sábado 4 de diciembre de 2010

Yo quiero se bueno, pero el mundo no me deja.

Un parón general de los controladores aéreos, y todo el mundo en tierra. Con dos pares de huevos que ni el caballo de Espartero. Y en éstas, Rubalcaba llama a los militares y les dice, mía mía, qué caló, qué caló tengo, que guapa soy que tipo tengo tengo, y a ocuparse de los centros de control y de las torres de los aeropuertos españoles. También, con dos cojonazos.
Lo de los controladores -como lo de los pilotos- es de coña marinera y de país de pandereta. En cuanto se plantan pueden poner a todo Cristo en jaque y joderle las vacaciones a todo hijo de vecino. A ellos les importa una mierda, porque con un sueldo que puede llegar a los 900.000 euracos al año ya me contarán ustedes lo que les puede importar a ellos irse de vacaciones en temporada alta. Además, los hijos de mala madre no convocan un paro un martes laboral, sino antes de un puente que para muchos es un alivio antes de las Navidades. Lo hacen a mala fe y a hacer daño.
Aducen como razones que su trabajo es muy estresante -como Manquiña en Airbag- y que es de una gran responsabilidad. Yo, de momento, nunca he visto una huelga de neurocirujanos o de cirujanos cardiovasculares, ni tampoco de pilotos militares o de maestros, que también aguantan lo suyo. Sin embargo del SEPLA y de los controladores estoy hasta los huevos, porque cada vez que se les cruzan los cables pueden mandar a tomar por culo a todo un país en menos que san Pedro dijo "no" las tres veces.
A mí, personalmente, me parece que Zapatitos debería mandar a los controladores a tomar por saco. No me causan ninguna simpatía: son como el crío caprichoso que cuando no tiene lo que se le antoja tira la toalla. O peor, como el mamón que cuando va perdiendo dice "no juego más". En cierta manera no puedo dejar de considerarlos cierta clase de delincuentes chanchulleros -por ser amable-, y en cierto sentido unos chantajistas de primer orden. Lo de amenazar y provocar el caos cuando no se les hace caso, adquiere cierto tufillo asquerosamente habitual a la hora de tratar con el gobierno de este país.
330.000 personas se han quedado en tierra por obra y gracia de los controladores. A mí me daría puta vergüenza no ya ser uno de ellos, sino tener nada que ver con esta panda de capullos caprichosos que a la primera de cambio pueden joderle las vacaciones a todo Dios, con la excusa de que "Carmiña, dejo esto que es muy estresante". Y si no, que se lo digan a todos aquellos que están cobrando el paro, o mejor aún, a aquellos que ya no lo cobran. Aquí, mis amigos los controladores.