sábado, 25 de junio de 2011

De lluvia y cielos grises.

4 días lloviendo sin parar, con el cielo gris como panza de burro, que dicen los del Norte de Tenerife. El mismo color gris plomizo de Santiago en Noviembre, y alguna amenaza no demasiado seria de tormenta. 
Pero la verdad es que llover llover, lo que se dice llover como en Galicia, de momento no lo he visto. De hecho han bajado las temperaturas, lo cual agradezco, pero el problema es la humedad pegajosa y la sensación de irritación que no se va.
Paseo bastante, salgo a comer y a tomar algo, y la verdad es que cuando estoy en casa me dedico a ver series y a leer, pasando las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio en lo que a cosas de la Historia del Arte se refiere.
Mis clases de coreano van bien: 저는 빠블로 입니다, 저는 스페인 사람입니다. Me llamo Pablo, soy de España. Hoy me sorprendí construyendo una frase yo solito y me sentí de lo más orgulloso.
Es una sensación curioso, estoy haciendo un doctorado en arte medieval y un curso básico de lenguaje como un niño de guardería: me encuentro en los polos opuestos del sistema educativo. Y la verdad es que me encanta.

miércoles, 15 de junio de 2011

Primer día.

Hoy empecé las clases de coreano. La experiencia es buena, y la clase muy internacional: 1 español (ole, ole...), 1 estadounidense, 2 tailandesas, 2 japonesas y 1 de Malasia (¿cómo es el gentilicio de Malasia?, ¿malasiana?).
La cosa promete. El viernes tenemos la primera salida de campo: un concierto de música tradicional coreana. Quizás para ir preparando motores, porque en agosto al parecer nos van a dar unas clases para tocar algunos instrumentos coreanos. No nos aburriremos.
La profesora es muy joven y parece simpática. Y lo más importante: tiene paciencia. El coreano tiene 21 vocales. ¡¡¡21!!!, cuando nosotros nos las apañamos con 5. Además, esto lo escribe uno que en lenguaje cotidiano nunca pudo distinguir entre un "o aberto e un o pechado" si el profesor no exageraba la pronunciación como un payaso.
Ya compré los libros e hice mis deberes. Por la tarde trabajé un poco en la tesis (por aquello de nulla dies sine linea) y de una maravillosa cena (preparada por Keumbee) que para mi sorpresa fueron frebas, y de una horrorosa película, puedo ponerme a leer un rato e irme a la cama con la satisfacción del deber cumplido.

lunes, 13 de junio de 2011

Síndrome de Stendhal.

Me acuerdo de mi amiga Sara, golpeada en el alma por un momento de inspiración estética delante del Galo moribundo en los Museos Capitolinos. Fue hace tiempo, pero para mí era un referente de lo que podía ser el síndrome de Stendhal, en el que la belleza lo deja a uno sin respiración y aturdido. Yo, sinceramente, nunca había sufrido semejante momento y nada me había subyugado de tal modo. Hasta hoy.
Hoy visitamos los jardines del palacio de Changdeokgung, lugar en el que los reyes solían pasar sus ratos de esparcimiento escribiendo poemas, dando banquetes, consultando a la nobleza y pasando exámenes a los futuros oficiales y funcionarios.
Tras un recodo del camino, en una especie de pequeño valle, se ve un lago cuadrado con una isla circular artificial en el medio, donde crecen algunos árboles y plantas. Algún loto perdido parece mantenerse a la deriva, ajeno al resto, y a la izquierda se levanta un pabellón con planta de cruz griega y tejados inclinados. Enfrente, ascendiendo otra ladera a través de una escalinata de piedra, se alza un edificio solemne, con su pintura roja y vigas coloridas, signo de que se trata de un lugar utilizado por la familia real. Tiene dos plantas, lo que es extraño en la arquitectura tradicional coreana, y la fachada es una enorme galería que da al lago y al pequeño pabellón. A su lado se alza otro edificio menor, medio oculto entre los árboles.
Son pinos de tronco retorcido, que se mezclan con arbustos y flores en perfecta armonía. Se oyen algunos trinos de pájaros, y todo parece encajar a la perfección. Forma un todo único, una obra de arte en sí misma, que me deja más subyugado cuando mi novia me dice que aquellos edificios son las bibliotecas del palacio.
Y entonces yo, para qué negarlo, me sentí muy pequeñito al lado de semejante dominio de la estética y del enorme legado cultural del que fui consciente en ese momento, y sólo pude desear ser rey coreano y tener esas bibliotecas en ese lugar, para poder retirarme siempre, con pocos pero doctos libros juntos.

viernes, 10 de junio de 2011

Desde el país de la calma matutina.


