domingo, 29 de noviembre de 2009

Igual hoy que hace 350 años.

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

[De un soneto de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)]

domingo, 22 de noviembre de 2009

El milagro de Jack.

Carta de Miguel Hermoso a Billy Wilder (copio sin pudor de la Historia del Cine Diario 16):
Escúchame atentamente, Billy, te diré una cosa. Es con respecto al chalado ése, actor que siempre hace de simple; tú le conoces bien porque has trabajado con él varias veces. El tipo tiene un rostro de lo más vulgar y un apellido cómico de veras: Limón.
Bueno, pues yo tenía un problema con él. Porque tú veías en las películas a los otros grandes actores, a Tracy, o a Fonda, o a Stewart o a Brando, y decías: "Qué buena interpretación hace aquí Spencer Tracy" o "en esta película Marlon Brando no está tan bien como en aquella otra".
Pero cuando intentaba fijarme en Jack Lemmon, la cosa no funcionaba. El tipo debía tener un truco para que no estuviese uno atento a esas cosas; porque parecía tan normal, tan cotidiano, tan simple, que a los diez minutos de proyección te enganchaba el personaje aquel y te olvidabas de que era un actor el que lo interpretaba y era imposible juzgar su trabajao, si estaba bien o mal hecho.
Recuerdo en aquella Irma la dulce en que se enamoraba de una puta, o en Con faldas y a lo loco en que andaba por ahí vestido de mujer, o en Días de vino y rosas que hacía de alcohólico, o en aquella otra película de periodista, Primera plana. Bueno, pues la verdad es que como actor no hacía nada importante, salvo que los personajes parecían como uno mismo, ¿entiendes, Billy?, o sea, como el lado tonto y ridículo que todos tenemos dentro: sólo eso. Y así siempre. En aquélla, El apartamento, en la que prestaba su casa a sus jefes, o en esa que ha hecho hace poco, Desaparecido, que no era de reír; yo siempre tenía con él el mismo problema, porque como no hacía nada extraordinario, sino simplemente embaucarme con sus trucos, pues no podía tener opinión de él como actor.
Pero ahora, Billy, después de mucho pensar, escúchame lo que te digo: creo que he adivinado sus secreto y conozco su truco; le he cogido, Billy, le he cogido.
¿Sabes a la conclusión a la que he llegado? Pues que el tipo, no es que sea natural o humano. Lo que ocurre es que todo lo que pasa en las películas es la verdad, ¿entiendes, Billy? Es la verdad.
O sea, que yo creo que Lemmon, en la vida real, es periodista y alcohólico, y su novia es una puta, y se traviste de vez en cuando, y le presta su apartamento a sus productores y tiene un hijo en Chile.
Porque eso resulta tan normal. No hay otra explicación.
Porque yo, Billy, tengo los pies en el suelo y no creo en los milagros.

martes, 17 de noviembre de 2009

I'm lovin'it!

Zoosk, que es majísimo, me pregunta a través de un anuncio de Facebook si me gustan las mujeres hermosas. Yo, que soy un cabrito, estoy tentado a decirle que no, que a mí cuánto más feas mejor, y si puede ser con verrugas peludas y dientes postizos entonces ya me vuelven loco perdido.
La foto del anuncio de Zoosk es una rubia con unas tetas de aquí a mañana, y otra rubia que se acerca peligrosamente a la zona "monumental" -porque no se me ocurre epíteto más apropiado- en actitud besucona. Ignoro si a las chicas en su perfil les aparece este tipo de publicidad, pero algo me dice que no.
Me puedo hacer fan de Zoosk, ya que como me sugiere el anuncio puedo "Crear un perfil para ver la tía buena". La cosificación de la señorita viene reforzada por la ausencia de la preposición "a" después del "ver": "ven a ver un coche", "ven a ver un Picasso", "ven a ver un cadáver en una cuneta", pero cuando se trata de personas se suele decir "ven a ver a mi prima", por ejemplo.
Evidentemente deberíamos pensar que "la tía buena" es un piropo, ya que al menos la considera mínimamente humana, cuando en realidad lo que quiere decir Zoosk es que puedo "Crear una cuenta de perfil para verle las tetas a esta guarrilla", lo cual es políticamente incorrecto hasta en un medio tan ambiguo como Facebook.
Por lo menos ya no es aquel anuncio que con muy mala hostia te preguntaba "Hola, ¿estás solo?"; lo malo es que aquella mala hostia ha sido sustituida por un muestrario de implantes de silicona, y a la hora de la verdad no hay demasiada diferencia entre estar obligado a ver éso y el escaparate de una carnicería que no deja de exponer cochinillos y longanizas. Aún cuando no tengas hambre.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Cuestión de acentos y de vergüenza torera.

Me ponen nervioso las faltas de ortografía. No puedo con ellas, y ver palabras mal escritas me roe las entrañas como un mal licor un día después de una juerga. Cuando se trata de escritos personales puedo pasar y quedarme con un simple fruncimiento de ceño, preguntándome qué clase de profesores ha tenido la gente que no sabe que "este" (determinante demostrativo) se convierte en "éste" cuando se trata de un pronombre demostrativo. Pueden llamarme gilipollas, pero difícilmente aceptaría leer de forma voluntaria algo en lo que haya faltas de ese tipo.
El asunto sale porque hace poco envié un correo electrónico a una editorial, protestando porque un libro contiene numerosas faltas de ese tipo y porque los traductores hacen un uso horroroso de los signos de puntuación. A veces las comas carecen de sentido, y en otros lugares un punto y seguido se emplea de forma indiferente, olvidándose los buenos hombres de que hay un invento híbrido que se llama punto y coma.
El libro, además, es de Umberto Eco y se trata de un manual para informar a los universitarios sobre cómo se debe afrontar la tarea de escribir una tesis. Para más INRI, la idea principal del autor era orientarlo a alumnos de literatura y humanidades, que se supone deberían ser especialmente sensibles a estos asuntos.
Hasta hoy no he recibido respuesta de los editores -a los que les sugería cordialmente que antes de tirar 2000 ejemplares se tomaran la molestia de corregir una especie de "libro piloto"-, pero no dudo en que en algún momento algo aparecerá en la bandeja de entrada. No sé de qué tipo (otro asunto peliagudo, las preguntas indirectas), pero sea lo que fuere seguramente habrá mucho interés y mucha complacencia, mucha palmadita en la espalda por estar tan espabilado encontrando erratas, y en la próxima edición volverán a aparecer los mismos monstruos para luchar contra la nobilísima R.A.E.
Si llegan a caer en manos de alguno que yo me sé... Dies irae!

