viernes, 31 de diciembre de 2010

Gone with the wind (In memoriam)

Manuel Alexandre (actor)
Claude Chabrol (director de cine)
Tony Curtis (actor)
Peter Graves (actor)
Luis García Berlanga (director de cine)
Antonio Ozores (actor)
Joan Sutherland (soprano)
Blake Edwards (director de cine)
Enrique Morente (cantaor)
Peter Hofmann (tenor)
Mario Monicelli (director de cine)
Henryk Góreki (compositor)
Dino de Laurentiis (poductor de cine)
Shirley Verrett (mezzo-soprano)
Gloria Stuart (actriz)
José Antonio Labordeta (cantautor)
László Polgár (barítono)
Charles Mackerras (director de orquesta)
Anthony Rolfe Johnson (tenor)
José Saramago (escritor)
Philip Langridge (tenor)
Giuseppe Taddei (barítono)
Louise Bourgeois (escultora)
Denis Hopper (actor)
Giulietta Simionato (mezzo-soprano)
Juan Antonio Samaranch (expresidente del COI)
Miguel Delibes (escritor)
Éric Rohmer (director de cine)
Cesare Siepi (barítono)
J. D. Salinger (escritor)

Addendum: CNN+ (canal de noticias)

lunes, 13 de diciembre de 2010

Verdad universal.

Los días en los que todo el mundo parece más feliz son aquellos en los que a mí me entran ganas de mandar a todo el mundo a tomar por saco. Ecuménicamente, extendiendo mis deseos a todo el orbe.

sábado, 11 de diciembre de 2010

La ropa denim en La Moraleja.

Soy un cateto. De los pies a la cabeza, vamos, como Paco Martínez Soria cuando iba por Madrid con boina y las cajas atadas con un cordel. Hace unos minutos estaba escribiendo una entrada sobre los pijos, que son una raza encantadoramente imbécil, cuando me metí en la web de La Moraleja. Inmediatamente me quedé prendado del sitio y cambió por completo el concepto que tenía del lugar.
 Yo, como soy un asqueroso clasista, pensaba que los que vivían ahí eran una panda de nuevos ricos, futbolistas, gentes del folklore tipo Rocío Jurado, Lola Floes y abogados gordos como Rodríguez Menéndez. Gente con dinero a los que le faltaba la más básica educación para gastarlo con la mínima clase, por eso no los consideraba pijos de bien. Pero hoy he conocido a Maribel López y su historia, de una humanidad y una complejidad escalofriantes, me tocado la fibra (sensible).
Para empezar, gracias a Maribel he sabido lo que es la ropa denim, que es su pasión. Hay gente ordinaria que se apasiona con un cuadro de Rembrandt, con una película como Cinema Paradiso o con la Schwarzkopf cantando An die Musik de Schubert. Son unos rancios. Unos retrógrados que viven de tiempos pasados, y pueden ir por la calle sin saber qué es la ropa denim. Yo era uno de ellos, pero ahora sé que la ropa denim es aquélla elaborada con tela vaquera. Jeans, perdón, porque si uno dice tela vaquera parece que va a ordeñar a las vacas.
Maribel, con su marca de ropa denim, ha aparecido en las más prestigiosas publicaciones, incluyendo una colaboración "muy bonita" con Telva, y hasta ella ha posado divina de la muerte con sus propios jeans. Cuando enseñó su nuevo Modelo Alfa, "con pata de elefante con una vuelta súper grande y costuras hechas a mano" supe de inmediato que Maribel podría vestir a cualquier miembro de cualquier familia real europea para cualquier ocasión. ¡Con ese buen gusto y su facilidad de palabra incluso podría acabar emparentando con ellos!
Además con cada compra siempre regala una bolsa de tela. La generosidad de Maribel no conoce límites, y sus clientes están muy contentos "porque utilizan esto para la compra, para la playa..." Las clientas contentas quieren a Maribel, porque además son amigas. Se reúnen en su casa para desayunar de una forma totalmente casual (lo pongo en cursiva para que se sepa que ha de pronunciarse a la inglesa), y valoran de forma muy positiva "una iniciativa que viene de una madre del colegio".
A mí me han conquistado. Yo quiero ganar pasta gansa y comprarme un adosado al ladito del de Ana Obregón, vestir con ropa denim de Maribel y participar activamente de la vida moralejista, que es la vida mejor. Aunque como siempre, en todas partes cuecen habas, y La Moraleja no es un lugar perfecto. Los vecinos -cuando sea presidente propondré que desde ese momento en adelante se refieran a ellos como "usuarios"- se quejan de las aglomeraciones de tráfico y las plazas de aparcamiento porque "sobre todo por las noches, con los restaurantes, se colapsa demasiao". Y para que luego digan que miran a la gente por encima del hombro, incluso hay un usuario -suena bien, ¿eh?- que se queja de la falta de acceso al transporte público. Humildes que son ellos.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Yo quiero se bueno, pero el mundo no me deja.

Un parón general de los controladores aéreos, y todo el mundo en tierra. Con dos pares de huevos que ni el caballo de Espartero. Y en éstas, Rubalcaba llama a los militares y les dice, mía mía, qué caló, qué caló tengo, que guapa soy que tipo tengo tengo, y a ocuparse de los centros de control y de las torres de los aeropuertos españoles. También, con dos cojonazos.
Lo de los controladores -como lo de los pilotos- es de coña marinera y de país de pandereta. En cuanto se plantan pueden poner a todo Cristo en jaque y joderle las vacaciones a todo hijo de vecino. A ellos les importa una mierda, porque con un sueldo que puede llegar a los 900.000 euracos al año ya me contarán ustedes lo que les puede importar a ellos irse de vacaciones en temporada alta. Además, los hijos de mala madre no convocan un paro un martes laboral, sino antes de un puente que para muchos es un alivio antes de las Navidades. Lo hacen a mala fe y a hacer daño.
Aducen como razones que su trabajo es muy estresante -como Manquiña en Airbag- y que es de una gran responsabilidad. Yo, de momento, nunca he visto una huelga de neurocirujanos o de cirujanos cardiovasculares, ni tampoco de pilotos militares o de maestros, que también aguantan lo suyo. Sin embargo del SEPLA y de los controladores estoy hasta los huevos, porque cada vez que se les cruzan los cables pueden mandar a tomar por culo a todo un país en menos que san Pedro dijo "no" las tres veces.
A mí, personalmente, me parece que Zapatitos debería mandar a los controladores a tomar por saco. No me causan ninguna simpatía: son como el crío caprichoso que cuando no tiene lo que se le antoja tira la toalla. O peor, como el mamón que cuando va perdiendo dice "no juego más". En cierta manera no puedo dejar de considerarlos cierta clase de delincuentes chanchulleros -por ser amable-, y en cierto sentido unos chantajistas de primer orden. Lo de amenazar y provocar el caos cuando no se les hace caso, adquiere cierto tufillo asquerosamente habitual a la hora de tratar con el gobierno de este país.
330.000 personas se han quedado en tierra por obra y gracia de los controladores. A mí me daría puta vergüenza no ya ser uno de ellos, sino tener nada que ver con esta panda de capullos caprichosos que a la primera de cambio pueden joderle las vacaciones a todo Dios, con la excusa de que "Carmiña, dejo esto que es muy estresante". Y si no, que se lo digan a todos aquellos que están cobrando el paro, o mejor aún, a aquellos que ya no lo cobran. Aquí, mis amigos los controladores.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Wikipedia la vidente.

Uno de mis actores españoles favoritos es Miguel Rellán. No sé muy bien por qué, pero es un tipo con el que me gustaría tomarme unas cañas y hablar de cine, teatro y literatura. Me parece inteligente, culto y amable, además de dar el perfil del clásico caballero de principios del XX.
Me puse a buscar algo sobre él, ahora que he vuelto a ver algunos episodios de Compañeros (los que me conozcan reconocerán que es un avance desde que hace unos meses me vi otra vez Un paso adelante), e inevitablemente acabé en la Wikipedia de marras. Que es el lugar de sapiencia por antonomasia quedó claro cuando alguna compañera del máster la citó en sus bibliografías, pero lo que no sabía es que además predice el futuro. Le daremos la enhorabuena e don Miguel cuando en 2020 vuelva a ganar el Luis Ciges.


"Otros
  • 2005: Premio Racimo de Valladolid por Cuentos del Burdel.
  • 2003: Premio del Festival de Cortometrajes del Mediterráneo por Revolución.
  • 2002: Premio del Festival de Cortometrajes de Cortada (Vitoria) por Revolución.
  • 1988: Premio Europa de TV por Las gallinas de Cervantes.
  • 1986: Premio Mundo Abierto por La vieja música.
  • 1982: Finalista Guía del Ocio de Cine por El crack.
Premios por su trayectoria
  • 2020: Premio Luis Ciges del Festival de Cortometrajes Islantilla Cinefórum.
  • 2001: Premio José Isbert del Festival Internacional de Cine de Comedia de Peñíscola."


(Wikipedia scripsi)

martes, 19 de octubre de 2010

El pasado llama a su puerta.