Vale, estoy instalado completamente. Tengo casa con un baño, un escritorio, una cama... incluso ya tengo un set de palillos y cuchara, leche en la nevera y un par de vasos. Lo que me falta ahora -y lo que me pondré a buscar de forma obsesiva- es un trabajo que asegure mi presencia aquí al menos durante un par de años. Pero, ¿quién sabe? Como decía e gran Antonio Molina, "el futuro es muy oscuro, el futuro es muy oscuro, ayyyyyyy". Lo de "trabajando en el carbón" me lo callo, porque no creo que sea el caso.
Tenía razón mi amigo Óscar, que decía que estaba un poco triste pero que bueno, tampoco me venía a Corea a picar piedra o a meterme en una mina. Ni a coser balones de Nike o a plantar arroz, que es el equivalente en el que todos pensamos. De momento tengo confianza, mañana hago mi prueba de nivel de coreano para saber en qué nivel me ponen -eso se lo podía decir yo sin necesidad de pruebas- y hoy creo que toca cena y cine.
En cuanto a mi casa: está cerca de la cima de una colina -en eso Seúl se parece a Roma, pero tiene más de 7- en la que hay un parque. La zona es tranquila, y se me va a poner un culo duro como una piedra de subir la cuesta y los 5 tramos de escaleras que separan mi edificio de la calle. Está en una zona llena de cafés y restaurantes, cerca de una universidad y a 5 minutos a pie de la casa de mi novia. Es decir, un chollo.
Mis caseros son un matrimonio mayor. Ella no sé lo que hace, pero de momento es a la única que conozco. Vino a firmar el contrato y mandó arreglar en el mismo día la puerta del baño, que estaba suelta. En el mismo día no, a las 2 horas. Eficiencia asiática. El marido es un profesor jubilado de literatura francesa que ahora se dedica a hacer traducciones, para pasar el rato.
Y de momento nada más. Mañana, cuando vean que sólo puedo decir "hola", "quiero un espresso" y "gracias" decidirán ponerme en el nivel más ínfimo y a partir de ahí ya iré contando.

안녕하세요!

lunes, 6 de junio de 2011

Cambio de aires.

Nuevo idioma, nuevo país, nuevo continente, vida conyugal (bueno, no, pero...), búsqueda de trabajo, firma un contrato, nueva casa, nuevo sistema de transportes, nueva moneda, viejos problemas con los estudios, los amigos de siempre, nueva cultura, nueva gastronomía, el mismo sistema de beber con la gente hasta altas horas de la mañana en bares y terrazas, nuevas delicatessen de puesto callejero, nuevo mercado abarrotado, nuevos centros comerciales de lujo, los mismos taxistas que te toman por pardillo y te dan una vuelta considerable, las mismas tentaciones, nuevas ganas de intentar cosas nuevas, nuevo sentimiento de pánico al darme cuenta de que salté al vacío y estoy haciendo mi vida, y luego, la ilusión de siempre confiando en que de una relación como esta tiene que salir algo muy bueno.

사랑해요

miércoles, 4 de mayo de 2011

En el descuento.

Me queda un día para volver. Aunque lo de volver también tenga fecha de caducidad, y dentro de un mes esté otra vez haciendo maletas y cogiendo aviones para instalarme en el otro lado del mundo. Por supuesto estoy emocionado por los cambios. Además de alguna amiga y algún profesor memorable no me queda demasiado en Richmond, que en este caso está en la mitad de mis dos polos emocionales: familia y amigos, novia y vida futura.
Un día, y tengo que preparar maletas, escribir dos exámenes en italiano, mandar paquetes, tocar el órgano y quedar con algún amigo para tomar algo antes de que el viernes, a las 7,30 de la mañana, deje Richmond. No puedo decir que para siempre, porque nunca se sabe, si bien es cierto que no entra dentro de mis planes a corto ni medio plazo el volver a esta ciudad.
Me da pereza pensar en todas las cosas que todavía me quedan por hacer. Me da una pereza horrible, y sin embargo, al mismo tiempo algo me impulsa a recoger el escritorio, colocar las maletas una y otra vez, cambiar las cosas de sitio para volver a moverlas minutos después.
Ahora mismo, me voy a poner a hacer una maleta. Por aquello de que tengo 20 minutos y muy pocas ganas de utilizar el cerebro.

domingo, 17 de abril de 2011

Paseos de tarde.


Me gusta el mes de abril. El mes de abril trae lluvias imprevisibles, días de calor sofocante que terminan en tormenta, semanas que parecen no terminar nunca, gente sentada fuera tomando el fresco cuando cae la tarde. Abril trae historias bonitas y árboles que reviven, y cuando veo los almendros con sus flores blancas no me importan ni el polen ni las alergias. Abril tiene cierto candor infantil de color pastel, de tardes idílicas leyendo al lado de una ventana abierta, viendo pasar el mundo.
Las noches de abril son en las que uno quiere pasear agarrado a una cintura, besar de camino a casa y dormirse en compañía. Abril es un mes para relajarse antes de la llegada del inclemente sol del verano. Abril es un nuevo soplo de vida después de los fríos de marzo. Abril es cuando se echa de menos, cuando se ama de más y cuando se quiere mejor.

(Vincent van Gogh: Almendro en flor, 1890. Amsterdam: Museo Nacional van Gogh)

sábado, 16 de abril de 2011

Un día gris.

