viernes, 9 de julio de 2010

Gente del metro.

Viaje hasta el aeropuerto. En el asiento de enfrente se sienta una pareja; la cara de él se me hace conocida sin saber muy bien por qué ni a quién me recuerda. Parece joven, más joven que ella, aunque probablemente no lo sea. Lo que pasa es que la mujer tiene ojeras y cara de cansancio, y la mirada vacía, con unos enormes ojos claros cuyas pupilas parecen extraviadas, fijadas en un punto indeterminado.
No hablan. Él intenta decirle algo, pero ella sólo responde con un "¿qué?" desinteresado, sin apartar la mirada del punto que escogido de forma inconsciente.
No hablan, pero la mujer no aparta la mano de la pierna del chico, y así permanecen todo el viaje.
Al lado de su cabeza, hay un cartel con unos versos de Agustín Fernández Paz:

Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco
de la tristeza.