No me gusta cuando la gente decide colarse en tu vida a traición, de forma sucia y repentina, como un navajazo por la espalda en un callejón oscuro. Últimamente me he sentido bien, optimista, sin una sola nube que empañara un horizonte demasiado azul, y supongo que sólo era cuestión de tiempo esperar a que se presentara. La forma de la nube es de mujer, por supuesto.
Ojos oscuros, melena negra, y cinco años de mi vida en su haber, que acabaron de forma abrupta y sin más consecuencias cuando me cansé de tragar mierda. Lo cual, creo, me honra. Un día le eché un par de huevos, corté toda relación, borré números de móvil, eliminé contactos y decidí no volver la vista a atrás para lamentarme. Y lo cierto es que me fue bien. Me fue cojonudamente.
Cuando pude, que fue tarde, dejé que otra mujer se colara en mi vida, y aunque aquéllo tampoco funcionó, al menos soy capaz de no odiarla. Lo cierto es que la entiendo, aunque también haya desaparecido, y todavía la quiero en cierto modo. Y ahora, con un océano de por medio, me encuentro felizmente acompañado, hablando en lenguas bárbaras y rodeado de gente que tiene una tendencia malsana a freírlo todo.
En esta calma envidiable es en la que se ha producido la pequeña turbulencia, que en otros momentos de mi vida hubiera sido un auténtico tornado. Casi siete meses después -o quizás un año, no lo recuerdo-, esa mujer se ha dado cuenta de que no quiero ser su amigo y de que la he eliminado de una red social: le entristece ver que la rechazo como amiga, dice. Que utilice la expresión "rechazo" no debe ser casual, aunque dudo que se imagine lo que para mí significó en su momento. De todas formas, el rechazo le parece "curioso", y éso a mí sí que no me entra en la cabeza.
A mí me parece lo más natural del mundo, tal y cómo acabaron las cosas. No fue bonito ni fácil, pero supongo que es peor sentirse como una mierda y como un juguete en manos de una cría caprichosa, que sólo jugaba con uno cuando se aburría o no tenía otro perro que le ladrase, como la Princesa de la canción de Sabina. Y si no me equivoco, tal es la situación ahora mismo.
Igual que me parece una puñalada trapera el tono de la despedida -"Saludos de todos modos Pablo"-, que aún consigue hacerme sentir un poco incómodo, porque la verdad es que a lo largo de este tiempo me he enterado de su vida, aún cuando no quería hacerlo, a través de otras personas.
Pero en último lugar, lo que más me duele es que sé que es una de las mujeres a las que más he querido, y ahora me doy cuenta de ya no me importa nada, porque todo caduca. Hasta las personas.

sábado, 9 de octubre de 2010

Paradise Land.

"After a while, after big doses of the Times and the Examiner, you too will whoop it up for the sunny south. You'll eat hamburgers year after year and live in dusty, vermin-infested apartments and hotels, but every morning you'll see the mighty sun, the eternal blue of the sky, and the streets will be full of sleek women you'll never possess, and the hot semi-tropical nights will reek of romance you'll never have, but you'll still be in paradise, boys, in the land of sunshine."

Ask the dust, John Fante (1909-1983)

miércoles, 6 de octubre de 2010

Confesiones (II).

Hace tiempo tuve una relación amorosa apasionante, pero me di cuenta de que se había ido a tomar por saco cuando ella entró en el baño a lavarse los dientes y yo, sentado en el retrete, ni siquiera levanté los ojos de la Playboy para mirarla.

viernes, 1 de octubre de 2010

De 9 a 2.

Es el horario de la Oficina de Relaciones Exteriores de la Universidad de Santiago. Sé que faltan 6 minutos, y que siendo funcionarios nadie va a regalarle un minuto más a la administración de los que le corresponden por derecho y por salario. Sin embargo, he de decir que no es la primera vez que acudo a la casa de Jimena y  Elisa Fernández de la Vega y me encuentro a los PAS fumando en la puerta en estricto horario de atención al público. Cosas veredes, amigo Sancho, que harán fablar las piedras.
La ORE me ha tocado las narices considerablemente en el último curso académico. Siendo egoísta y un poco gilipollas, maldigo el día en el que el amigo Llenderrozos me convenció para responder a una convocatoria de becas para países de habla inglesa. Yo, que soy inocente cual angelote de Rosso Fiorentino, cubrí los papelorios virtuales ya que cumplía todos los requisitos: ser alumno de último año de licenciatura o de máster (ecomi), tener un buen expediente académico (válgame la modestia) y ganas de ponerme el mundo por montera e irme a vivir a Yankilandia, que eso viste mucho en el curriculum.
Me la dieron, para mi mayor tormento y para mi mayor disfrute. El problema es que yo estaba matriculado en un máster en el momento de pedir la beca, y dicho máster es mixto, ya que lo comparten los departamentos de Historia del Arte, Historia y Filología. Gran casino para la administración, que me seleccionó como candidato y que no sabe ahora cómo clasificarme. Como el máster este año estuvo coordinado por el departamento de Folología, para la administradora de la Facultad de Geografía e Historia yo soy un alumno de Filología y no de esta santa casa en la que he pasado 5 años. Estúpido, lo sé de sobra.
Para los de Filología no pinto nada, ya que mi tesina y proyecto de tesis están inscritos en la Facultad de Georgafía e Historia, y el máster, desde que defendí el TFM delante del tribunal, ha pasado a mejor vida y consta como una marca más en mi cinturón académico. Por otra parte, mi directora de tesis se lava las manos -con razón justísima- ya que los problemas burocráticos no le competen en absoluto, aunque su doctorando se encuentre más perdido que un hijo de puta en el día del padre.
Pedí consejo durante un mes y medio a los señores funcionarios de la ORE, y más o menos terminaron por decirme que todo estaba bien siempre y cuando me matriculara en un máster o en la etapa de tesis a tiempo para considerarme alumno de la USC. Yo, inocente, pregunté si no era suficiente con la tesina, ya que el proyecto había sido presentado en el decanato y aprobado por Junta de Facultad contando con el visto bueno del Rectorado. Como la matrícula de la tesina no se paga hasta que ésta está escrita los de la ORE no lo juzgaron suficientemente factible. Más vale pájaro en mano...
Así que de momento aquí me hallo, en EEUU, con el proyecto de tesis presentado pero sin saber nada porque la coordinadora del programa de doctorado no me ha contestado al email; sin saber la respuesta del jefe de la ORE, ya que en estos casos las consultas se van pasando de mostrador en mostrador y de despacho en despacho hasta que acaban en un cuarto oscuro; y sin saber a qué departamento pertenezco o estoy matriculado, ya que para la administración que gestiona los asuntos de la USC carece de sentido su propio sistema burocrático.
Y así funcionan las cosas, renqueando y tirando para adelante como malamente pueden, porque esto es un cachondeo en un país de pandereta que no lo podría arreglar ni la madre que lo parió.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Soy moderno que te cagas, osea, psicodélico total y súper arriesgado.

Hay días en que la casualidad -el fatum, los dioses... lo que sea- junta el hambre con las ganas de comer y las cosas parecen sucederse con un orden lógico inexplicable. Hoy mi amigo Carlos me ponía un enlace en Facebook con una entrevista con Marc Fumaroli. Huelga decir que estoy bastante de acuerdo con este buen hombre, que además de no tener pelos en la lengua es bastante elegante y sutil.
Hace un momento un amigo me mandó un enlace con una performance, que es lo que hacen los modernos que se las dan de artistas rompedores: una tía medio en pelotas, moviéndose como una loca, mientras otra canta una canción -o finge que canta-, y un tipo se la pela en una ventana mirando las tetas de la ménade postmoderna. Cultura clásica, en definitiva: mujeres con los pechos al aire, música y un tipo al que se la ponen dura las tetas grandes. Valores inmortales de la historia de la humanidad.
Pero no es el único vídeo que me ha pasado. Hay otro con otra performance -no podía ser de otra manera-, en el que una chica abre una lata, lanza un discurso trasnochado sobre que el mundo es una mierda -cualquier adolescente puede hacer eso -everything is shit, y luego lo deletrea para que quede bien claro el concepto "mierda"-. Mientras tanto, de vez en cuando el de la cámara enfoca al público, que mira muy serio y se deja cautivar por la complejidad del espectáculo. Uno, que es un cabrón reaccionario y prejucicioso, no puede evitar sonreír con benévolo paternalismo al ver las pintas del respetable, entre el que abundan Fedoras, gafas de pasta, chalecos, y pintas de arties divinos de la muerte, convencidos de que su obra va a dejar una impronta imborrable en la Historia del Arte.
La seriedad y el estar concienciado son fundamentales a la hora de afrontar este tipo de obras. No se puede estar en el círculo si uno no se lo cree y no participa de ello: es la religión del siglo XXI, en la que todo se admite si lo dice el artista, incluso si el artista es un tarado, un imbécil, o simplemente un hijo de la gran puta. Pero volviendo a nuestra artista en ciernes, el show continúa: se raja los pantalones, pone una mano convenientemente situada, y micciona delante del público -supongo que los puestos de primera fila serán los más codiciados por si una gota del dorado elemento aterriza en su cabeza y les transfiere la esencia del genio, que evidentemente esta mujer posee en cotas desmedidas-.
Hay una joven de pelo oxigenado, maquillaje pálido y labios purpúreos que a todas luces está disfrutando con el espectáculo. No sé si por la total comunión con la denuncia allí expresada o simplemente por aquello de que siempre ha hecho gracia lo de "caca, culo, pedo, pis". Y mientras todo ésto tiene lugar, los jóvenes miran con arrobado embeleso el espectáculo y envidian el arrojo de la artista y la valentía. En mi caso sólo envidio su falta de vergüenza -y no por mear en público, que eso en Santiago por la noche está a la orden del día-, sino por atreverse a hacer algo que los dadaístas ya hicieron hace 90 años y dárselas de innovadora. Personalmente no le concedo mayor valor a los fluidos de Sophie Täuber que a los de Gabbi Colette, que así se llama la artista del vídeo, pero por lo menos en su momento puedo concederle el beneficio de la novedad -cabría discutir entonces si la novedad, por el mero hecho de ser novedad, añade un valor a la obra-.
En cualquier caso, un servidor -que no es creyente- difícilmente puede sentir admiración, ni siquiera comprensión, por este tipo de obras que aparentemente pretenden transmitir unos valores o denunciar la carencia de ellos. Cosa que no le sucede a toda la caterva de modernos que están allí delante, y que graciosamente le conceden su aplauso y gritos de entusiasmo. Aunque en sus caras  y sonrisas se note que están esperando a que el listo empiece la ronda, para no quedar como unos auténticos gilipollas.

martes, 28 de septiembre de 2010

Autumn leaves.