El cielo está de color ceniza y cae una tormenta tan repentina como estúpida. Llueve sin ganas, como si la propia tormenta supera el sinsentido que supone aparecer un sábado de tarde, cuando la gente empieza a encerrarse para estudiar estos exámenes que hacen aquí, que no son exámenes ni son nada.
Me he metido en la cama otra vez, con la luz apagada, cuatro cojines y una manta, porque hace un airecillo desagradable que tampoco llega a ser frío de verdad. Todo se queda a medias. Igual que dejé a medias la Sonata de Estío, y al Marqués de Bradomín suspirando por los ojos y la sonrisa de la Niña Chole.
Es un fin de semana desganado, donde lo mejor que se puede hacer es dormitar entre lectura y lectura, y sentirse presa de la molicie entre café y café.

martes, 12 de abril de 2011

Volviendo al mundo.

Hace mucho que no escribo y me doy cuenta de que es porque me he desconectado del mundo. Aislado en Virginia, sin saber nada de la política española ni de ningún sitio, sin televisión y sin haber visto ni oído nada de Belén Esteban en casi 8 meses me he quedado sin material.
Tampoco he leído a Reverte, no consulto regularmente la prensa ni escucho la radio. Eso sí, he visto cantidad de películas y he leído un montón, pero de la actualidad no tengo ni idea. De hecho me enteré del terremoto de Japón porque cuando fui al aeropuerto mi vuelo -con escala en Tokio- había sido cancelado.
El blog estaba abandonado y daba pena,  lo sé. Entraba de vez en cuando -muy de vez en cuando- y veía la misma entrada ahí, triste y sola, pidiendo nuevas compañeras. También el diseño me había cansado: demasiados colores, y una lista de blogs de los cuales muchos también habían pasado a mejor vida hacía mucho tiempo.
Así que he vuelto, le he lavado la cara a la criatura, y en breves me pondré a consultar las ediciones digitales de la prensa nacional, que son fuente inagotable de sinsentidos y desdichas.
Preparado para volver en 3, 2, 1...

sábado, 26 de febrero de 2011


He recibido un simpático correo con un artículo de Pérez-Reverte (La carga de los tres reyes) sobre las Navas de Tolosa, con un no menos simpático mensaje adjunto: "NOS VOLVERA A PASAR , YA QUE LOS POLITICOS CON EL ROLLO QUE SE TRAEN DE IGUALDAD DEJAN QUE ESTA GENTE DE FUERA SIGAN APROVECHANDOSE DE QUE AQUI SE CONSIGUIO ORDENAR UN PAIS NO COMO EL SUYO Y AHORA QUIEREN DESORDENAR EL NUESTRO".
El asunto, he de decir, me revolvió las tripas. No por el artículo, pues si lo he entendido bien de lo que se trata es de la conmemoración de un hecho histórico olvidado en aras de lo políticamente correcto -como el centro de flores colocado delante de la figura del Santiago Matamoros de la catedral-; lo grave es que la cosa, como siempre, ha sido sacada de madre y ha servido para justificar unas ideas racistas en contra de "esta gente de fuera".
Me da asquete. Me da asco que estos señores quieran utilizar la Historia como lo hacen, y añadan "Tardamos 8 SIGLOS,  o sea, 800 AÑOS!! en echarles de la península, nuestra tierra!". Me pregunto quién se creen para reclamar ninguna tierra como suya. La invasión musulmana de la Península tuvo lugar en el 711, y fueron finalmente expulsados en 1492; es decir, que estuvieron asentados en el Sur 781 años y consiguieron levantar un califato con la misma independencia que el de Bagdad, con sede en Córdoba.
Desde 1492 hasta hoy han pasado 519 años... echando cuentas está bastante claro que el Sur de España fue musulmán durante más tiempo de lo que ha sido cristiano. Porque lo que me imagino que no saben los que mandan este correo es que la España cristiana -la España de esos "valerosos guerreros cristianos que combatieron y derramaron su sangre"- cuando llegaron los musulmanes en el 711 distaba mucho de ser el país católico y religiosamente unido que se imaginan.
Lean e infórmense. Lean a José Orlandis -historiador y jurista, pero también sacerdote- y su obra La Iglesia en la España visigótica y medieval, o sus Estudios sobre instituciones monásticas medievales para hacerse una idea del panorama. No me digan que se consideran descendientes legítimos de los godos que ocupaban el territorio en el 711, que por cierto, también eran invasores y sólo llevaban 300 años con sus posaderas en Toledo cuando llegaron los musulmanes.
El mail termina con el mensaje "Nosotros hemos olvidado la historia... pero ellos no". Ya que la han olvidado, antes de escribir cretinadas como esta y de enviarlas libremente por la red, cojan un manual de Historia de España actualizado, ya que probablemente no se les va a ocurrir -ni podrán- consultar los documentos históricos y fórmense un juicio crítico.
Y a mí, déjenme en paz que ya bastante tengo con mis cosas como para tragarme las estupideces de algún espectador de Intereconomía que ve con nostalgia ciertos valores preconstitucionales que a mí, sinceramente, me la traen al pairo.