miércoles, 14 de julio de 2010

El rosa no adelgaza.

Hay una especie de ley de Murphy de la moda que se cumple con inexorable certeza: allá dónde se produzca una reunión más o menos numerosa, con algún motivo social más o menos elegante, habrá una gorda vestida de rosa.
Lo del motivo social más o menos elegante es secundario, pero suelen ser especialmente proclives como caldo de cultivo las bodas y actos de licenciatura. Las bodas, además de ser un acto soez lleno de un optimismo imbécil, aportan el agravante de los sombreros a juego. Y si es con lazo se llevan el primer premio con mención de honor por parte del jurado.
El otro día me quedé pasmado, esperando a que saliera el vuelo, cuando vi pasar a un grupo de señores y señoras africanos y africanas, vestidos y vestidas con ropas llamativas en el contexto altamente europeizado que se supone es el aeropuerto de Madrid-Barajas. Digo supuestamente porque ya sabemos que, según Dumas, "África empieza en los Pirineos", así que para el ilustre gabacho los raros somos nosotros. 
Lo que inmediatamente llamó mi atención y me hizo levantar la vista del libro no fue el grupo ruidoso, sino la mole rosa que se contoneaba como una nube gigante o un Frigopié de dimensiones apocalípticas. Sin duda era la más voluminosa del grupo y la que llevaba un rosa más puro e inmaculado.
Quedó demostrado así que el rosa y el volumen son conceptos que se asocian y que han trascendido, o quizás hemos importado en Occidente. No hay cultura que se libre de la asimilación cromática, ni siquiera Modas Maruja ha podido salir del círculo vicioso -y nunca mejor dicho- del rosa; incluso los dibujantes japoneses de Dragon Ball hicieron rosa al Bu original, que era una mole y que amenazaba a sus enemigos con transformarlos en un "biscoito de nata, mmmm". 
La ley del Murphy de la moda es incontestable. No hay objeción posible ni forma de escapar a su certeza; y sólo encuentra semejante grado de acierto en la que dice que al lado de la gorda vestida de rosa, irá una esquelética de negro llevando un Gucci más falso que el buen gusto de su compañera.