Desde que llegué la he visto todos los días, con el carrito de los helados, al lado de la biblioteca. Los días de calor agobiante y húmedo, sentada en un taburete alto, mirando a la gente y saludando cuando pasa a su lado, con una sonrisa que podría derretir todos los helados del mundo.
Suele llevar vestidos cortos, que dejan al aire unas preciosas piernas, bronceadas y suaves -así lo parecen-, todavía más perfectas cuando las cruza mientras lee, distraída, esperando que alguien se acerque a pedir un helado de fresa, vainilla o chocolate. No hay lugar para estridencias o sabores exóticos en ese carrito, al margen de la chica y sus ojos oscuros.
Ayer no estaba. Estuvo lloviendo todo el día y a nadie le apetecía pararse a comprar helados. La eché en falta al salir de la biblioteca, cuando miré hacia el paso de peatones junto al que está siempre, y no vi la silueta de la sombrilla del carrito entre los arbustos.
Hoy tampoco estaba. Llegó el otoño, y ya no es tiempo para helados ni para vestidos cortos.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sabiduría del siglo XV.

Antes se van alabando por plaças e por cantones: "Tu feziste esto, yo fize esto; tú amas tres, yo amo quatro; tú amas reynas, yo emperadoras; tú donzellas, yo fijasdalgo; yo la fija de Pero, tú la muger de Rodrigo; tú a María, yo a Leonor; tú vas de noche, e yo de día; tú entras por la puerta, e yo por la ventana; tu alcahueta es Fulana, e mi alcayuete Rodrigo; tú entras a las dose, yo a la una; a ty dio tal camisa, e a mi este jubón; tú dormiste con ella sólo, e yo con ella e otras dos moças; a ti dio agua rosada e a mí agua de azahar; la tuya es mucho negra, la mía es muy blanca; la tuya es chiquilla, la mía es de fermoso cuerpo; la tuya non es fermosa, la mía es loçana e lynda. Pues, aconpáñame a la mía e aconpañarte he a la tuya; que para byen amar se requieren dos amigos de compañía: sy se ensañaren el uno con la otra, qu'el otro faga la paz, o si se mostrare ser sañudo o sañuda -que son desgaries a las veses de amor- el tercero lo adobe e hemiende".
E con tales dezires e disfamaciones como éstas, e mirándolas syn vergüença en vodas, e plaças, justas e torneos, toros e eglesias, porque non han temor a sus parientes, amigos nin maridos, e son más denodados a cometer e faser con ellas auctos desonestos syn miedo de Dios e de la justicia e vergüença del mundo que los otros cuytados. Por esto tal a las veses los aborrescen e mal quieren, por galanes que ellos sean, e aman más páxaro de mano que bueytre volando, e asno que las lyeve que cavallo que las derrueque.

Arcipreste de Talavera o Corbacho (Alfonso Martínez de Toledo, 1398-1470?)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sabio consejo.

"-¿Se está usted riendo de mí?
-Mi buen señor, no tengo por costumbre reírme de nadie salvo cuando me cuentan un chiste o me dicen una estupidez. Le aconsejo, por tanto, que, si es usted susceptible, la próxima vez no queme toda su pólvora de una vez y lo intente primero con el chiste. Si con ello no provoca mi hilaridad le ruego encarecidamente que se limite a seguir hablando."

De las Memorias de Lord Knickerbocker.

lunes, 30 de agosto de 2010

Galician drunken songs (Part VI)

O voso galo, comadre (Your cockerel, godmother)

Your cockerel, godmother, they have it bad taught (bis)
He goes to sing everynight over my roof,
over my roof aylalelo aylalalo.

To come to me, to come to me,
go to wash your face, go to wash your face,
go to wash your face little gallop.

I wanted to get married, my mother I have no clothes (bis)
Get married, my daughter, get married, that one leg covers the other,
that one leg covers the other aylalelo aylalalo.

To come to me, to come to me...


Your mother and mine remain in the river shouting, (bis)
for the blame of a hen that has loves with the cockerel,
thet has loves with the cockerel aylalelo aylalalo.

To come to me, to come to me...

lunes, 23 de agosto de 2010

La tormenta de verano.

Salgo de la galería. Hace un calor espantoso, que te golpea en todo el cuerpo nada más abrir la puerta; el cielo está gris y no augura nada bueno. La gente va en pantalones cortos, con sandalias, camisetas sin mangas... al lado del monumento a Washington se agrupan personas deportistas que han salido a correr a lo largo del estanque que va hasta el Lincoln Memorial.
Se nubla un poco más, y la humedad del ambiente se pega de una forma horrorosa. De repente empiezan a caer unas gotas. Voy por detrás de The Elipse, con la Casa Blanca a la derecha y el imponente Edificio Eisenhower a un lado. Parece recién trasladado de París por uno de esos americanos locos de principios del siglo XX que se traían castillos y capillas románicas.
Llueve con más intensidad y por un momento me refugio debajo de un roble enorme; no es suficiente. En el momento que salgo de debajo de las ramas empieza a diluviar y me pilla de lleno. Ando más rápido, para llegar al pórtico del Constitution Hall. Hay un montón de chinos a los que también les ha pillado la tormenta, una pareja también de chinos, pero independientes, y dos chicas que por la forma de encenderse mutuamente los cigarrillos y las miradas me parecen más que amigas.
Me siento en las escaleras, esperando. "Nunca choveu que non escampara", diría Carmen. Estoy un rato así, mirando a los chinos con interés -un crío se lo está pasando bomba chocando dos piedras- cuando llegan dos chicas que se sientan delante de mí. La de la izquierda no tiene ningún interés: top demasiado ceñido que pone de manifiesto cruelmente unas ondulaciones altamente antiestéticas, pantalón demasiado corto, y sujetador color carne que se rebela saliendo por debajo de los tirantes.
La de la derecha es otra cosa. Rasgos asiáticos, pelo muy moreno recogido en una coleta improvisada... lleva un top suelto con la parte superior de la espalda al aire. Las gotas de agua se niegan a resbalar, no hay efecto de gravedad que las desprenda de su piel. Los chinos siguen montando su jaleo familiar, las chicas de al lado fuman y la señora china de la pareja independiente tira al suelo su cámara de fotos. Las gotas de agua siguen ahí, y yo no puedo dejar de mirarlas, ni siquiera cuando con un pañuelo de papel la chica empieza a secarse las piernas. Preciosas piernas. Y esas gotas de agua en su espalda, brillantes, que no me importaría beber, muy despacio, en esta tormenta imprevisible de verano.

lunes, 16 de agosto de 2010

Mujeres...

Al entrar veo a Marisa. Nunca se ha presentado directamente, pero Marisa ha estado detrás del mostrador, anotando citas y cobrando desde que empecé a frecuentar la peluquería. Había dejado a mi peluquera de toda la vida, desde que tengo memoria, atraído por el toque fashion y por el nombre, pero sobre todo por las chicas espectacularmente guapas que vestían esos uniformes negros. Chicas que cuando te lavan el pelo te dan un masaje, te preguntan si el agua está demasiado fría y te ponen una bata de mangas anchas para que te sientas como un terrateniente japonés rodeado de geishas.
No son peluqueras, son estilistas. "¿Tienes preferencia por alguna estilista?", pregunta Marisa cuando entro. Nunca tengo preferencia por ninguna, todas son muy guapas. Esta vez tengo suerte: me toca la más guapa, la más perfecta de todas, con una larguísima melena negra hasta la cintura, una preciosa voz grave, ojos oscuros y muchas curvas en las que uno podría perderse como con un Lamborghini por la Costa Azul.

Son increíbles. Verlas trabajar detrás de la barra es como ver a un mago haciendo su número: unos pases por aquí, un juego de manos por allá, y de repente te estás tomando el mejor gintonic de tu vida. Son como David Copperfield haciendo desaparecer la Estatua de la Libertad, pero ésto tiene gracia. Daikiri, mojito, ginonic, martini... nombres que a uno le sugieren una buena noche por delante, aunque acabe en sitios poco recomendables después de haberse codeado con la clase alta en el nuevo local de moda. Codearse. La clase alta también da codazos cuando quiere ir al baño y uno está en medio del estrecho pasillo, disfrutando de su gintonic de Martin Miller's.
Las dos se mueven de una forma bastante frenética, agarrando copas, poniendo la licuadora en marcha, montando pequeñas frutas tropicales en los bordes de copas de martini. Agarran la piel de lima con destreza, sirviéndose de dos pinzas para retorcerla y sacarle todos los aromas. Usan una cucharilla larga para servir la tónica y sacarle parte del gas excesivo; utilizan frutas y esencias para hacer su magia. Mis amigas piden daikiris y mojitos.

Somos pocos. Yo, el único hombre en el grupo, afortunado como pocos de poder estar rodeado de mujeres bellas e inteligentes, cariñosas y sinceras. Se las puede querer de forma natural, se las puede abrazar, besar, incluso mirar sus pechos sin vergüenza y con descaro. Casi todo está permitido, porque sabemos que no pasa nada. Me están despidiendo, y es una noche en la que podemos decir muchas cosas y proponer otras, llevarlas a buen término o no, sin que el mundo se acabe y sin que parezca que todo se va a ir al carajo al día siguiente.
Nos queremos, es evidente. Nos sentimos bien, por la vuelta de la ausente, porque las otras tienen trabajo y porque yo me voy a hacer las Américas en un momento en el que Santiago ya no me dice nada.

jueves, 12 de agosto de 2010

John Fante.

No tenía ni idea de quién era este tipo cuando ayer compré un libro suyo. Simplemente me gustó el título y la foto de la portada: Al oeste de Roma, y debajo un perro marrón, peludo, al que sólo se podría definir como "auténticamente bonachón".
Empecé a leerlo ayer por la noche y me hizo gracia. El tío escribía bien; es divertido, ágil, con un vocabulario a veces soez y giros bastante interesantes. Como habría escrito José Luis Alvite de haber nacido a tiempo y en el lugar adecuado para pertenecer a la generación Beat. Ahora acabo de leer un párrafo que me hizo muchísima gracia y por éso lo pongo. Es magistral.

