miércoles, 24 de febrero de 2010

Hay días...

Catarí... Catarí...
pecché mi dici sti parole amare?
pecché me parle e 'o core me turmiente, Catarí?
Nun te scurdà ca t'aggio dato 'o core, Catarí, nun te scurdà.


Catarí, Catarí, ché viene a dicere
stu parlà ca me dà spaseme?
Tu... nun'nce pienze a stu dulore mio,
tu nun'nce pienze, tu nun te ne cure...


Core, core 'ngrato,
t'aie pigliato 'a vita mia.
Tutt'è passato e nun'nce pieze chiù.


Catarí... Catarí...
tu nun 'o ssaje ca fino e 'int'a na chiesa
io só' trasuto e aggiu pregato a Dio, Catarí.
E ll'aggio ditto pure a 'o cunfessore "Stó' a suffrí pe' chella llá


Stó'a suffrí, stó'a suffrí nun se pò credere...
stó'a suffrí tutte li strazie!"
E 'o cunfessore ch'è perzona santa,
mm'ha ditto: "Figliu mio, lássala stá, lássala stá!"


Core, core 'ngrato,
t'aie pigliato 'a vita mia.
Tutt'è passato e nun'nce pieze chiù.


Salvatore Cardillo (1874-1947)

martes, 23 de febrero de 2010

À Chloris.

S'il est vrai, Chloris, que tu m'aimes,
Mais j'entends, que tu m'aimes bien,
Je ne crois point que le rois mêmes
Aient un bonheur pareil au mein.
Que la mort sarait importune
De venir changer ma fortune
A la felicité des cieux!
Tout ce qu'on dit de l'ambroisie
Ne touche point ma fantaisie
Au prix des grâces de tes yeux.

Théophile de Viau (1590-1626)

jueves, 18 de febrero de 2010

Galician drunken songs (Part III)

Fun á taberna do meu compadre (I went to my buddy's tavern):

I went to my buddy's tavern,
I went through the wind, I came through the air;
and as a spell thing, I went through the air 
and came through the wind.

And lay down, lay down, lay down,
and don't touch me in that thing.
And lay down, lay down right now,
and don't touch me in that little thing.


Gossiped my neighbours,
that y walked with the priest in the vineyards;
that is true, I don't deny it,
that I walked to fight with the priest.

And lay down, lay down, lay down [...]

When I get married I yet have a cock,
yet my mother doesn't have to give it to me;
when I get married I yet have a chicken,
yet my mother doesn't have to give me it all.


And lay down, lay down, lay down [...]

martes, 16 de febrero de 2010

Crónica de una muerte anunciada.

Esta semana debí perder un par de años de vida por culpa de la burocracia. Hace un par de semanas nos mandaron un correo diciéndonos qué documentación debíamos presentar para unas becas, pues el plazo terminaba el jueves de la semana pasada. El viernes nos enviaron un correo con una serie de documentos adjuntos que teníamos que cubrir para una reunión informativa que tuvimos ayer, sin saber todavía quién estaba admitido y quién no.
Una mente clarividente tuvo a bien preguntar cuándo salían las listas, o, si por favor, hacían el favor de decirnos aunque fuera de viva voz el listado de admitidos, porque no todo el mundo considera divertido cubrir páginas y páginas de formularios un lunes de carnaval a las 9,30 de la mañana -hasta las 13,20 estuvimos allí-. Un señor calvo imprimió la lista y oh, sorpresa, oh, dolor, ahí estaba. Después nos soltaron la bomba: el plazo de presentación de los papeles de la convocatoria acababa hoy, así que teníamos que informarnos sobre las universidades y los cursos ofertados antes de las 14,00 (es decir, hace 51 minutos) porque la Oficina de Relaciones Exteriores cierra y dejan de recoger papeles.
Me levanto por la mañana a las 9 y me pongo a ver qué universidades ofertan Historia del Arte del listado que nos facilitaron: unas cuantas. ¿Cuántas merecen la pena? Unas cuantas menos, por no decir bastantes. Quedo con Rocío, que es una santa, y miramos y rebuscamos en páginas web a ver quién está en cada sitio, qué pinta tienen los cursos, etc. Acabamos a las 12,30 y vengo corriendo a casa porque tengo que rellenar los formularios solicitando plaza en esas universidades: 4, de una lista muy larga.
Termino a las 13,30 y voy corriendo a la ORE, les pregunto a qué hora cierran -no me fío de los burócratas de la USC desde mis problemas de matrícula- y me dicen que a las 14,00, así que me da tiempo a ir a fotocopiar todos los papeles, porque la coordinadora del programa ISEP nos dijo que tenemos que entregarlo todo por duplicado.
Llego corriendo a la ORE con las copias y se las entrego a una chica. Me mira un poco perpleja y me dice "No entiendo por qué lo entregáis todo por duplicado, de verdad".
Y yo, por dentro, me cago en todos sus muertos.

domingo, 7 de febrero de 2010

Tócamelas otra vez, Juan Manuel.

