miércoles, 4 de mayo de 2011

En el descuento.

Me queda un día para volver. Aunque lo de volver también tenga fecha de caducidad, y dentro de un mes esté otra vez haciendo maletas y cogiendo aviones para instalarme en el otro lado del mundo. Por supuesto estoy emocionado por los cambios. Además de alguna amiga y algún profesor memorable no me queda demasiado en Richmond, que en este caso está en la mitad de mis dos polos emocionales: familia y amigos, novia y vida futura.
Un día, y tengo que preparar maletas, escribir dos exámenes en italiano, mandar paquetes, tocar el órgano y quedar con algún amigo para tomar algo antes de que el viernes, a las 7,30 de la mañana, deje Richmond. No puedo decir que para siempre, porque nunca se sabe, si bien es cierto que no entra dentro de mis planes a corto ni medio plazo el volver a esta ciudad.
Me da pereza pensar en todas las cosas que todavía me quedan por hacer. Me da una pereza horrible, y sin embargo, al mismo tiempo algo me impulsa a recoger el escritorio, colocar las maletas una y otra vez, cambiar las cosas de sitio para volver a moverlas minutos después.
Ahora mismo, me voy a poner a hacer una maleta. Por aquello de que tengo 20 minutos y muy pocas ganas de utilizar el cerebro.

2 comentarios:

Bárbara dijo...

It was so good and so hard for me to leave Richmond. And now, reading this, I can feel every emotion again.

I can feel right how awful it was to say goodbye, even though I was freaking happy to go back home.

You have a brand new life waiting for you, and I hope I'll still be a part of it.

Love you, I really do.

Pablo dijo...

Ya nos contarás qué planes tienes ;)
Un abrazo