Había ocurrido dos veces, y en ambos casos hubo por medio un animal. El primer año de casados, cuando vivíamos en San Francisco, llevé a casa una rata blanca en una jaula para que fuera nuestro animal de compañía. La rata escapó y se escondió entre los muelles del sofá, y fue casi imposible sacarla. Harriet me dio una hora para que me deshiciera de ella, y como no lo conseguí, empaquetó sus cosas y se fue en autobús a Grass Valley, a la granja de su tía. Tardé un mes en conseguir que volviera. Tuve que ir a Grass Valley con el coche y allí, en presencia de su tía, me puse de rodillas y le supliqué que volviera a casa. Accedió al fin, pero sólo tras una revisión completa del contrato de matrimonio. Yo por entonces era joven e idiota, me la jodía tres veces al día por amor y no me importaba rebajarme.

Al oeste de Roma, John Fante (1909-1983)

sábado, 7 de agosto de 2010

Salce, salce...

Hubo un tiempo en el que los ayuntamientos no eran excelentísimos; era el tiempo en el que las cosas del pueblo las trataba el Muy Noble Consejo Municipal. En este caso tengo en la mente al de Leipzig, que le concedió a Johann Sebastian Bach la plaza de cantor en la iglesia de Santo Tomás. Una decisión que aplaudirían generaciones de amantes de la música, incluso 260 años después de la muerte del pobre Johann, bendito sea su nombre.
El Excelentísimo Ayuntamiento de Monforte decidió, hace algún tiempo, cambiar la cara del pueblo. Gracias al Plan E y a las ayudas concedidas, los ediles de esta peculiar localidad decidieron renovar la imagen pública de la ciudad -si es que ciudad es un término aplicable a algo que dista mucho de ser Nueva York-, y se tomaron una serie de medidas que cambiaron para siempre el aspecto del pueblo -término mucho más adecuado- en el que uno creció tiempo atrás.
Empezaron por el tráfico, distribuyendo una serie de rotondas ridículas del tamaño de una alcantarilla grande. Siguieron las aceras, de una piedra gris e impersonal, como la de las fachadas de los edificios modernos, minimalistas, en los que la única diferencia con los nichos del cementerio radica en la presencia de ventanas. A continuación el mobiliario urbano: unas pérgolas de colores dónde debería estar una plaza con bancos, unos bancos futuristas de colores -me río de la Hundertwasserhaus de Viena- y enormes espacios de esa misma piedra gris que antes ocupaban fuentes.
Una ciudad gris, con farolas con lucecitas azules en las que puede leerse "Paseo de la Compañía", y que según mi amigo Antonio tiene como principal virtud la limitación de la contaminación lumínica.
Entre las víctimas que más recientemente han acusado el golpe está el sauce del parque. Era un árbol viejo, al menos tan viejo como mi memoria puede recordar y aún más, ya que no hay foto de bodas en la que la novia no posara bajo esas ramas ante la cámara del Arcadio. El árbol era un referente delante del Colegio -cuando se pone con mayúsculas no hay más colegio que el mío-, con su figura recortándose frente al ala Note del edificio imponente, enmarcando de forma única la fantástica mole de piedra.
Ayer me fijé en que sólo queda un tocón, de un color obscenamente claro, que indica lo reciente de la tala. Nadie parece haberse dado cuenta de la desaparición del sauce, que para mí era la encarnación de aquél que aparece en la canción que Desdémona canta en el Otello de Verdi. Era el sauce por antonomasia.
La Idea platónica que uno asociaba al concepto, y que desde ayer está huérfana para siempre, por muchos otros sauces que haya.

lunes, 2 de agosto de 2010

Homeless.

Veo que no soy el primero en escribir sobre mi partida de Santiago. Llevo bastante tiempo alejado de estos círculos virtuales, en los que una semana parece un siglo, la bandeja de entrada del mail se llena de basura que te ofrece réplicas de Rolex baratas, Viagra de una farmacia canadiense y productos para el alargamiento del pene, así como premios multimillonarios en la lotería nacional de Ghana, aunque tú no hayas estado en Ghana en tu puñetera vida y sólo eches el Gordo y los Euromillones.
Una semana alejado de este circo, decía, que me hizo tener abandonado el Facebook y los diferentes blogs que leo y que desde hace tiempo han sustituido con gran fortuna a la prensa diaria y a los informativos. Y claro, me encuentro ahora con ésto.
Efectivamente dejo mi casa compostelana. Dejo el piso por el que, como bien dice mi amigo, han pasado bastantes personas y en el que hemos vivido momentos estelares sin los que hoy seríamos un poco menos nosotros mismos. Cenas -cocinas de gourmet a menudo mal acabadas y en otras ocasiones deliciosas-, veladas musicales con los grandes maestros presentes, siempre Mozart, Haendel y el grandísimo Johann Sebastian como invitados de honor que ya eran habituales; compañerismo, anécdotas y consejos, libros de Arte, ópera y literatura, que nos convirtieron a todos -innegablemente a algunos más que a otros- en auténticos estetas, capaces de apreciar lo bueno de la vida, pero también conscientes de lo malo que nos rodea.
Se cierra el círculo, me decía alguien hace poco. No puedo evitar pensar que este año se están cerrando muchos círculos, en ocasiones relacionados unos con otros, y a veces simplemente independientes, que me hacen pensar en un fatum real, guiando con mano diestra, aunque sólo a veces, el destino.
A lo largo de 7 años, que se dice pronto, he conocido a mucha gente que ha pasado por esa casa. Algunas de esas personas se quedaron una temporada, acogidos como refugiados en ocasiones, sabiendo que esa puerta verde siempre estaba abierta. Otras sólo unos días o unas horas. Todos ellos, independientemente del tiempo que pasaran por allí, dejaron alguna marca en esas paredes de piedra y en el ocupante, que como un dragón de cuento, iba acumulando tesoros a su alrededor en aquella cueva.
Poco puedo decir que no haya dicho. Si estoy orgulloso de algo es de que prácticamente no haya habido anécdotas desagradables que puedan salir a la superficie. Sí hubo, sin embargo, grandes momentos de exaltación de la amistad, de cariño y de amor verdadero -y cada cual sabe en qué grupo ha de meterse-, lo cual me hace sonreír, bonachón, y pensar que aunque el círculo se cierre siempre puede volver a abrirse, como una cota de malla, para engarzar círculos nuevos.
Tantos como sean necesarios.

domingo, 25 de julio de 2010

Galician drunken songs (Part V)

Clavelitos (Little carnations)

Little girl, give me the carnation,
the carnation of your mouth,
that for that you don't have to have
a lot of shame neither a little.

I will give you the rattle,
I promise to you, little girl,
if you give me that honey
that you take in that little mouth.

Little carnations, little carnations,
little carnatios of my heart,
I bring you today little carnations
red like a big strawberry.
If someday little carnations
I could not achieve to bring to you,
don't you think that I don't love you,
it was because I couldn't take them.

The afternoon that to middle light
I saw your little mouth of morello cherry
I haven't seen in the Holy Cross
another little girl prettier.

And then, when seen the carnation
that you brought in your hair,
looking at it I thought to see
a little piece of sky. 

Little carnations, little carnations,
little carnatios of my heart...

sábado, 17 de julio de 2010

Galician drunken songs (Part IV)

A Rianxeira (The girl from Rianxo)

The Virgin of Guadalupe
when goes by the riverside,
little barefoot on the sand,
She looks like a girl from Rianxo.

Little waves come, little waves come,
little waves come and go;
don't go away, girl from Rianxo,
that you're going to get queasy.

The Virgin of Guadalupe
when came to Rianxo,
the boat that brought Her
was made of stick of orange tree.

Little waves come, little waves come...

The Virgin of Guadalupe
who made Her tanned
was a sunlight ray
that came through the little window.

Little waves come, little waves come...

miércoles, 14 de julio de 2010

El rosa no adelgaza.

Hay una especie de ley de Murphy de la moda que se cumple con inexorable certeza: allá dónde se produzca una reunión más o menos numerosa, con algún motivo social más o menos elegante, habrá una gorda vestida de rosa.
Lo del motivo social más o menos elegante es secundario, pero suelen ser especialmente proclives como caldo de cultivo las bodas y actos de licenciatura. Las bodas, además de ser un acto soez lleno de un optimismo imbécil, aportan el agravante de los sombreros a juego. Y si es con lazo se llevan el primer premio con mención de honor por parte del jurado.
El otro día me quedé pasmado, esperando a que saliera el vuelo, cuando vi pasar a un grupo de señores y señoras africanos y africanas, vestidos y vestidas con ropas llamativas en el contexto altamente europeizado que se supone es el aeropuerto de Madrid-Barajas. Digo supuestamente porque ya sabemos que, según Dumas, "África empieza en los Pirineos", así que para el ilustre gabacho los raros somos nosotros. 
Lo que inmediatamente llamó mi atención y me hizo levantar la vista del libro no fue el grupo ruidoso, sino la mole rosa que se contoneaba como una nube gigante o un Frigopié de dimensiones apocalípticas. Sin duda era la más voluminosa del grupo y la que llevaba un rosa más puro e inmaculado.
Quedó demostrado así que el rosa y el volumen son conceptos que se asocian y que han trascendido, o quizás hemos importado en Occidente. No hay cultura que se libre de la asimilación cromática, ni siquiera Modas Maruja ha podido salir del círculo vicioso -y nunca mejor dicho- del rosa; incluso los dibujantes japoneses de Dragon Ball hicieron rosa al Bu original, que era una mole y que amenazaba a sus enemigos con transformarlos en un "biscoito de nata, mmmm". 
La ley del Murphy de la moda es incontestable. No hay objeción posible ni forma de escapar a su certeza; y sólo encuentra semejante grado de acierto en la que dice que al lado de la gorda vestida de rosa, irá una esquelética de negro llevando un Gucci más falso que el buen gusto de su compañera.

viernes, 9 de julio de 2010

Gente del metro.