No me gusta repetirme ni dedicar más atención de la que merecen ciertas cosas, pero es que a veces parece que el fatum está acechando y me pide más, echándome carnaza fácil. El artículo de esta semana del místico y mediático reportero de L'Osservatore Romano trata sobre el arte y su interpretación. Porque el arte es universal y sobre arte puede hablar cualquiera y de cualquier manera, y sobre todo, porque él, con su lenguaje florido y repetitivo hasta el vómito, hace arte. Es un artista, vamos.
Hay una distinción que no hace Juan Manuel, y que es separar la interpretación y el estudio del fenómeno artístico de la creación literaria; y para ello nada mejor que acudir al asunto conflictivo por antonomasia: Leonardo da Vinci y Dan Brown. Como no hay casos y casos que echarse a la boca -supongo que él se conoce al dedillo las obras capitales de la Historia del Arte, pero va a lo popular, que es lo que conoce el vulgo- retoma esta cruzada personal que él y los de su ralea sostienen contra el autor de Ángeles y demonios, sin reparar en que una novela puede ser solamente eso, una novela.
El trasfondo es mucho más simpático: la 'ciencia' -él y sus deleznables comillas- no puede desvelarlo todo, entonces ofrece explicaciones peregrinas a asuntos que no pueden ser explicados, ese "misterio que permanece inalterable frente a los intentos de profanación". Evidentemente Juan Manuel se cita a sí mismo, cuando en un programa decía que la historia de la ciencia es la historia del fracaso, porque siempre está intentando desentrañar los misterios de la obra de Dios. De lo que se olvida es de que cosas como los eclipses, la órbita de los planetas y las operaciones de médula espinal, por ejemplo, son posibles gracias a  esos "mentecatos que han probado a desentrañarlo con el método de la 'ciencia'".
No me hago más mala sangre y prometo no volver sobre este paisano. Hoy caí, lo confieso, fundamentalmente por un parrafito en el que dice que es de "psicologismo barato", por ejemplo, ver sublimaciones de una sexualidad traumática en ciertas creaciones de la poesía mística. No sé en qué podría estar pensando.

viernes, 5 de febrero de 2010

Los últimos respetables.

Alguna vez creo que he hablado de ellos, pero la verdad es que no estoy seguro. Son señoras y señores a los que todavía se les puede poner el "don" o el "doña" delante del nombre sin que a uno se le caiga la cara de vergüenza, y que además saben llevarlo con elegancia y buenas formas, que para eso se encargan de limpiar, fijar, y darle esplendor al idioma.
Son los últimos que me merecen un respeto incondicional, aunque los vea un poco aislados en su mundo, en ese caserón imponente y un poco lúgubre de la Calle Felipe IV (visita obligada cada vez que uno visita el Prado, para leer los nombres de los padres de las letras que están grabados en su muros).
Me parecen gente dignísima, con sus tratamientos y la observancia de unos modales exquisitos incluso cuando insultan -como Don Arturo, habitualmente- o cuando muestran desacuerdo -como Margarita Salas cuando le preguntaron por lo de "miembros y miembras"-; así que de vez en cuando me paso por la web de la casa y reviso las noticias, leo la historia de la institución o cotilleo en el apartado de "Académicos" para enterarme de quién es quién en el abecedario de sillones, mayúsculos y minúsculos.
Alguna vez tendré que hacer que coincida la visita al Prado un jueves, cuando tienen sesión, para observarlos discretamente. Los últimos justos de Sodoma en esta caterva de instituciones públicas que haría sonrojar al más cínico o al más gilipollas.

jueves, 4 de febrero de 2010

Y soñé que en otro estado más lisonjero me vi.

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.


Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí. 

¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.


Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), La vida es sueño.