No tenía ni idea de quién era este tipo cuando ayer compré un libro suyo. Simplemente me gustó el título y la foto de la portada: Al oeste de Roma, y debajo un perro marrón, peludo, al que sólo se podría definir como "auténticamente bonachón".
Empecé a leerlo ayer por la noche y me hizo gracia. El tío escribía bien; es divertido, ágil, con un vocabulario a veces soez y giros bastante interesantes. Como habría escrito José Luis Alvite de haber nacido a tiempo y en el lugar adecuado para pertenecer a la generación Beat. Ahora acabo de leer un párrafo que me hizo muchísima gracia y por éso lo pongo. Es magistral.
Había ocurrido dos veces, y en ambos casos hubo por medio un animal. El primer año de casados, cuando vivíamos en San Francisco, llevé a casa una rata blanca en una jaula para que fuera nuestro animal de compañía. La rata escapó y se escondió entre los muelles del sofá, y fue casi imposible sacarla. Harriet me dio una hora para que me deshiciera de ella, y como no lo conseguí, empaquetó sus cosas y se fue en autobús a Grass Valley, a la granja de su tía. Tardé un mes en conseguir que volviera. Tuve que ir a Grass Valley con el coche y allí, en presencia de su tía, me puse de rodillas y le supliqué que volviera a casa. Accedió al fin, pero sólo tras una revisión completa del contrato de matrimonio. Yo por entonces era joven e idiota, me la jodía tres veces al día por amor y no me importaba rebajarme.
Al oeste de Roma, John Fante (1909-1983)
1 comentarios:
Es buenísimo...! voy a tratar de conseguirlo
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