Viaje hasta el aeropuerto. En el asiento de enfrente se sienta una pareja; la cara de él se me hace conocida sin saber muy bien por qué ni a quién me recuerda. Parece joven, más joven que ella, aunque probablemente no lo sea. Lo que pasa es que la mujer tiene ojeras y cara de cansancio, y la mirada vacía, con unos enormes ojos claros cuyas pupilas parecen extraviadas, fijadas en un punto indeterminado.
No hablan. Él intenta decirle algo, pero ella sólo responde con un "¿qué?" desinteresado, sin apartar la mirada del punto que escogido de forma inconsciente.
No hablan, pero la mujer no aparta la mano de la pierna del chico, y así permanecen todo el viaje.
Al lado de su cabeza, hay un cartel con unos versos de Agustín Fernández Paz:

Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco
de la tristeza.

lunes, 5 de julio de 2010

La luz fantástica.

Dura poco tiempo. Quizás media hora, no más, y es la típica luz dorada de última hora de la tarde, propia de finales de junio y principios de julio. También es la luz dorada que siempre he asociado a Roma, porque los edificios de Roma están pensados para relucir como el oro, con la luz adecuada y la perfecta combinación de sombras, en su justa medida. Sombras que generan las cornisas barrocas y las columnatas, las esculturas y las fuentes que decoran las mil plazas y callejas.
Incluso las moles medievales del Palazzo Capranica o la Torre della Scimmia son casi doradas a última hora de la tarde, que es cuando apetece pasear y meterse por rincones extraños, sin turistas, dónde se encuentran patios llenos de hiedra que parecen abandonados, y uno recuerda entonces a los Finzi Contini, encerrados en su jardín.
La luz dorada da un aire extraño e irreal, de semidiós, a la estatua ecuestre de Marco Aurelio, al que cambiaron por una copia hace unos años, encerrando al original y privándolo para siempre de volver a sentirse uno más en el panteón romano. El Capitolio, sin embargo, sigue produciendo ese efecto absorbente con sus palacios rosados y las columnas blancas, que por la noche destacan como el mármol blanco de Porta Portese entre los restos de las destartaladas murallas de ladrillo.
También las iglesias de Roma son doradas por dentro: el órgano y la tribuna de Sant'Antonio dei Portoghesi,  el techo de Santa Susanna o Santa Maria in Trivio; el baldaquino de San Pedro, por supuesto, pero también el mármol blanco de la cantoría de San Clemente y los mosaicos de San Pablo Extramuros. Incluso las iglesias menores, como Santa Maria in Via Lata, a la que nadie presta atención pese a estar en plena Via del Corso, porque se la roba el Palazzo Doria-Pamhilj, que tiene al lado; o la fachada, de un barroco clásico y demasiado contenido, de San Giovanni dei Fiorentini, en la que descansan para siempre Borromini y Carlo Maderno, sin los que Roma sería indudablemente menos dorada.
Incluso el efecto espantoso del Vittoriano, a última hora de la tarde, parece mitigar mínimamente sus proporciones megalómanas y el hecho de que los foros fueran destrozados para trazar la Via dei Fori Imperiali, buscando la visión perfecta del Coliseo desde Piazza Venezia, para que Mussolini, al contrario que Marco Aurelio, pudiera sentirse un poco más semidiós.
Los palacios también relucen: la fachada lisa y sin estridencias del Palazzo Farnese, dominando su plaza como un gigante severo. No puedo dejar de pensar que ese edificio, pese a su color pastel, siempre me ha parecido  terriblemente ominoso, la casa perfecta para un Scarpia despiadado ante el que temblaba toda Roma. Reluce también la fachada recargada del Palazzo Spada, en la Piazza Capo di Ferro, o la galería pintada por Pietro de Cortona en el Palazzo Pamphilj, que se ve desde Piazza Navona.
Reluce toda Roma porque ha sido creada de tal forma que parezca de oro, que sus edificios refuljan como los dorados de las vestiduras papales y los ornamentos litúrgicos, las carrozas que una vez transportaron a los miembros de la nobleza por la Via del Corso o las barcas que desembarcaban en el ya desaparecido Porto di Ripetta. Porque toda Roma es un inmenso escenario. El escenario más realista y a la vez fantástico del mundo: por éso es dorada, como los grandes teatros de ópera.

martes, 29 de junio de 2010

sábado, 12 de junio de 2010

A gentleman.

"Un caballero únicamente puede beber de forma inmoderada por dos motivos: por el amor de una mujer o por la desgracia de un amigo. Sobre mi relación con las mujeres, tan sólo diré que afortunadamente hace tiempo que mis amigos gozan de una excelente salud y fortuna."

De las Memorias de Lord Knickerbocker.

sábado, 5 de junio de 2010

Encantador cinismo...

"Un amor imposible es como una adicción a una droga. A uno sólo le quedan dos caminos: o dejarse llevar y terminar matándose, o echarle arrestos y decir 'ya no te quiero'. En el primer caso, la solución es novelesca y le permite a uno morir como a un héroe romántico. 
La segunda opción probablemente sea una mentira cómoda, pero si nos dejásemos llevar siempre por la verdad de los sentimientos los cementerios estarían llenos de cadáveres de héroes románticos que nunca llegaron a cumplir los 30. En definitiva, se trata únicamente de un asunto de supervivencia."

De las Memorias de Lord Knickerbocker.

martes, 1 de junio de 2010

No! Pagliaccio non son, ma...

Si può? Si può?
Signore! Signori!
Scusatemi
se da sol mi presento...
Io sono il Prologo!
Poiché in scena ancor
le antiche maschere mette l'autore,
in parte ei vuol riprendere
le vecchie usanza,
e a voi di nuovo inviami.
Ma non per dirvi, come pria:
"Le lacrime che noi versiam son false!
Degli spasimi e de' nostri martir
non allarmatevi!"
No, no. L'autore ha cercato invece
pingervi uno squarcio di vita.
Egli ha per massima 
sol che l'artista è un uom,
e che per gli uomini
scrivere ei deve,
ed al vero inspiravasi.
Un nido di memoria
in fondo a l'anima
cantava un giorno,
ed ei con vere lacrime scrisse,
e i singhiozzi il tempo gli battevano!


Dunque vedrete amare,
sì come s'amano
gli esseri umani;
vedrete de l'odio i tristi frutti.
Del dolor gli spasimi;
urli di rabbia, udrete,
e risa ciniche!
E voi, puttosto che le nostre
povere gabbane d'istrioni,
le nostr'anime considerate,
poiché siam uomini di carne e d'ossa,
e che di quest'orfano
mondo al pari di voi spiriamo l'aere!
Il concetto vi dissi,
or ascoltate come'egli è svolto.
Andiam! Incominciate!


I Pagliacci, prólogo de Tonio; Ruggero Leoncavallo (1857-1919)

viernes, 21 de mayo de 2010

El Jefe.

[...] No tenía idea de lo que pasaba entre el Jefe y Mary Hudson (y aún no la tengo, salvo de una manera muy somera, intuitiva), pero no podía ser mayor mi certeza de que Mary Hudson había abandonado el equipo comanche para siempre. Era el tipo de certeza total, por independiente que fuera de la suma de sus factores, que hacía especialmente arriesgado caminar hacia atrás, y de pronto choqué de lleno con un cochecito de niño.
Después de una entrada más, la luz era mala para jugar. Suspendimos el partido y empezamos a recoger todos nuestros bártulos. La última vez que vi con claridad a Mary Hudson estaba llorando cerca de la tercera base. El Jefe la había tomado de la manga de su abrigo de castor, pero ella lo esquivaba. Abandonó el campo y empezó a correr por el caminito de cemento y siguió corriendo hasta que se perdió de vista.
El Jefe no intentó seguirla. Se limitó a permanecer de pie, mirándola mientras desaparecía. Luego se volvió, caminó hasta la base y recogió los dos bates; siempre dejábamos que él llevara las bates. [...]


"El hombre que ríe", Nueve cuentos, J.D. Salinger (1919-2010)

sábado, 8 de mayo de 2010

Sinceridad incómoda.

Momento de renovar el pasaporte. Madrugar, armarme de paciencia y rezar a todos los santos pidiendo clemencia y ayuda para enfrentarme a la administración pública.
Llego a la comisaría a las 9,30 de la mañana. Me dan número: el 31. El policía -un tipo joven que me trata de usted, con mucho protocolo- me dice que tengo tiempo para tomar un café y que no me dé demasiada prisa. Aprovecho y me voy a hacer las fotos. Vuelvo dos cafés y un zumo de naranja más tarde, tras haber echado un breve vistazo al periódico sin demasiado interés y haber escuchado las noticias en la tele, una en la que un policía le había pegado 3 tiros a un paisano en plena Puerta del Sol. Han pasado 3/4 de hora.
Me siento y pregunto, inocente, "¿por cuál van?". Por el 12. Me resigno y espero. Llega una familia de gitanos: el padre, la madre, y tres críos sucios como si acabaran de salir de picar carbón. Se sientan a mi lado, los críos montan un poco de jaleo pero la madre les riñe -me doy cuenta de que son portugueses- para que guarden la compostura. Más o menos se comportan.
Llaman al 13, unos diez minutos después. Me desespera la lentitud. Me levanto y salgo a hablar por teléfono; decido ir hasta el coche y lo acerco desde el garaje hasta la comisaría. De paso cojo un libro para leer.
Al volver ya van por el 15. Cuando llegan al 16 empiezan a llamar a gente que no estaba... pasan números hasta el 25, momento en el que el padre gitano dice "somos nosotros" y se acerca al escritorio con toda la prole.
Van a hacerle los DNIs a los críos: una niña y dos niños. Saray, Carlos y Joel. El mayor lleva unas tiritas sucias, que no tapan del todo la herida, sobre el ojo izquierdo. Se ve un corte en el párpado.
Empiezan la odisea: pon el índice de la mano derecha, ahora el de la mano izquierda, ahora lo giramos, ahora lo mismo con la otra mano, así no, no le calques, no toques los cables, hay que portarse bien o si no al calabozo, pon el dedo otra vez, si no vengo con la tijera.
Van pasando por la silla mientras la madre los ayuda y el padre sostiene a los otros dos en las sillas de espera.
Cuando llega el de la tirita el funcionario le pregunta. "¿Y eso? ¿Quién te hizo eso?".
"Papá", responde el chaval, con una sonrisa, como si fuera lo más natural del mundo. El funcionario no parece inmutarse, ni siquiera cuando el padre suelta un "Foi sin querer" desde atrás, que sonó muy poco convincente.
Se oyen los engranajes del cerebro del funcionario. "Para qué cojones preguntaría nada". Estamos en una comisaría de policía y no pasa nada. ¿Qué van a hacer? ¿Detener al padre por darle una hostia a su hijo que le revienta el párpado?
Cuando están en esas me llaman para hacerme el pasaporte. Acabamos a la vez: Joel y yo. Él con su DNI electrónico y yo con un pasaporte que caduca en 2015.
Salimos todos de la comisaría: yo y la familia gitana. Los críos salen disparados, alborotando, en dirección a una furgoneta enorme que está aparcada a poca distancia.
El padre tiene poca paciencia. Cuando los niños se desmadran oigo desde atrás "Os voy dar una hostia".
Ahora sí que suena sincero.

lunes, 3 de mayo de 2010

Se alquila.