viernes, 6 de noviembre de 2009

"Ésto es un país libre."

Es una de esas frases que se dicen como un topicazo y que suenan más a adolescente cabreado con el mundo que a razonamiento serio, pretendiendo justificar las más de las veces una política de "todo vale" que no se sostiene. ¿Por qué ahora me da por rezongar sobre estas cosas y sobre todo a estas horas de la noche? Pues porque no tengo sueño y porque acabo de leer un artículo en El País sobre Saw VI.
Para empezar no me meto en la polémica sobre si la clasificación X viene o no viene a cuento; tampoco entro en si el género y las formas son sintomáticas de una sociedad enferma porque me parece evidente. Lo que me interesa es ver los comentarios de la gente -que obvien toda cuestión de corrección ortográfica me enerva- y sobre todo los argumentos que aducen para justificarse.
Había uno que decía que declararla X era una especie de censura y que como ésto es un país libre es una medida fascista. Resulta que según qué sectores cualquier tipo de forma efectiva de ejercer el poder es invariablemente un ejemplo de fascismo y de intervencionismo estatal inadmisible porque cada uno es libre de hacer lo que le venga en la real gana.
En ese aspecto me fastidia -obsérvese lo comedido que estoy- la forma en que esa gente alza la voz, negando todo argumento razonable y amparándose en una serie de proclamas facilonas fácilmente identificables; además, decir que "ésto es un país libre" es una fórmula incorrecta ya que el país es un territorio que ni es ni deja de ser libre en el sentido estricto del término; en realidad lo que quieren decir es "ésto es un país donde se garantizan las libertades", lo cual es mucho más apropiado a la hora de mantener un discurso al menos semánticamente coherente.
Me he desfogado escribiendo sobre un hecho que se puede comprobar fácilmente leyendo los comentarios a los artículos, ahora que la prensa digital permite a cualquiera expresar su opinión respecto a cualquier asunto, porque todo el mundo tiene el derecho a decir lo que piensa y porque Internet se lo pone en bandeja de plata. Y sobre todo, porque "ésto es un país libre".

jueves, 5 de noviembre de 2009

Los violines del profesor Hueso.

Él tenía una imaginación desbordante, y la perfección a la que aspiraba era el modelo de la comedia sofisticada de Lubistch. Si alguna vez alguien podría haber rodado un biopic sobre su vida le encantaba especular con la posibilidad de que el protagonista hubiese sido el Cary Grant de Historias de Filadelfia, aunque sabía que nunca podría pasar algo así.
En la vida real se llevaba chascos continuos, porque todo se salía del guión continuamente y tenía que improvisar a diario; y en determinadas situaciones su registro no cuadraba con la escena, y no había dónde apoyarse. Llenaba bien los monólogos sarcásticos, por lo que el protagonista podría ser el Cliffton Webb de Laura, aunque a él en el fondo le gustaría ser Dana Andrews porque es el que se queda con la chica.
Nada se ajustaba a una película de Lubistch ni de Billy Wilder, y le corroía una sensación de inutilidad cuando se daba cuenta de que en la vida real no hay focos ni suenan violines, y la actuación deja mucho que desear. Por eso pensaba que todo sería mucho más fácil si la vida real tuviera una buena banda sonora y, sobre todo, el director de casting adecuado.
Bendito Cliffton.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Un año más (II).

Cada vez que empieza la temporada de caza tengo que sufrir el mismo numerito: unos cazadores, que tienen por costumbre ir a pegar sus tiros los domingos por la mañana, desayunan en el bar de abajo y dejan a sus perros metidos en el remolque debajo de mi ventana. Los perros tienen frío, que a estas alturas del baile ya es considerable a las 7,30 de la mañana, y lloran. Y a mí me despiertan de muy mala hostia, y durante un rato estoy en la cama cagándome en todos los muertos del cazador y acordándome entre alaridos de su puta madre.
En primer lugar, me parece una total falta de espíritu cívico, porque no es que el sonido sea precisamente un débil quejido. En segundo lugar, y esto ya es convicción personal, no creo que la caza se pueda considerar deporte ni admita justificación alguna en un mundo que puede aportar el sustento básico mediante unas producciones alimentarias en cadena sin necesidad de tener que disfrazarse de mamarracho e ir a matar cosas al monte.
En ese aspecto me parece que encierra un elevado grado de hijoputez y cabronería que se podría solucionar si uno de sus compañeros -igualmente cabrones e hijos de puta, por supuesto- decidiera volarle las pelotas con un buen perdigonazo en medio de las piernas. Con un poco de suerte el sujeto se libraría de la muerte pero viviría como un eunuco emasculado, que es lo que se merece. Por despertarme todos los domingos, y porque en este caso caben bastantes dudas entre el grado de animalidad del cazador y el del cazado.