domingo, 17 de abril de 2011

Paseos de tarde.


Me gusta el mes de abril. El mes de abril trae lluvias imprevisibles, días de calor sofocante que terminan en tormenta, semanas que parecen no terminar nunca, gente sentada fuera tomando el fresco cuando cae la tarde. Abril trae historias bonitas y árboles que reviven, y cuando veo los almendros con sus flores blancas no me importan ni el polen ni las alergias. Abril tiene cierto candor infantil de color pastel, de tardes idílicas leyendo al lado de una ventana abierta, viendo pasar el mundo.
Las noches de abril son en las que uno quiere pasear agarrado a una cintura, besar de camino a casa y dormirse en compañía. Abril es un mes para relajarse antes de la llegada del inclemente sol del verano. Abril es un nuevo soplo de vida después de los fríos de marzo. Abril es cuando se echa de menos, cuando se ama de más y cuando se quiere mejor.

(Vincent van Gogh: Almendro en flor, 1890. Amsterdam: Museo Nacional van Gogh)

sábado, 16 de abril de 2011

Un día gris.

El cielo está de color ceniza y cae una tormenta tan repentina como estúpida. Llueve sin ganas, como si la propia tormenta supera el sinsentido que supone aparecer un sábado de tarde, cuando la gente empieza a encerrarse para estudiar estos exámenes que hacen aquí, que no son exámenes ni son nada.
Me he metido en la cama otra vez, con la luz apagada, cuatro cojines y una manta, porque hace un airecillo desagradable que tampoco llega a ser frío de verdad. Todo se queda a medias. Igual que dejé a medias la Sonata de Estío, y al Marqués de Bradomín suspirando por los ojos y la sonrisa de la Niña Chole.
Es un fin de semana desganado, donde lo mejor que se puede hacer es dormitar entre lectura y lectura, y sentirse presa de la molicie entre café y café.

martes, 12 de abril de 2011

Volviendo al mundo.

Hace mucho que no escribo y me doy cuenta de que es porque me he desconectado del mundo. Aislado en Virginia, sin saber nada de la política española ni de ningún sitio, sin televisión y sin haber visto ni oído nada de Belén Esteban en casi 8 meses me he quedado sin material.
Tampoco he leído a Reverte, no consulto regularmente la prensa ni escucho la radio. Eso sí, he visto cantidad de películas y he leído un montón, pero de la actualidad no tengo ni idea. De hecho me enteré del terremoto de Japón porque cuando fui al aeropuerto mi vuelo -con escala en Tokio- había sido cancelado.
El blog estaba abandonado y daba pena,  lo sé. Entraba de vez en cuando -muy de vez en cuando- y veía la misma entrada ahí, triste y sola, pidiendo nuevas compañeras. También el diseño me había cansado: demasiados colores, y una lista de blogs de los cuales muchos también habían pasado a mejor vida hacía mucho tiempo.
Así que he vuelto, le he lavado la cara a la criatura, y en breves me pondré a consultar las ediciones digitales de la prensa nacional, que son fuente inagotable de sinsentidos y desdichas.
Preparado para volver en 3, 2, 1...