Se alquila chico para relación estable o lo que surja, con opción de compra. Licenciado en Historia del Arte, con curso de posgrado en estudios medievales. Toca el piano, cocina razonablemente bien, le gusta ver películas subtituladas, leer y viajar. Le gusta la música, especialmente clásica y ópera, aunque también Sinatra, Ella Fitzgerald y Billie Holiday. Odia el fútbol y cualquier deporte a excepción de la regata Oxford - Cambridge y las carreras de Ascot.
Muy bueno, o eso le han dicho.
Precio económico (creo que hasta desgrava).
Interesadas: razón aquí.

sábado, 24 de abril de 2010

Puñetazos en la cara.

En una ocasión, quise enamorarme a la fuerza; incluso fueron un par de veces. Señores, ¡pero si yo sufría! ¡se lo aseguro! Y aunque en el fondo del alma me parecía mentira que sufriera, pues la burla estaba presente, a pesar de todo sufría, y encima sufría auténtica y verdaderamente; sintiendo celos y poniéndome furioso... Y todo ésto lo hacía porque me aburría; la inercia aplasta a uno.

Memorias del subsuelo, Fiódor M. Dostoievski (1821-1881)

sábado, 17 de abril de 2010

El fatum.

Nada más llegar a casa me encuentro sobre el escritorio el último libro que había pedido: Las ilusiones perdidas, de Balzac.
Lectura para días grises, aunque salga el sol.

jueves, 15 de abril de 2010

Reunión de pastores...

Mi amigo Carlos tiene la teoría de que cuando en un concierto hay azafatas la cosa va a resultar un fiasco. Incluso cuando las azafatas están muy buenas, hay detalles que acaban por hacer que apartemos los ojos de sus bondades para fijarnos, irremediablemente, en un gordo con traje de raya diplomática y corbata ancha de un descarado e irrespetuoso color fosforescente.
Es el "ambiente de mamoneo" que hay en estos saraos, especialmente cuando lo que menos importa es el concierto y sí el dejarse ver y el hacerse notar. Por eso ayer había en el auditorio una serie de gente que en su vida lo ha pisado y a los que Cecilia Bartoli les suena a dueña de pizzeria o a tetona presentadora de la RAI1.
Curiosamente estos paletos de corbata son el público más entusiasta y entregado -siempre y cuando lleguen al final del concierto, no como el Presidente que se marchó tras la primera parte dejando solo al conselleiro Desván de los monjes- y aplauden como si les fuera la vida en ello. Ya comenté una vez lo burros que son estos que se ponen el traje para "ir a la ópera", creyéndose que están en una noche de estreno en el Metropolitan. Además de no tener ni idea de qué va el asunto musical se comportan de una forma exagerada, con mucha sonrisa, mucha carcajada y mucho pasearse de arriba a abajo, cargando la atmósfera con colonias, pelos engominados y a veces olor a sobaquillo mal disimulado, que hacen pensar que el fantasma del estilismo tipo Mario Conde está más vivo que nunca.
Lo malo de todos estos es que se juntan y se apoyan unos a otros, y al final acaban en pie ovacionando, desgañitándose por soltar un "Brava!" que les habría salido igual, tanto si la Bartoli hubiera cantado como los ángeles, como si hubiera recitado la alineación del Real Madrid. Y así es cómo son capaces de joder un concierto, Sus Señorías.
Después se saludarán, dirán que menudo éxito el Xacobeo Classics 10 -sin comentarios- y que cuánta cultura han traído a Galicia, supongo que citando mal los nombres -todavía resuena el eco del "Carmina Burana, esa gran soprano gallega" de Pérez Varela- mientras se zampan unos camarones, una tortilla con ensalada y ponen Wagner de fondo. Porque a pesar de todo, son humildes.

lunes, 12 de abril de 2010

Paseos nocturnos.

Hace frío, pero necesitaba salir de casa y pasear para que me diera el aire, así que quedé en pasar a buscar a un amigo para tomar una caña; más que nada por tener la excusa de hacer algo, y no salir a andar sin rumbo fijo. Había visto unas cuantas películas de adolescentes americanos, universitarios borrachos rodeados de tías buenas, esperando que me pudrieran un poco el cerebro y que me impidieran pensar demasiado.
Atravesé San Pedro mirando al frente y sin pararme, sólo como un trámite hasta llegar a Fontiñas. Me impedí darle vueltas a la cabeza a escasos 5 metros de esas escaleras que nunca se acaban, concentrado en las piedras del suelo y esquivando gente rara, e igual sólo fui capaz de hacerlo porque llevaba fresco el pudrimiento cerebral después de ver Van Wilder: Animal Party.
Después tomé esa caña, sin ganas, hablando con el chavalín de tetas, culos, y cantantes americanas modernas "que no cantan un carallo pero que están todas buenísimas". Me distrajo bastante y nos echamos unas risas. Más o menos una hora más tarde habíamos terminado nuestras cañas y nos fuimos, porque yo tampoco estaba demasiado chisposo y aquí el colega tiene hoy concierto.
Nuevamente tuve que atravesar San Pedro. Lo de no pensar no funciona -al menos a mí no me funciona-, así que me dejé llevar y me concentré, fijándome en los detalles de esa calle que recorrí unas cuantas veces sin fijarme nunca en ella. Disfrutando conscientemente, como una especie de autoflajelación. Por primera vez vi a la señora del kiosko de San Pedro, removiendo revistas un domingo a la 1 de la mañana; me fijé en bares de señores mayores preguntándome cuál sería el famoso Javichi -debería ser uno de un señor gordo que mira la tele con los parroquianos-, y me quedé embobado con el cartel de una tienda de muebles juveniles, en el que un niño abierto de piernas y con los brazos estirados, como el hombre de Vitruvio de Leonardo, tiene la cara más triste del mundo.
Para estar en abril hace frío y no había vagabundos durmiendo en los bancos de la plaza con el cruceiro -me enteré ayer de que se llama Plaza 8 de marzo-, pero había un tipo muy raro mirando un cartel al lado de una señal y pensé que quizás podría ser el exhibicionista aficionado de los tres intentos.
De repente, habiéndome fijado en todos esos detalles que siempre se me habían escapado, caí en la cuenta de que encima de esas escaleras interminables hay un bloque de piedra en el que está esculpida una preciosa señal de dirección prohibida. Y sonreí cínicamente, pensando que a veces los dioses tienen un sentido del humor realmente retorcido.

lunes, 5 de abril de 2010

Fe de erratas.

Me retracto de (casi) todo.

sábado, 3 de abril de 2010

Cartas a Ophélia.

Todas las cartas de amor son 
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen 
ridículas.


También en mi tiempo escribí cartas de amor,
como las demás,
ridículas.


Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.


Pero, al final,
sólo las criaturas que nunca escribieron
cartas de amor
son las que son
ridículas.


Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa, 1888-1935)

jueves, 25 de marzo de 2010

Necesidades.

Creo -hasta dónde yo sé- que lees ésto de vez en cuando. También creo -también hasta dónde yo sé- que has sentido acuse de recibo cada vez que he escrito algo que te afecta, asustándote o no, de esa forma que según tú te ha llamado la atención desde que me conoces, con esa extraña forma de emplear las palabras.
Te preguntas cómo puedo usarlas así. Cómo puedo elaborar semejantes conexiones que a veces parecen hablar de ti misma. Y es porque en realidad es así. Porque hablo de ti y porque eres tema recurrente al que acudir, aunque sea de forma inconsciente, cada vez que intento dejar la mente en blanco, con ganas de mandar a tomar por saco a todo el mundo. No lo hago, porque un chico bien educado, persona de bien, académicamente sobresaliente, no debe hacer esas cosas. Son demasiado rompedoras. Jesús, qué cosas tiene el niño.
Paseo, de una forma incongruente, dando tumbos por calles mal asfaltadas, a veces descubriendo paisajes nuevos en esta maldita ciudad, que me reconcilian con el mundo y me alegran el día. Ayer mismo, cuando toqué fondo y sentí derrumbarse todo aquéllo a lo que podía asirme hasta ahora, encontré un lugar encantador frente al Carmen de Abajo, con un par de bancos bucólicos junto a un puente de piedra, al lado de un arroyo.
Me senté un rato, largo, como si no hubiera nada más en el mundo que yo, el arroyo, el banco, y el puente de piedra. Algún corredor con mallas ajustadas se me quedó mirando, considerando si era un tarado a punto de arrojarse al arroyo y de hacer una estupidez -no debe cubrir más de medio metro en la zona más profunda- o un simple tipo cansado de pasear, con los auriculares atronando la marcha fúnebre de la 3ª de Beethoven. Todo un clásico.
Consideré mis necesidades. Al final del paseo llegué a casa y me quedé dormido en el sofá, hasta las 6 de la mañana, abrazado a una almohada y con la pantalla del ordenador en blanco, porque el capítulo de la serie que estaba viendo se quedó a medias, entre sueño y sueño y abrazo y abrazo, susurrando tu nombre, sin gota de alcohol en sangre y con demasiados anhelos a la espalda. Sentí la necesidad de acariciar tu pelo y de sentir la piel de tu espalda, la suave hendidura de tu ombligo y tu mano acariciando mi cara, mientras estás tumbada a mi lado, la noche en silencio y la puerta de la minúscula habitación cerrada, como si tuviéramos miedo a que nos sorprendieran en un horrible acto reprobable.
Necesidades que me parecen básicas, y a las que no estoy dispuesto a renunciar. Aunque el mundo se empeñe en decirme lo contrario. Y por éso se ha ganado mi desprecio y mis ganas de mandarlo a tomar por saco.

martes, 23 de marzo de 2010

un trozo de papel


a la derecha
una ciudad
una fecha


luego un nombre
al margen de la izquierda


más abajo palabras
la grafía
cada vez más nerviosa 
y más compleja


al llegar la firma
suspensivos


no hay saludo
posdata


ni respuesta...


