbéciles, que pese a ser pocos y localizados, hacen mucho ruido.
Se les ve en la actitud que lo de la música es un postureo súper guay -ya es sobradamente conocido lo que opino de los guays- para ir a lucir modelitos estrafalarios y a gritar como posesos en cuanto alguien termina un aria. Y lo peor de todo es que en cuanto uno abre la veda van todos detrás, compitiendo a ver quién es el que primero sufre una hemorragia en la faringe porque se ha desgañitado más que el resto.
Me molesta que estén esperando, como coches de Fórmula 1 en la parrilla de salida, para ver cuál de ellos es el primero en soltar un "Brava!" antes que los demás. Los hay más hábiles, que destacan por su nivel de decibelios y por lo pronto y mucho que pueden tocarle a uno los huevos, como cuando la Invernizzi acabó de cantar el Piangerò y no esperaron ni medio segundo de reposo antes de soltar sus gritos, que harían parecer civilizado a un oso pardo en celo.
Lo malo no es ya que se muestren desaforadamente satisfechos, sino que la mayoría de las veces tales muestras de entusiasmo no tienen justificación alguna. Aplaudirían a rabiar un pedo o un eructo de Romina Basso si se los echara encima del escenario, porque a lo que va esta gente es a llamar la atención y a demostrar que disfrutan más que nadie de una ópera de Jomelli, cuando ellos -como cualquiera- debían estar hasta las pelotas de todos los malos cantantes a los que les gritaron "Bravissimi!". Algunos nos fuimos en el descanso, porque no tenemos necesidad de pasar por malos ratos voluntariamente sólo para que se nos vea.
Otros se quedaron, humedeciendo los asientos a medida que las trompas naturales metían petardazos que harían sangrar los oídos incluso a un Beethoven anciano. El caso es felicitarse entre ellos cuando acabe la actuación, diciéndose "Pepe, que bien has gritado, tú sí que sabes disfrutar de la música, no como esos que se quedan callados". Y así Pepe se irá todo contento a su casa, esperando que llegue el próximo concierto para darnos por culo con sus gritos a nosotros, pobres catetos.

sábado, 11 de julio de 2009

¿Estás solo?

Odio los anuncios que aparecen en los laterales de algunas páginas. En Facebook, por ejemplo, hay uno en el que sale una chica estupenda bajo el título "¿estás solo?"; con lo que se deduce que si estás solo lo único que tienes que hacer es seguir el enlace para acabar zumbándotela a ella o a sus amigas.
El anuncio pone "¿estás solo?", porque el "pedazo de mierda" se lo callaron. Me imagino que la gente que no está sola está con una rubia de labios operados como la del anuncio, que hace todo lo que le dicen y que se muere por encontrar a un tipo interesante, con buena planta, culto y cariñoso como yo.
"¿Estás solo?"
Anda y que te jodan.

miércoles, 8 de julio de 2009

Hastío.

Me cuesta bastante escribir nada decente últimamente porque sólo me centro en una cosa. Estoy yendo a casi todos los conciertos del Via Stellae, salgo por las tardes, trabajo un poco por las mañanas, y en general me aburro bastante.
Uno se acostumbra a la buena compañía durante 5 días y luego se acaba, porque todo el mundo se ha ido a su pueblo. Ahora vendrán de vez en cuando a ver alguna nota o a revisar algún examen; pero Santiago sin estudiantes es un asco, sólo hay peregrinos y guiris.
Sólo espero que si pasan por aquí me llamen.
Me voy a la cama a rumiar mis pensamientos con la almohada.

viernes, 3 de julio de 2009

Imbécil no, en todo caso "poeta sufí".

No se me ocurre ningún título y la verdad es que no estoy para romperme demasiado la cabeza. Ayer fue una noche muy rara, de esas en las que nada sucede como debería y en las que todo parece salir al revés, pero no tiene por qué ser precisamente malo.
En principio yo tenía un plan establecido que se fue al carajo por cuestiones que no vienen al caso, el señor von Meilán se retiró a tiempo y acabamos la Moncha, la Pabla, Paco y un servidor bebiendo ligeramente -la cosa no fue exagerada ni mucho menos- en compañía de la reina del optimismo andaluz.
El plan fue bastante raro, y por primera vez acabamos desyunando chocolate con churros a las 7,30 de la mañana en el Alabama. Lo que debería haber sido el plan del Acto de Licenciatura, pero como dos meses más tarde. Y decididamente en mejor compañía, sin lugar a dudas.
En fin, que hoy me imagino que volveré a verlos y mañana la Cena de fin de carrera famosa, a la que asistiremos una minimísima parte de la promoción (los de siempre), y correrá el vino como la sangre por Constantinopla cuando la toma de los turcos.
Y para terminar un verso de El tratado de la Unidad de Ibn'Arabi (tiene su porqué y su para quien, pero no voy a explicarlo):
Y entre las cosas más maravillosas hay una gacela con velo, que avisa con dedos rojos de alheña y parpadea. Una gacela cuyo pasto está entre las costillas y entre las entrañas; ¡oh, maravilla!, ¡un jardín en medio de fuegos!