lunes, 13 de junio de 2011

Síndrome de Stendhal.

Me acuerdo de mi amiga Sara, golpeada en el alma por un momento de inspiración estética delante del Galo moribundo en los Museos Capitolinos. Fue hace tiempo, pero para mí era un referente de lo que podía ser el síndrome de Stendhal, en el que la belleza lo deja a uno sin respiración y aturdido. Yo, sinceramente, nunca había sufrido semejante momento y nada me había subyugado de tal modo. Hasta hoy.
Hoy visitamos los jardines del palacio de Changdeokgung, lugar en el que los reyes solían pasar sus ratos de esparcimiento escribiendo poemas, dando banquetes, consultando a la nobleza y pasando exámenes a los futuros oficiales y funcionarios.
Tras un recodo del camino, en una especie de pequeño valle, se ve un lago cuadrado con una isla circular artificial en el medio, donde crecen algunos árboles y plantas. Algún loto perdido parece mantenerse a la deriva, ajeno al resto, y a la izquierda se levanta un pabellón con planta de cruz griega y tejados inclinados. Enfrente, ascendiendo otra ladera a través de una escalinata de piedra, se alza un edificio solemne, con su pintura roja y vigas coloridas, signo de que se trata de un lugar utilizado por la familia real. Tiene dos plantas, lo que es extraño en la arquitectura tradicional coreana, y la fachada es una enorme galería que da al lago y al pequeño pabellón. A su lado se alza otro edificio menor, medio oculto entre los árboles.
Son pinos de tronco retorcido, que se mezclan con arbustos y flores en perfecta armonía. Se oyen algunos trinos de pájaros, y todo parece encajar a la perfección. Forma un todo único, una obra de arte en sí misma, que me deja más subyugado cuando mi novia me dice que aquellos edificios son las bibliotecas del palacio.
Y entonces yo, para qué negarlo, me sentí muy pequeñito al lado de semejante dominio de la estética y del enorme legado cultural del que fui consciente en ese momento, y sólo pude desear ser rey coreano y tener esas bibliotecas en ese lugar, para poder retirarme siempre, con pocos pero doctos libros juntos.