Alberto Gustavo Amoroso, Epistolario

lunes, 22 de marzo de 2010

Criaturas peligrosas.

Son muchos, y fáciles de identificar: en la carretera van delante, en coches viejos -de 10 a 15 años, cuando no más-, siempre a la mitad del límite máximo de velocidad, invadiendo el carril contrario en las curvas y sin utilizar jamás los intermitentes que, como es bien sabido, es cosa de mariquitas.
Desde atrás se distingue la figura de la boina, recortada contra un cielo gris plomizo que no augura nada bueno. De vez en cuando se mueve de forma lenta y meditada, para mirar por el retrovisor, confirmando que uno es un jovenzuelo con prisas que no respeta nada. Un gamberro, en suma.
Cuando hay un carril para vehículos lentos se mete rápido, sin señalizar, y al pasar a su lado lo vemos con claridad: camisa, jersey, boina, y al lado la parienta, que es pequeñita y regordeta y por eso no la distinguíamos cuando íbamos detrás.
El paisano mueve la boca, probablemente cagándose en todos los santos y alegrándose de que no vayamos detrás, porque aunque mantengamos una prudencial distancia por si las moscas, va pensando que le metemos prisa y que a ver dónde está el fuego.
Suspiramos aliviados al dejar al paisano, en su Seat Panda a 60 por hora, mientras sube trabajosamente el Faro. Pasamos como una exhalación a su lado, aunque sabemos que la alegría va a durar poco. Más adelante, y cada vez más cerca, a un ritmo alarmante, se ve un coche sin carnet, que se incorpora cuando acaba el segundo carril, justo antes de una hermosísima doble línea continua. Con dos boinas contra el cielo gris. Y vuelta a empezar.

lunes, 15 de marzo de 2010

Rosa.

Ahora, que aún hace frío por las noches, lleva un abrigo largo color beige con un remate de lo que parece piel de algún bicho, de ésos que nacen destinados a dar su vida por la alta costura. En este caso sólo lo parece, tiene que ser algún tejido barato y sintético.
Lleva siempre un sombrero, a veces blanco con cinta negra, a juego con el abrigo; a veces negro con cinta blanca, como una mafiosa de los años 30. Siempre muy masculinos, transmiten un aspecto de dureza que se corresponde con su voz grave.
Tiene modales educados y de vieja escuela. Se aproxima con discreción, igual que fuma, ofreciendo los productos de su cesta y aceptando igualmente un euro que un "no, gracias". En su cesta siempre es primavera, llena de claveles rojos y blancos. Claveles naturales, y no rosas de papel como las que ofrecen esas chinas que siempre sonríen y que lo mismo sacan la espada láser de Darth Vader que un pato chillón al que se le mete la mano por el culo.
Rosa es mayor. Lleva el pelo recogido en una coleta, negro como el azabache. Racial, sería la palabra. Maquillada sin excesos, elegante cómo ella sola a la hora de recorrer los bares y de lidiar con borrachos y alguna gente de bien.
Una constante en las noches de Santiago que ya no son lo que eran, y que probablemente nunca lo fueron.

viernes, 12 de marzo de 2010

Lecturas obligatorias para una mañana no tan perfecta.

-Iseo, bella amiga, qué diferente es vuestra vida. Vuestro amor está tan lejos que sólo me causa confusión. Por vos pierdo la alegría y el placer, y vos lo tenéis día y noche; mi vida transcurre con dolor, y la vuestra entre deleites y amor. No hago nada más que desearos, pero vos no os priváis de tener gozo y consuelo y de conseguir vuestro placer. 
A causa de vuestro cuerpo estoy sufriendo, pues el rey es quien os proporciona felicidad y él consigue el goce y la satisfacción de lo que antes fue mío y ahora es suyo. Renuncio a lo que no puedo tener, pues bien sé que el rey se deleita con Iseo y ella me ha olvidado porque goza con él. Está en mi ánimo el despreciar a todas las mujeres a cambio de tener únicamente a Iseo; y ella no me quiere confortar, aunque sabe mi gran dolor y la angustia que tengo a causa de su amor porque hay otra mujer que me desea y esto me atormenta. 
Si no estuviera tan acuciado por mi amor soportaría mejor el deseo, y si a ella no le preocupa yo dejaré de obsesionarme. Ya que no puedo conseguir mi deseo debo hacer todo lo posible; ésta es mi decisión, pues así se comporta quien no puede hacer más. ¿Para qué sirve esperar tanto y desear siempre sus favores? ¿De qué vale mantener un amor del que no te puede llegar ningún bien? He sufrido por su amor tantas penas y dolores que bien puedo renunciar a él: no me sirve de nada perseverar. Ella se ha olvidado de mí y sus sentimientos han cambiado.
¡Dios mío, buen Padre, rey celestial! ¿Cómo ha podido cambiar de este modo? ¿Por qué ha cambiado, si aún hay amistad entre nosotros? ¿Cómo ha podido dejar de amarme? Y yo de ningún modo puedo hacerlo. Yo sé que si el amor hubiera desaparecido de mi corazón, el suyo lo sabría, porque todo lo que ella hizo, bueno o malo, mi corazón lo supo al instante. He sentido en mi corazón que el suyo me ha retenido y me ha reconfortado todo lo que ha podido.

Tristán e Iseo, Tomás de Inglaterra (ca. 1150-1200)

jueves, 11 de marzo de 2010

Poésie française pour un soir parfait.

Cruelle, à quel propos prolonges tu ma peine?
Qui t'a sollicitée à renouer ma chaîne,
Quel démon ennemi de mes contentements
Me vient remettre encore en tes enchantements?
Mon mal allait finir, et déjà ma pensée
Ne garadait plus de toi qu'une Image effacée,
Ma fièvre n'avait plus que ce frisson léger,
Qui du dernier accès achève le danger:
Encore un jour ou deux de ton ingratitude,
Et j'allais pour jamais sortir de servitude,
Ce n'était plus l'Amour qui guidait mon désir,
Il m'avait achevé sa peine et son plaisir.
[...]
Pardonne à ma fureur une importunité,
Qu'elle ne te fait point avec impunité:
Car je veux que le Ciel m'accable du tonnerre,
Si toujours ma raison ne lui fait point la guerre,
Et je crois que le temps m'assistera si bien,
Qu'enfin j'accorderai ton désir et le mein.

Téophile de Viau (1590-1626)

miércoles, 10 de marzo de 2010

Un frío que corta.

Hace un frío espantoso al salir del cine. Me subo la bufanda y cierro un poco más la chaqueta, agradeciendo el haber subido a casa a por la cazadora y los guantes, antes de entrar a tomar algo a un bar en el que ponen churrasco gratis de tapa. Joie de vivre en estado puro.
La película nos deja mal cuerpo; demasiadas desgracias, demasiada carga emocional y un abuso flagrante de una estética de la fealdad, en la que cada plano es como un puñetazo dirigido con implacable certeza a la boca del estómago. Demasiada crueldad, moraleja y redención. Y no tengo el día para mensajes esperanzadores.
Me despido de Paula enfrente de Follas Novas y me pongo los auriculares para aislarme y protegerme un poco del frío, al menos del de dentro. La Schwarzkopf y la Ludwig cantan porque sus amantes se van al campo de batalla y las dejan solas en Nápoles. Les dará igual cuando se presenten disfrazados de albaneses y a ellas se les haga el culito gaseosa, olvidándose de las promesas de amor eterno.
No me cruzo con un alma hasta pasada Calderería. Unas cinco personas están paradas en medio de la calle, mirando con sorpresa un mar de vidrio delante de la fachada de El Correo Gallego. Como si un enorme monstruo de cristal hubiera eyaculado delante del edificio. Alguien se ha cargado las puertas de cristal de la redacción. En medio del desastre están los tiradores de hierro, cubiertos de pequeños pedazos de cristal que parecen diamantes. El tesoro de los Spada esperando al Conde de Montecristo, pienso.
Al fondo de la calle se ven dos luces azules intermitentes. Llega un primer coche de policía, e inmediatamente detrás aparece otro. El policía copiloto se va rascando la nariz mientras bosteza. Yo sigo subiendo, después de que Fiordiligi y Dorabella les hayan deseado a sus amantes que los vientos sean prósperos y tranquilas las olas del mar.
Llego a casa, y al abrir la puerta me invade una sensación de calor. Aquí se está bien, me espera mi cama con sus capas de ropa, una taza de leche caliente y un libro. En el ordenador veo que alguien me ha hablado por el Messenger mientras estaba fuera; me ilusiono. Me acerco y veo que sólo era Antonio. Me decepciono considerablemente y me llena un sentimiento de apatía. Me enfado conmigo mismo y decido irme a la cama.
Antes tengo que coger el libro que estoy leyendo. Siempre que me acuesto leo. Siempre que me acuesto solo, leo; si no, no me duermo. El problema es que últimamente leo demasiado.

sábado, 6 de marzo de 2010

Par piacere ed è tormento.

