miércoles, 15 de junio de 2011

Primer día.

Hoy empecé las clases de coreano. La experiencia es buena, y la clase muy internacional: 1 español (ole, ole...), 1 estadounidense, 2 tailandesas, 2 japonesas y 1 de Malasia (¿cómo es el gentilicio de Malasia?, ¿malasiana?).
La cosa promete. El viernes tenemos la primera salida de campo: un concierto de música tradicional coreana. Quizás para ir preparando motores, porque en agosto al parecer nos van a dar unas clases para tocar algunos instrumentos coreanos. No nos aburriremos.
La profesora es muy joven y parece simpática. Y lo más importante: tiene paciencia. El coreano tiene 21 vocales. ¡¡¡21!!!, cuando nosotros nos las apañamos con 5. Además, esto lo escribe uno que en lenguaje cotidiano nunca pudo distinguir entre un "o aberto e un o pechado" si el profesor no exageraba la pronunciación como un payaso.
Ya compré los libros e hice mis deberes. Por la tarde trabajé un poco en la tesis (por aquello de nulla dies sine linea) y de una maravillosa cena (preparada por Keumbee) que para mi sorpresa fueron frebas, y de una horrorosa película, puedo ponerme a leer un rato e irme a la cama con la satisfacción del deber cumplido.