Suena el móvil: mensaje. Me despierto con un dolor atroz en la cabeza, como si algún enemigo desconocido  me martilleara con inusitada fuerza las sienes por el mero placer de provocarme una horrorosa jaqueca. Aparto con delicadeza un brazo que me rodea y abro los ojos, pero no soy capaz de reconocer la habitación: pósters en la pared de un tío con el pelo largo y barba, torso desnudo bajo una guitarra y letras rojas; pocos muebles, entre ellos una mesa de escritorio, consistente en un tablero sobre dos caballetes y un armario que parece salido del decorado de Cuéntame; en la pared de enfrente, fotos con demasiados rostros para considerarlos individualmente, son una masa.
El brazo pertenece a una chica. Levanto las sábanas porque me puede la curiosidad: está desnuda. No recuerdo cómo se quitó la ropa, pero quiero pensar que se la quité yo y que ella se dejó hacer, poco a poco. Sé que no pudo ser así. Llegamos al portal borrachos perdidos y un poco necesitados, de afecto o de sexo rápido y sin más complicaciones; lo que quiera que sea que cada uno vio en el otro.
La cubro de nuevo con la sábana. Al tacto, es un tejido barato y sintético, de color crudo, por lo que se ve con la poca luz que se cuela a través de una persiana no bajada del todo. No hubo tiempo para los detalles: ni velas, ni música suave, ni pétalos de rosa sobre la cama. La habitación aún huele a sudor y a alcohol, además del perfume dulzón y a la vez amargo del sexo, que se incrusta en el fondo de las fosas nasales y se niega a desaparecer cada vez que inhalo una bocanada de aire.
Me incorporo ligeramente, difícilmente, porque ella me ha vuelto a abrazar sin que yo lo quisiera, y veo ropa esparcida alocadamente por el suelo. Lujuriosamente, sin orden ni concierto, como la situación en general. Veo mis pantalones encima de una silla, decorosamente doblados; el jersey yace en el suelo, al lado de la cama, hecho un guiñapo. No veo calcetines por ningún lado, son demasiado pequeños como para darles importancia y no los busco siquiera con la mirada.
Ella levanta un brazo y me requiere bajo las sábanas. Hace un ruido extraño, gutural, consciente a medias de que hay alguien a su lado; sé que quiere que le devuelvan ese abrazo dulce y a la vez terrible del día después, que ata con inexorable fuerza, como una soga con trece nudos. Pienso que se lo debo, de una forma u otra, y me vuelvo a acostar, tendido a su lado. Me rodea con una pierna suave y la presión me hace ser un poco más consciente.
Giro sobre mí mismo y le paso un brazo por la espalda; decido dormirme de nuevo, y que sea ella la que me despierte y decida el momento en el que echarme de su cama. Cuando se han adquirido ciertas costumbres es muy difícil deshacerse de ellas.

lunes, 1 de marzo de 2010

Nada.


Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.


Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Hay días...

Catarí... Catarí...
pecché mi dici sti parole amare?
pecché me parle e 'o core me turmiente, Catarí?
Nun te scurdà ca t'aggio dato 'o core, Catarí, nun te scurdà.


Catarí, Catarí, ché viene a dicere
stu parlà ca me dà spaseme?
Tu... nun'nce pienze a stu dulore mio,
tu nun'nce pienze, tu nun te ne cure...


Core, core 'ngrato,
t'aie pigliato 'a vita mia.
Tutt'è passato e nun'nce pieze chiù.


Catarí... Catarí...
tu nun 'o ssaje ca fino e 'int'a na chiesa
io só' trasuto e aggiu pregato a Dio, Catarí.
E ll'aggio ditto pure a 'o cunfessore "Stó' a suffrí pe' chella llá


Stó'a suffrí, stó'a suffrí nun se pò credere...
stó'a suffrí tutte li strazie!"
E 'o cunfessore ch'è perzona santa,
mm'ha ditto: "Figliu mio, lássala stá, lássala stá!"


Core, core 'ngrato,
t'aie pigliato 'a vita mia.
Tutt'è passato e nun'nce pieze chiù.


Salvatore Cardillo (1874-1947)

martes, 23 de febrero de 2010

À Chloris.

S'il est vrai, Chloris, que tu m'aimes,
Mais j'entends, que tu m'aimes bien,
Je ne crois point que le rois mêmes
Aient un bonheur pareil au mein.
Que la mort sarait importune
De venir changer ma fortune
A la felicité des cieux!
Tout ce qu'on dit de l'ambroisie
Ne touche point ma fantaisie
Au prix des grâces de tes yeux.

Théophile de Viau (1590-1626)

jueves, 18 de febrero de 2010

Galician drunken songs (Part III)

Fun á taberna do meu compadre (I went to my buddy's tavern):

I went to my buddy's tavern,
I went through the wind, I came through the air;
and as a spell thing, I went through the air 
and came through the wind.

And lay down, lay down, lay down,
and don't touch me in that thing.
And lay down, lay down right now,
and don't touch me in that little thing.


Gossiped my neighbours,
that y walked with the priest in the vineyards;
that is true, I don't deny it,
that I walked to fight with the priest.

And lay down, lay down, lay down [...]

When I get married I yet have a cock,
yet my mother doesn't have to give it to me;
when I get married I yet have a chicken,
yet my mother doesn't have to give me it all.


And lay down, lay down, lay down [...]

martes, 16 de febrero de 2010

Crónica de una muerte anunciada.

Esta semana debí perder un par de años de vida por culpa de la burocracia. Hace un par de semanas nos mandaron un correo diciéndonos qué documentación debíamos presentar para unas becas, pues el plazo terminaba el jueves de la semana pasada. El viernes nos enviaron un correo con una serie de documentos adjuntos que teníamos que cubrir para una reunión informativa que tuvimos ayer, sin saber todavía quién estaba admitido y quién no.
Una mente clarividente tuvo a bien preguntar cuándo salían las listas, o, si por favor, hacían el favor de decirnos aunque fuera de viva voz el listado de admitidos, porque no todo el mundo considera divertido cubrir páginas y páginas de formularios un lunes de carnaval a las 9,30 de la mañana -hasta las 13,20 estuvimos allí-. Un señor calvo imprimió la lista y oh, sorpresa, oh, dolor, ahí estaba. Después nos soltaron la bomba: el plazo de presentación de los papeles de la convocatoria acababa hoy, así que teníamos que informarnos sobre las universidades y los cursos ofertados antes de las 14,00 (es decir, hace 51 minutos) porque la Oficina de Relaciones Exteriores cierra y dejan de recoger papeles.
Me levanto por la mañana a las 9 y me pongo a ver qué universidades ofertan Historia del Arte del listado que nos facilitaron: unas cuantas. ¿Cuántas merecen la pena? Unas cuantas menos, por no decir bastantes. Quedo con Rocío, que es una santa, y miramos y rebuscamos en páginas web a ver quién está en cada sitio, qué pinta tienen los cursos, etc. Acabamos a las 12,30 y vengo corriendo a casa porque tengo que rellenar los formularios solicitando plaza en esas universidades: 4, de una lista muy larga.
Termino a las 13,30 y voy corriendo a la ORE, les pregunto a qué hora cierran -no me fío de los burócratas de la USC desde mis problemas de matrícula- y me dicen que a las 14,00, así que me da tiempo a ir a fotocopiar todos los papeles, porque la coordinadora del programa ISEP nos dijo que tenemos que entregarlo todo por duplicado.
Llego corriendo a la ORE con las copias y se las entrego a una chica. Me mira un poco perpleja y me dice "No entiendo por qué lo entregáis todo por duplicado, de verdad".
Y yo, por dentro, me cago en todos sus muertos.

domingo, 7 de febrero de 2010

Tócamelas otra vez, Juan Manuel.

No me gusta repetirme ni dedicar más atención de la que merecen ciertas cosas, pero es que a veces parece que el fatum está acechando y me pide más, echándome carnaza fácil. El artículo de esta semana del místico y mediático reportero de L'Osservatore Romano trata sobre el arte y su interpretación. Porque el arte es universal y sobre arte puede hablar cualquiera y de cualquier manera, y sobre todo, porque él, con su lenguaje florido y repetitivo hasta el vómito, hace arte. Es un artista, vamos.
Hay una distinción que no hace Juan Manuel, y que es separar la interpretación y el estudio del fenómeno artístico de la creación literaria; y para ello nada mejor que acudir al asunto conflictivo por antonomasia: Leonardo da Vinci y Dan Brown. Como no hay casos y casos que echarse a la boca -supongo que él se conoce al dedillo las obras capitales de la Historia del Arte, pero va a lo popular, que es lo que conoce el vulgo- retoma esta cruzada personal que él y los de su ralea sostienen contra el autor de Ángeles y demonios, sin reparar en que una novela puede ser solamente eso, una novela.
El trasfondo es mucho más simpático: la 'ciencia' -él y sus deleznables comillas- no puede desvelarlo todo, entonces ofrece explicaciones peregrinas a asuntos que no pueden ser explicados, ese "misterio que permanece inalterable frente a los intentos de profanación". Evidentemente Juan Manuel se cita a sí mismo, cuando en un programa decía que la historia de la ciencia es la historia del fracaso, porque siempre está intentando desentrañar los misterios de la obra de Dios. De lo que se olvida es de que cosas como los eclipses, la órbita de los planetas y las operaciones de médula espinal, por ejemplo, son posibles gracias a  esos "mentecatos que han probado a desentrañarlo con el método de la 'ciencia'".
No me hago más mala sangre y prometo no volver sobre este paisano. Hoy caí, lo confieso, fundamentalmente por un parrafito en el que dice que es de "psicologismo barato", por ejemplo, ver sublimaciones de una sexualidad traumática en ciertas creaciones de la poesía mística. No sé en qué podría estar pensando.